Noé García

Hay una famosa fotografía, posiblemente la foto más conocida de la Revolución Mexicana, donde se muestra el momento en que Emiliano Zapata, Pancho Villa y otros revolucionarios tomaron el Salón Presidencial de la República el 6 de diciembre de 1914. En la fotografía hay una sola mujer, detrás de Pancho Villa y Emiliano Zapata. Ella es Dolores Jiménez y Muro.

Una mujer ilustrada, de ideas liberales y revolucionarias que nació en Aguascalientes, un 7 de junio de 1848. Creció en los años de guerra por la intervención de Estados Unidos y la  pérdida de casi medio territorio.

Sus padres se mudaron a la ciudad de San Luis Potosí en su juventud, en un entorno de intensas diferencias y pasión política para decidir el futuro del país. Por lo que se formó en los círculos liberales de San Luis Potosí, abrazando al juarismo, y la resistencia a la invasión francesa y el Imperio de Maximiliano. Fue parte de la redacción del programa del Partido Liberal Mexicano, donde compartió militancia con Ricardo Flores Magón. Se distingue por sus actos filantrópicos  acercándose a los trabajadores, conoce y denuncia la miseria y la explotación y la desigualdad generada en el régimen de Porfirio Díaz.

Elvira Hernández Carballido en su artículo llamado La mujer que hizo el prólogo del Plan de Ayala la describe:

Ella fue periodista y poeta, maestra y revolucionaria, rebelde por siempre. En 1908 creó el club femenil Hijas de Cuauhtémoc, donde enfrentó la represión de la dictadura. Una de sus primeras acciones fue realizar un mitin en la glorieta de Colón de la Ciudad de México para protestar contra Díaz y su fraude electoral. Fue una de las tantas veces que fue a dar a la cárcel. El gobierno de Díaz la identificó plenamente, así que fue perseguida, amenazada y encarcelada. Enfermó en prisión y estuvo incomunicada. Hizo una huelga de hambre. Al ser liberada regresó a la lucha, nada impidió que siempre volviera a la lucha.

En 1911 firmó el Plan de Tacubaya y reconoció a Francisco I Madero como presidente provisional. Exigió que se restableciera la libertad de imprenta y proclamó como ley suprema la Constitución de 1857 en lo que se refiere al voto libre y no reelección. Durante el lapso de 1913-1914 criticó el gobierno de Victoriano Huerta, por lo que nuevamente fue encarcelada, esta vez por 13 meses.

Lista para seguir en la lucha, se fue al sur de México a unirse al ejército zapatista. Algunas semblanzas indican que Zapata la invitó a ser parte de su ejército. Se dice que tomó las armas y no solamente fue soldadera, sino que la nombraron general brigadier. Lo que destaca de manera muy valiosa su papel en este escenario revolucionario fue que escribió el proemio del Plan de Ayala, el 28 de noviembre de 1911. El contenido del texto fue bien comprendido y recibido con beneplácito.

En una de sus múltiples estancias en la cárcel cuando escribe: “Desde entonces comprendí que la revolución actual [se refiere a la revolución de 1910] no estaba lejos, porque ideas germinaban por todas partes. Poco después vine a México [refiriéndose a la ciudad capital], donde vi que millares de ciudadanos iban a inscribirse en los clubs políticos, de donde debería surgir la revolución, como fue”.

Dolores Jiménez y Muro es una mujer que tiene que retomarse, una aguascalentense ejemplo para las nuevas generaciones, de convicción a sus ideales, que combatió las injusticias y que en la época que le tocó vivir es histórico que pienso que la historia del país y nuestro estado está en deuda con ella. Mañana 7 de junio es aniversario de su nacimiento y espero que se le recuerde con algo más que esta publicación.