Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

La Ley General del Servicio Profesional Docente, en su Artículo 13, fracción I, establece que uno de los propósitos principales de ésta es: “Mejorar, en un marco de inclusión y diversidad, la calidad de la educación y el cumplimiento de sus fines para el desarrollo integral de los educandos”; para tal efecto, en la fracción VII del mismo artículo, se prevé que es necesario “Garantizar la formación, capacitación y actualización continua del Personal del Servicio Profesional Docente a través de políticas, programas y acciones específicas”.

En los hechos, estas disposiciones se ignoran, o se distorsionan, como en el caso siguiente: a nombre de la Reforma Educativa en muchas secundarias desaparecieron talleres de gran utilidad como: industria del vestido, carpintería, forja y soldadura, electricidad, entre otros de la misma línea. Ante esto las maestras y los maestros de estos talleres fueron reasignados arbitrariamente, sin tener la formación idónea, en computación, informática y en otros medios de alta tecnología, e incluso en algunas asignaturas académicas que requieren preparación especializada. En su oportunidad, estos maestros fueron contratados por dominar los oficios mencionados, aun cuando su nivel académico era de primaria o de secundaria, pues, en aquel entonces, el requisito prioritario era precisamente el dominio de los oficios ya referidos. Hoy, como queda asentado, en cumplimiento de la Reforma (?) se les quita de lo que conocen y saben hacer, para reubicarlos en asignaturas que desconocen como: informática, computación, lectura de comprensión, cultura de la legalidad, cuidado del medio ambiente, tutoría, matemáticas, química, o la materia que esté acéfala en las escuelas. Es decir, por obra y gracia de la Reforma Educativa estos maestros, de un día para otro, se convirtieron en “todólogos”.

De nada sirvió que las maestras y los maestros desplazados aclararan que ellos no tenían preparación, ni experiencia, para hacerse cargo de las nuevas materias que les reasignaban. La postura visceral y tajante siempre fue: “O aceptas la materia que se te ofrece, o renuncias”. Los que tenían la imperiosa necesidad de trabajar para mantener a sus familias, que fueron los más, tuvieron que someterse a las condiciones impuestas; unos cuantos tuvieron manera de acomodarse en algo afín a su preparación y otros pocos, por honestidad, mejor optaron por jubilarse. ¿Así es como a nombre de la Reforma se va a elevar la calidad de la educación? ¿En dónde quedó aquella disposición de ubicar a cada maestro de acuerdo con su perfil, es decir, de acuerdo con su preparación? Esto es lo que pasa en actividades tecnológicas, pero en las áreas académicas también están sucediendo cosas inconcebibles: a los mejores maestros de español y matemáticas los quitan frente a grupo para comisionarlos en talleres que, a estas fechas, nadie sabe qué se va a hacer en ellos, pero ya no están dando clases y tampoco han nombrado a los que van a sustituirlos, por lo que hay una gran cantidad de grupos sin atención a estas alturas del ciclo escolar.

Para evitar estos desatinos, y en observancia de las fracciones citadas del Artículo 13, de la Ley General del Servicio Profesional Docente, bien pudieron organizarse y desarrollarse, con suficiente tiempo, cursos de capacitación y/o actualización para la conversión de los maestros de actividades tecnológicas (desplazados) en las asignaturas que requerían sus servicios y, de esta forma, prepararlos con conocimientos sólidos en técnicas y destrezas idóneas que garantizaran un buen desempeño en las nuevas asignaturas. Y lo mismo se pudo o se puede hacer con los técnicos docentes que se necesitan para atender los nuevos talleres, una vez definidas sus funciones. Desde luego, para organizar estos cursos se requiere voluntad política, visión educativa, responsabilidad probada, sentido común, recursos financieros y un gran respeto y cariño a los niños y adolescentes. De no ser así, se dará tumbo tras tumbo a pesar de la claridad de las leyes que sustenta la Reforma Educativa.

Sin políticas bien definidas, sin programas bien estructurados y sin acciones específicas para capacitar y actualizar a los docentes, a los directores y a los supervisores, difícilmente se puede esperar la calidad de la educación que manda la Reforma y, también, difícilmente pueden esperar los maestros cursos de preparación para presentar con éxito las evaluaciones sobre el desempeño docente, directivo y de supervisión; las cuales se llevarán a cabo a partir de 2015. De tal suerte que si en los próximos días no hay indicios claros de apoyos académicos, previstos en la Ley de referencia, más vale que las maestras y los maestros, de manera individual, en círculos de estudio, en consejos técnicos escolares, en redes o en los espacios que consideren pertinentes, empiecen por prepararse con miras de estar en condiciones de presentar con éxito las evaluaciones de desempeño en sus respectivos ámbitos de competencia. Para tales efectos, es necesario consultar las páginas electrónicas del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). En estas páginas, se encontrarán las definiciones de los perfiles, los parámetros y los indicadores que serán materia para las evaluaciones.

Está demostrado que las leyes (de la Reforma), supuestamente destinadas para apoyos académicos a los docentes, no necesariamente se legislaron para cumplimentarse, por lo que los maestros tienen que reaccionar por sí mismos con el fin de mejorar su formación académica y, de esta forma, no ir a la guerra sin fusil.