Israel Sánchez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Contrario a lo que alguna vez el gremio debatiera en torno a la posibilidad del “psicoanálisis para pobres”, el psicoanalista Helí Rafael Morales está convencido de que el dolor humano no depende de la clase social.
“El psicoanálisis como doctrina y como práctica no tiene que ver con ninguna clase social; tiene que ver con el dolor humano. Y el dolor humano no reconoce clases sociales.
“Llora el rico, llora el pobre, llora el que tiene mucho, sufre el que tiene poco. Evidentemente, los sufrimientos en el campo económico son diferentes, pero lo que tiene que ver con el dolor de existir atraviesa a todas las clases sociales”, remarca en entrevista el psicólogo y maestro en teoría psicoanalítica nacido en Guadalajara en 1960.
Consciente de todo esto, el también doctor en filosofía y ciencias sociales ha dedicado su carrera a acercar el psicoanálisis a sectores desfavorecidos que difícilmente podrían tener acceso a una práctica que durante largo tiempo ha sido considerada elitista y con un talante burgués.
La vía de acceso ha sido a través de la creación de instancias como la Fundación Social del Psicoanálisis de la Ciudad de México, y movimientos como la Red Analítica Lacaniana o la Escuela de Letra Psicoanalítica, con colegas y centros que se desempeñan en varias regiones del País, como Morelia, Puebla, Tlaxcala, Cuernavaca y Xalapa.
“Sentíamos que era muy importante que esta práctica pudiera llegar a gente que a lo mejor ni siquiera sabía que existía”, reitera el psicoanalista.
“Por eso hicimos Clínicas de Escucha Psicoanalítica en diversas ciudades, como Oaxaca, donde se abrió la primera hace cuatro años, para gente que de otra manera no podría acceder a estas prácticas”.
Ahí, relata Morales, el primer paciente que atendieron fue un niño al que en su localidad apodaban “el loco”, que no hablaba y se la pasaba corriendo, con una situación clínica enmarcada en el campo de la psicosis.
Todo lo cual pudo comenzar a cambiar gracias a la atención obtenida desde el psicoanálisis.
“El hecho de que este niño, que era el loquito del pueblo que corría por las calles, pudiera tener un espacio de recepción a su dolor y a su singularidad permitió que incluso el pueblo cambiara. Ahora él ya habla y ya le llaman por su nombre”, celebra Morales, cuyo trabajo fue reconocido con el Premio Sigourney 2020.
Galardón que entrega la organización The Sigourney Trust, fundada por la psicoterapeuta y activista Mary Sigourney en 1989, en recompensa a una labor sobresaliente en la promoción del psicoanálisis y el pensamiento psicoanalítico tanto en lo teórico como en lo clínico, pero sobre todo desde la dimensión social.
“En general, el psicoanalista se había convertido en una especie de médico sofisticado; y nosotros lo que buscamos es abrirnos a una nueva generación de psicoanalistas que puedan saber que tenemos un vínculo con la ciudad, con los ciudadanos”, subraya Morales.
“Claro, quien tiene que trabajar para poder comer o pagar una renta, difícilmente está pensando en que va a ir a ver a un especialista para atender sus tristezas. Pero la tristeza humana tiene que ver lo mismo con el hambre o con la opulencia”.
La Fundación Social del Psicoanálisis de la Ciudad de México, detalla su creador, se lanzó hace cinco años, y desde entonces ha brindado atención a grupos de mujeres violentadas, portadores de VIH, personas transicionando de un género a otro y familiares de desaparecidos.
“Con ellos trabajamos, por ejemplo, la cuestión del duelo: ¿Qué significa que a una persona le desaparezcan un hijo, y nunca sepa si está vivo o muerto? O lo otro: que aparezcan cuerpos en fosas clandestinas, de los cuáles no se sepa el nombre.
“Las tumbas están hechas para que podamos hacer un duelo, llorar a nuestros difuntos, ponerles flores. Pero, ¿y si no hay?, ¿cómo se elabora?”, cuestiona Morales. “Y, por ejemplo, muchos activistas se niegan a aceptar la palabra duelo porque implicaría que (la persona) ya murió, y hay quien insiste que si vivas se las llevaron, vivas las quieren de regreso”.
A decir del psicoanalista, hace tiempo que las cosas empezaron a cambiar y el prejuicio de que “sólo los locos van a terapia” quedó superado. Y, en realidad, quien decide acudir con un especialista lo hace porque, de algún modo, “se está muriendo”.
“Se puede estar muriendo de tristeza, de aburrimiento, de dolor, de amor”, aclara Morales.
“La clínica del sujeto tiene mucho más que ver con la vivencia en vida de la muerte: cuando se muere un amor, cuando se muere la esperanza, cuando se muere el sueño”.
Sobre todo, lo que puede lograr el psicoanálisis, una práctica abocada al origen de los pesares mucho más que a los síntomas, es que el pasado de las personas no se vuelva su futuro.
“Es decir, que yo no repita los dolores, las broncas, las cegueras, las heridas que me han marcado; que todo eso no marque mi futuro.
“Entonces no tiene que ver con que uno esté loco, con que uno esté mal psíquicamente; tiene que ver fundamentalmente con la apuesta que uno puede hacer por querer cambiar. Y hay que ser valiente para entrar a una terapia. No es fácil”, destaca el psicoanalista, quien este 2021 planea abrir nuevos espacios de atención en otras ciudades del País.

Psicoanálisis, alivio en la pandemia
Durante la actual contingencia sanitaria, la venta de medicamentos antidepresivos ha registrado un aumento del 35 por ciento, trae a cuenta el psicoanalista Helí Morales.
“Es decir, que este confinamiento ha generado modos de sufrimiento humano que no es nada más por el Covid-19, que es terrible, sino también por aquello que tiene que ver con la dimensión de la existencia”, apunta.
En este contexto, donde el encierro ha exacerbado, por ejemplo, la violencia doméstica hacia las mujeres o hacia los niños, es cuando el psicoanálisis resulta una herramienta más necesaria que nunca, asegura Morales.
“Sería muy importante que la práctica psicoanalítica pudiera intervenir en lo que implican estas crisis del vínculo amoroso y social. Porque justamente lo que el psicoanálisis muestra es que el dolor humano tiene que ver con el amor, con el desamor: al padre, a la pareja, al propio cuerpo, a la vida.
“Y justo esta dimensión del lazo social y amoroso se encuentra ahorita bajo profundas tensiones que hacen que lo que antes habría sido latente -no es que a lo mejor no existiera- se traduzca en acto”, opina el psicoanalista, creador de la Fundación Social del Psicoanálisis de la Ciudad de México.
Si bien la propia pandemia dificulta la práctica al ser imposible un encuentro con los pacientes, Morales refiere que los especialistas en este campo están discutiendo sobre la viabilidad de las “telesesiones” a través de enlaces remotos desde la computadora o el celular.
Lo cual no deja de ser un reto para Morales y el sector de los menos favorecidos al que ha decidido apoyar con el psicoanálisis, los cuales no sólo no llegan a contar con alguno de estos dispositivos, sino que en ocasiones ni siquiera tienen luz.
Sin embargo, el psicólogo y psicoanalista enfatiza la importancia de buscar ayuda profesional, en lugar de adoptar el papel de lo que denomina “yócratas” -“yo puedo, yo solo, yo lo hago, yo no necesito a nadie”-.
“Todos nos constituimos a partir de la otredad: nacimos en una familia con una madre, con un padre, con una lengua, con una cultura. Y está ahí, en la relación con el otro, lo que hace el malestar humano.
“Si fuéramos entes aislados, con buena voluntad y un buen café a lo mejor uno lo lograría. Pero los dolores humanos tienen que ver con el vínculo con el otro”, concluye el experto.