Israel Sánchez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Doblegarse de dolor cada mes a causa de los cólicos menstruales, lejos de ser algo normal, podría constituir una señal de alerta.
Los propios especialistas médicos ven en este intenso malestar, en ocasiones hasta incapacitante, uno de los síntomas para sospechar que en realidad pueda tratarse de endometriosis, enfermedad tan común y recurrente que se estima que una de cada 10 mujeres en el mundo la padece.
«La menstruación no tiene que ser dolorosa, ése es un concepto muy claro. Las mujeres se acostumbran al dolor, y también eso hace un gran problema», apunta el médico Álvaro Peña Jiménez, especialista en Ginecología y Obstetricia del Centro Médico ABC, quien insiste en que «no tiene que doler la regla».
«Si en la regla tiene incomodidades, hay que acudir con su especialista para que puedan estudiar correctamente el dolor», sugiere el médico.
«Lo más importante es platicarle al doctor cómo son las características del dolor: si son cólicos, si son al evacuar, si son al tener intimidad, si son al inicio o final de la regla. Todos esos datos son muy importantes y pueden ayudarnos a tener una buena sospecha clínica».
La endometriosis, explica el ginecólogo Ramiro Cabrera Carranco, es una afección en la que tejido similar al que recubre el interior del útero -el endometrio que cada ciclo menstrual se engrosa y desprende- crece fuera de éste.
«Este tejido similar al endometrio lo que crea es un tejido que le decimos fibrocatricial, que en términos no médicos es como una costra. Dependiendo de la locación y tamaño donde nazca o donde esté creciendo, esta costra va provocando síntomas inflamatorios», expone Cabrera Carranco, CEO de Instituto Doyenne, centro dedicado a la salud de la mujer.
El gran riesgo de esta enfermedad inflamatoria sistémica es la disfunción que puede provocar en los órganos afectados, que no sólo son los de la zona pélvica, como ovarios y trompas de Falopio -por lo que las pacientes suelen tener problemas de fertilidad-, sino que en raras ocasiones también puede extenderse más allá.
«Se llama enfermedad extrapélvica cuando afecta el diafragma, el hígado; hemos tenido pacientes donde se afecta el pulmón, corazón, cerebro, fosas nasales», detalla Cabrera Carranco. «Puede haber endometriosis en cualquier órgano».
La forma de prevenir algo así es a partir del diagnóstico y tratamiento oportunos, para lo cual es necesario dejar de normalizar el dolor crónico que se presente mes con mes.
Para casos no severos, además del uso de analgésicos y antiespasmódicos, el tratamiento puede ser de carácter hormonal.
«Como sabemos que es un tejido que depende del útero, tenemos que implementar derivados de progesterona para tratar de que no crezca ni el tejido interno, por supuesto, y en este caso lo que nos interesa es que tampoco el externo», dice Peña Jiménez.
«Entonces, las progesteronas continuas es uno de los tratamientos más importantes que hay ahorita al alcance de cualquier mujer en cualquier institución pública o privada, y que pudiera darnos una paliación o un control de muchos de esos síntomas».
En pacientes con un caso severo o renuentes al tratamiento médico, la siguiente opción es quirúrgica, con una intervención que se ha sofisticado lo suficiente como para remover el tejido enfermo en lugar de sólo quemarlo.
«Mi padre y abuelo hacían ese tipo de cirugías, y al no quitar la enfermedad, teníamos un problema gigante: la enfermedad se perpetuaba; y, además, quemar daña más el tejido. Eso es muy malo porque la paciente quedaba además con doble daño», relata Cabrera Carranco, uno de los pocos médicos certificados en cirugía de excisión de endometriosis que hay en el País.
«Hoy sabemos que lo que tenemos que hacer es quitar la enfermedad, no importa el órgano afectado», refrenda. «Si quitas la enfermedad, y la quitas bien, no importa el órgano, la tasa de recurrencia es menor del 1 al 5 por ciento. Si la quemas, las tasas de recurrencia se elevan hasta el 95 por ciento, o sea, siempre regresa porque nunca se fue».
De ahí que Cabrera Carranco advierta la necesidad de hacer un mapeo de endometriosis, realizado con ultrasonido o resonancia magnética, a las pacientes que usualmente son sometidas a procedimientos quirúrgicos para extirparles un quiste en el ovario, o endometrioma, producto de esta enfermedad.
«Si entran sin diagnóstico de enfermedad profunda, o sea, si (los médicos) no saben dónde está la patología, pues entran subdiagnosticadas a la cirugía, y por ende esa cirugía va a ser incompleta», sostiene.
Por suerte, en la gran mayoría de las pacientes puede controlarse la afección a través de medidas como una dieta antiinflamatoria, fisioterapia pélvica y medicina del dolor.
Y aunque el diagnóstico suele darse entre la segunda y tercera década de la vida, precisamente a partir de los problemas de fertilidad con que llegan las pacientes a la clínica, lo cierto es que la endometriosis puede presentarse a lo largo de toda su edad fértil; «esto significa desde su primer regla (menarca) hasta la última, en todo este trayecto puede estar presente la endometriosis», subraya Peña Jiménez.