En las direcciones de mercados y de regulación sanitaria utilizan dos tipos de garrotes para hacer cumplir la ley, uno es el que de manera inmisericorde aplican a los comerciantes que a su juicio han cometido una falta y merece ser multado e incluso llegan a la clausura temporal, el otro sirve como adorno y para hacerse “de la vista gorda” cuando no pueden exigir un aforo menor al que ellos mismos imponen, o que anda por ahí un funcionario de primer nivel al que no se le debe molestar.

A partir de marzo de 2020, en que se inició la pandemia, hicieron su entrada triunfal los llamados “verificadores”, imponiendo su criterio a todo aquel negocio cuyos propietarios o encargados no estuvieran “bien parados” con el gobierno correspondiente, por lo que ha sido más que suficiente que encuentren una anomalía – por insignificante que sea – para proceder a la infracción y con la advertencia que si en una segunda visita consideran que no ha sido subsanada suficientemente se procederá al cierre de actividades, lo que implica que el lugar deje de tener un ingreso pero sí deba pagar una sanción mayor. El año pasado varios de esos sitios bajaron las cortinas definitivamente ya que era materialmente imposible trabajar en esas condiciones, lo que significó la pérdida de un número importante de empleos, pero que ha sido peccata minuta para ambas dependencias.

El director de Mercados, Áreas Comerciales y Estacionamientos, Israel Díaz García, declaró hace unos días que “difícilmente se puede lograr un control de aforos”, por lo que pidió a vendedores y compradores que “extremen las medidas” y en lo posible eviten aglomeraciones, lo que fue imposible de cumplir en las calles Juárez y Allende y el Jardín Manuel Carpio, debido a que el propio Municipio otorgó permisos para que todo el que quisiera vendiera diversos productos de temporada, lo que provocó que en los días previos a la Navidad se registraran aglomeraciones.

En iguales circunstancias actúa regulación sanitaria, que cuando lo cree conveniente es inflexible con los pequeños negocios, los antros, cantinas y cervecerías, pero tienen problemas en la retina si el patrón está presente en partidos de beisbol y futbol profesional o en actividades que se desarrollan en la zona Centro de la ciudad, donde el exceso de personas es algo normal, pero les ha dado ñáñaras proceder a la interrupción.

Ante la imposibilidad de llevar a cabo algún operativo en los lugares de mayor densidad, Israel Díaz apeló que en los tianguis “se mantengan los protocolos sanitarios, porque difícilmente se podrá aplicar un control de aforos a un 70%”, como sucede en establecimientos cerrados. Sostuvo que ojalá se atienda la sugerencia y se evite concentrarse en un punto que ponga en riesgo la salud de los asistentes. Lo que va a ser más difícil de alcanzar es el planteamiento del funcionario, de que cada lugar cuente con agua, jabón y gel antibacterial, porque si no pueden controlar el número de asistentes menos vigilarán que se cumplan las normas sanitarias.

Por su parte regulación sanitaria tiene en sus “guardianes” el grupo de choque que se encarga de traer cortitos a los que no tienen “palancas”, porque tratándose de los agentes del deporte profesional ahí no cabe el uso de la ley y menos cuando el jefe se encuentra entre los aficionados. Hubo un juego al final de la reciente temporada de beisbol en el que era evidente que hubo un aforo rebasado, pero los inspectores sanitarios estimaron que no había tal por lo que no hubo problema para que el juego se llevara a cabo, en cambio, si esto hubiera sucedido en algún centro nocturno o en un bar le estarían colocando los sellos. Es el nivel de justicia que aplican.

COMPROMISO DE SALIVA

El máximo dirigente patronal de Aguascalientes, Juan Manuel Ávila Hernández, se conduele de la situación en que se encuentran los migrantes y dice que les darían trabajo si estuvieran legalmente en el país, pero como no lo están todo se reduce a un simple deseo. Es un juego de palabras que a final de cuentas no resuelve el problema en que se encuentran esas personas.

Como se ha informado ampliamente a través de las páginas de El Heraldo, un número considerable de extranjeros están de paso por esta entidad y lo único que se hace por ellos es llevarlos a un albergue en que puedan descansar, tomar algún alimento y asearse para que sigan su camino hacia Estados Unidos, como es su deseo.

Dentro de estas oleadas que llegan a Aguascalientes hay quienes desean establecerse aquí, sin embargo no hay quien les dé trabajo porque carecen de la documentación que los acredite como refugiados o que estén protegidos por las leyes mexicanas. Son personas que tal vez tengan una profesión, un oficio o simplemente esperan que les den trabajo de lo que sea para allegarse un ingreso, pero se les niega por carecer de papeles.

Si en verdad quisieran ayudar, los miembros de la Confederación Patronal (Coparmex) pueden aportar una cantidad de su propio peculio que permita reunir lo necesario para legalizar su estancia y al mismo tiempo darles los elementos que les permita asentarse. Lo que hacen actualmente es un juego de palabras, en que “si quiero pero no puedo”, por lo que dejan en el aire esa posibilidad y con ello empujan a que esa gente continúe su peregrinar en espera de que en algún sitio se conduelan y les proporcionen lo necesario para formalizar su residencia.

El dirigente de la Coparmex reitera que “la iniciativa privada de Aguascalientes está dispuesta a apoyarlos con empleo, siempre y cuando tengan resuelta su situación legal en el país”, lo que lleva a preguntarse que si carecen de trabajo cómo van a conseguir dinero para sufragar los gastos que implica su legitimación. Es algo similar con lo que sucede en la Dirección municipal de Mercados, cuando los inspectores sorprenden a vendedores de dulces o chocolates que carecen de permiso y les arrebatan la canastita o la caja, luego les dicen, será devuelta cuando paguen la cuota correspondiente, pero cómo lo van a hacer si su pequeño capital se los quitaron, dejándolos inermes.

En la misma condición están los extranjeros que quisieran quedarse a radicar aquí, y lo que les ofrecen son volutas y tacos de saliva, aunque con ello dejan impoluta su conciencia.

MALTRECHOS

El gremio de los taxistas se encuentra nuevamente de luto, al ser asesinado uno de sus miembros, lo que por enésima vez pone sobre la mesa la necesidad de crear un programa que contribuya a evitar que esto continúe. Aunque es difícil ofrecer seguridad en el trabajo que desempeñan, debido a que deben prestar el servicio a quien lo solicite sin que puedan intuir las intenciones que tenga el cliente, las autoridades deben tomar cartas en el asunto y en base a la experiencia que aporten los mismos trabajadores del volante diseñar las acciones a seguir. Por un tiempo se habló del botón de seguridad o de informar a su base en qué lugar se hace ascenso de pasaje y cuál es su destino, asimismo que de forma aleatoria patrulleros de vialidad conozcan si los traslados se hacen sin contratiempo, acciones que podrían ser retomadas, lo mismo que otras que contribuyan a darle seguridad el operador. Es una situación que no se puede reducir a lamentaciones, protestas y exigencias de seguridad, sino que se deben dar pasos adelante y que los ladrones sepan que tanto policías como los mismos taxistas se encuentran en vigilancia permanente. El pasado 21 de noviembre se publicó en la plana principal de El Heraldo que los ruleteros están bajo asedio, esto en base a los datos aportados por el Secretariado del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en que Aguascalientes aparece como uno de los estados con mayor número de asaltos a taxistas convencionales y de plataforma. De enero a septiembre del presente año se han registrado cerca de 100 robos de unidades y en el mes de septiembre fueron 15, además la Fiscalía General del Estado cuenta con 92 carpetas de investigación por robo de vehículos de alquiler en ambas modalidades; en el mismo lapso se presentaron 71 denuncias y hubo un grado de violencia en 42 de los asaltos, sin embargo esta vez llegaron al extremo de asesinar al chofer de la unidad 1715, lo que obliga a radicalizar las acciones.

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