Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

Los metafóricos y literales fantasmas del pasado.

Ya son 39 los años que podemos marcar en nuestro calendario cinéfilo señalado el tiempo transcurrido desde que el genio Stanley Kubrick maravillara y perturbara a la audiencia con esa pieza rebosante de riqueza conceptual que es “El Resplandor”, la adaptación a un texto de Stephen King que dicho autor aborrece por deslindarse en varios aspectos de la fuente literaria para atender las urgencias creativas y autorales del consagrado cineasta. La historia en su versión fílmica se cuenta con tal redondez y concreción que una secuela no solo se percibe innecesaria, sino casi un anatema, pero en el 2013 King se salió con la suya y publicó “Doctor Sueño”, la descendiente directa a su esfuerzo literario que no evoca en lo más mínimo a su versión en celuloide. Por supuesto, ahora que el icónico escritor de horror ha vuelto a ser una gallina de los huevos de oro para los estudios (baste ver el recaudo financiero de los dos capítulos de “Eso” y la puesta al día de “Cementerio Maldito” para constatarlo) una iteración fílmica era más que posible y es así que tenemos en cartelera su adaptación de la mano de Mike Flanagan (creador de la macabra serie para Netflix “TheHaunting of Hill House”) estelarizada por Ewan McGregor en el papel del ya crecido Danny Torrance, aquel chiquillo que se viera envuelto durante la primera historia en una vorágine de horror sobrenatural y muy real en el gélido Hotel Overlook y podemos constatar que la cinta toma la vía más clara e inteligente: tomar a la obra de Kubrick como andamio para construir una historia que no se afianza desmedidamente de “El Resplandor”, sino que propulsa los elementos necesarios para crear una historia relativamente autónoma que, afortunadamente, se nos cuenta con bastante gravitas y, por qué no decirlo, con mucho tino en cuanto a su afán por entretener.
El director Flanagan deja claro que no busca emular o eclipsar el trabajo de Kubrick (algo improbable de cualquier manera) desde la primera secuencia, mostrando de entrada a los antagonistas de la historia, una secta llamada El Nudo Verdadero integrada por hombres y mujeres que prolongan su vida desde hace décadas consumiendo las habilidades telepáticas -o “resplandor”, como le han bautizado a tal don en este universo- martirizando y asesinando a los niños que lo poseen, liderados por una enigmática y sagaz mujer llamada Rose el Sombrero (Rebecca Ferguson). Por su parte, el ahora maduro Danny Torrance (McGregor) lidia con los eventos sufridos en el pasado a la vez que procura mantenerse sobrio después de haber heredado el gusto por el alcohol de su padre, reinventando su vida en una pequeña comunidad donde acude a las reuniones semanales de AA y trabajando en una atracción infantil. Pero su talento para resplandecer no lo ha abandonado y emplea su habilidad telepática para aliviar el sufrimiento de los pacientes paliativos en el hospital local, permitiendo que tengan una muerte pacífica, lo que le ha ganado el mote de “Doctor Sueño”. Mas su pacífica vida se verá trastornada cuando una jovencita afroamericana llamada Abra (Kyliegh Curran) hace contacto con él gracias a sus propios talentos mentales con el fin de solicitar ayuda, pues Rose la ha señalado como su futura víctima para consumirla. De esta forma, unirán fuerzas para combatir al Nudo Verdadero a través de una serie de eventos que los conducirá al mismísimo Hotel Overlook para una batalla final tanto entre ellos como con Danny y su pasado.
Debo reconocer que, cuando se anunció el proyecto, me invadió la incredulidad, pues me parecía complicado reconciliar los universos cinematográficos y literarios que se han definido tan marcadamente con el paso de los años en cuanto a esta historia tan conocida, pero Mike Flanagan realiza un trabajo medido e inteligente al momento de hilar su narrativa, la cual es parte historia de superhéroes debido al manejo de su maniquea trama utilizando súper poderes, parte “Telépatas, Mentes Destructoras” (1980) de David Cronenberg y parte Stephen King en su nivel más reconocible, creando un tramado ágil y muy eficaz, empleando la iconografía plástica y visual de la cinta de Kubrick como elementos evocadores sin que entorpezcan el desarrollo de la historia a la vez que no se banaliza lo ya planteado en el clásico de 1980. El atinado guion logra incluso vertebrar su trama en oportunas metáforas sobre la depredación del adulto hacia la nueva generación, a la vez que hace patente la exigente revisión del pasado para sobrevivir el presente, lo que le dota de cierta lectura simbólica sin forzar el recurso. Todo embona correctamente gracias al empeñoso ritmo que le provee Flanagan a la producción apoyado por personajes genuinamente interesantes soportados muy bien por McGregor, Curran y Ferguson. “Doctor Sueño” es una película que agradará a los fans de King y tal vez de Kubrick por siempre y para siempre…

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