Jesús Eduardo Martín Jáuregui

(Mas salados que un bacalao.- Si vendiera billetes para la rifa del avión presidencial no habría vendido uno sólo; si jugara a los pronósticos deportivos ni a las derrotas del Cruz Azul le hubiera atinado; si hiciera pronósticos del tiempo ni en minifalda le hubiera atinado a la lluvia el día de San Juan; lamentablemente hace predicciones sobre la pandemia y ninguna ha sido medianamente cercana a la realidad.)

La marcha de protesta convocada por una agrupación bajo la sigla FRENA que indica la pretensión de que el presidente de la república renuncie a su cargo, tuvo un resultado, me parece, inesperado. No obstante que la prensa pro-oficial y los neo intelectuales orgánicos, la han calificado como un fracaso, cuando no una provocación y en el peor de los casos una incitación a la rebelión, indudablemente debe ser motivo de preocupación grande para AMLO que reinició sus giras de pre campaña para las elecciones de 2001. La mejor prueba del éxito de la marcha es la respuesta que los medios y propagandistas proclives al presidente le han dado. Si en realidad no hubiera despertado preocupación la hubieran dejado transcurrir sin menciones.

Los argumentos de ataque, lamentablemente se orientan a la descalificación ad  hominem y con ello a ahondar una brecha que era conocida, pero que no se percibía como marca que separaba dos frentes de un campo de batalla. De alguna manera el discurso de la Revolución Mexicana y la movilidad social que de hecho propició, alimentaba la esperanza de que caminábamos hacia un progreso que era como un “destino manifiesto”. Tenemos que aprender a “administrar la abundancia” llegó a decir José López Portillo en un discurso hiperbólico como él mismo. El paraíso de la globalización funcionó como la zanahoria para el burro, nos convencieron de que llegaríamos a una tierra prometida luego de nuestro peregrinar por el desierto. Ni Edén ni Arcadia, ni tierra prometida.

El campo era propicio para una persona como López Obrador con una personalidad atractiva, entre simpática y admirable, bondadosa y sencilla, veraz y honrado. En un maravilloso libro llamado “Los Héroes” de Thomas Carlyle, se analizan los diferentes tipos de héroes, los militares, los sabios, los líderes, los mesiánicos, etc., y ejemplifica con personajes históricos, todos tienen cualidades y atributos con los que logran ser seguidos por sus partidarios, pero sólo los mesiánicos consiguen una entrega total, una sumisión absoluta, una fe completa, al extremo de que sus seguidores sean capaces de cualquier sacrificio o de cualquier acción en apoyo o defensa de su héroe.

(Ruleta aguascalentense.- Nada cuesta creer que nostálgicos por la Feria que no tuvimos, y acostumbrados desde siempre a la presencia de los juegos de azar en esta temporada, los aguascalentenses encontramos un buen sustituto. Sólo que es tan peligroso como una ruleta rusa, aunque las probabilidades de encontrarse con el proyectil son mucho menores, a cambio su letalidad no acaba sólo con el ruletero, se extiende. No seguir las indicaciones de profilaxis para el COVID es jugársela.)

La opción preferencial por los pobres no es original de AMLO, en realidad nada parece ser original, ni los estribillos, ni el nombre de su movimiento, ni los epítetos, ni las medidas que ha tomado, y sin embargo logró que impactara fuertemente en el ánimo de los votantes, el numero de votos alcanzado le dio el triunfo pero no la legitimación. Atrapado en su propia red de promesas incumplibles y rebasado por una realidad que no previó, quizás porque su recorrido por el país sirvió para darse a conocer pero no para conocer él las realidades complejas de nuestra patria, los números, los datos implacables ante sus viejas e inútiles recetas, revivieron sus atavismos de juventud, sus frustraciones y sus fracasos y apareció la deuda impagable que sus asesores quieren que cobre.

La salida fácil y pronta a su fracaso ha sido la de buscar culpables a los que señala siempre de manera genérica, excepto dos o tres deudas personales que se ha cobrado bajo el amparo de un elástico apotegma juarista: “Al margen de la ley nada, por encima de la ley, nadie”. Y los culpables son los conservadores, los fifís, los que pierden prebendas y distinciones. Todavía antes de empezar su gira preelectoral manifestó que seguramente los conservadores asistirían a sus actos y “ya saben lo que pasará”, lo que me hizo recordar aquellas palabras de Enrique Peña Nieto, ante el silencio de la concurrencia luego de su presentación en un acto público: “Ya se que ustedes no aplauden”.

La apuesta del Presidente es muy arriesgada. La división del país no la creó él, eso es claro, el enfrentamiento, sí. Fomentar el encono y revivir las estrategias de la “lucha de clases” cien años después, puede tener resultados tan desastrosos como los que históricamente ha conocido la humanidad. Sus cálculos, como los de la pandemia, pasan, como ha pasado con los resultados de su gobierno, por la habilidad de manejar un discurso político en que se ubica en el lado de las víctimas, en el que señala culpables genéricos, y alimenta la esperanza, que, hasta ahora le ha funcionado, pero el Presidente haría bien en recordar que los explotados no han sido históricamente clase revolucionaria, que la perspectiva de un enfrentamiento violento no sería una aspiración para el pueblo mexicano, que la vecindad tiene ventajas y desventajas. Aunque esperar de él una actitud conciliatoria es tiempo perdido.

La oposición, todavía bastante desorganizada, ya probó el fuerte descontento que existe contra AMLO, pero si su mira está en la renuncia no harán blanco. La diana debe ser las elecciones del próximo año.

(Una muerte que costará la presidencia.- Ya se sabe que no es mejor oficio el de profeta que el de historiador, (quizás sólo el de epidemiólogo político sea peor, porque hay que dar gusto al jefe sin desanimar al personal), pero el reprobable homicidio de George Floyd, no menos reprobable que otros miles que han acontecido allá y acá, tendrá ahora, por el pésimo manejo del amigo de nuestro presidente, un alto costo para él. Apuesto que perderá la reelección y ojalá… otras barbas se pongan a remojar.)

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