Iris Velázquez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-En los límites del poblado de San Miguel Xaltocan y el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), militares y pobladores se enfrentaron ayer a golpes por terrenos.
En esta localidad del municipio de Nextlapan, Estado de México, habitantes montaron hace más de un mes un campamento para cuidar sus tierras, pero alrededor de las 11:00 horas de ayer fueron desalojados por soldados con equipo antimotín.
Al notar el ingreso de camionetas de la Policía Militar, en motonetas los habitantes se movilizaron a tocar casa por casa a los vecinos.
«¡Llegaron los militares, van por los terrenos!», gritaba una mujer por las calles.
Unos cien vecinos acudieron a ayudar a los cerca de 25 habitantes que se encontraban en el campamento. La fuerza enviada fue de al menos 250 militares.
Cristina Rodríguez fue una de las que vigilaba el predio. Contó que los militares los encontraron con la guardia baja, y al notar su presencia, las piedras volaron por el aire de ambos bandos.
«Nos apedrearon, nos sacaron, se metieron a las escuelas, se subieron arriba (techos). Me golpearon, me pegaron, me tenían secuestrada allá», dijo señalando el domo de la secundaria del pueblo.
La mujer aseveró que ella y nueve personas fueron encerradas, y retenidas para pedir a los pobladores calma.
«Como en dictadura, nos quitaron nuestros teléfonos, nos los robaron. Grabamos todo lo que nos hacían».
«Me agarraron de acá atrás (mostró el gorro de su sudadera) y me arrastraron», dijo al tiempo que mostró rasguños en su cuerpo.
En el altercado también estuvo Luis González Sánchez, de 57 años. Con la camisa toda ensangrentada seguía pidiendo a los militares que se retiraran, que «ese no fue el acuerdo».
Relata que son terrenos que compraron entre todos los pobladores.
«¡Son terrenos del pueblo, traidores del pueblo!», refería a los soldados que permanecían en fila con los escudos plantados en la tierra, protegiendo la zona en la que maquinaria entró a laborar.
Los inconformes señalaron que aunque se les notificó que por debajo de los terrenos pasaría tubería para desahogar los desechos del AIFA, ellos exigieron el proyecto ante dudas.
«¿Quién nos asegura que el pueblo no será conocido por su olor a popó? Son terrenos que se inundan ¿vamos a vivir entre aguas negras?», cuestionó Nayelli.
«Esto fue una persecución, nos siguieron hasta las escuelas, nos golpeaban, nos vigilaban desde arriba con armas, rompieron los vidrios nuevos de nuestra escuela. Esos no fueron a los acuerdos a los que llegamos desde 2019, están tirando nuestras escuelas para pasar drenaje, esos no fueron los acuerdos, se quieren extender más ya no tienen llenadera», añadió.
Sobre la calle Pablo Nazareo, donde se ubicará una primaria, una secundaria y un kinder, como obras prometidas por el Gobierno, se observaban vidrios piedras y palos.
En el puente que da acceso a la localidad se extendieron llantas que quemaron para evitar la circulación como medida de presión para que sean atendidos por autoridades federales.
Los accesos del Ayuntamiento también fueron tomados por los habitantes de esta localidad, como una medida de protesta.
Por la tarde, pobladores en un grupo de 70 personas volvieron a los terrenos, lograron replegar a los militares, pero instaron cercos metálicos y las obras para el drenaje continuaron. Los empujones, jaloneos, gritos e insultos se lanzaron de pobladores a militares.
También bloquearon por 30 minutos la Carretera México-Pachuca, a la altura de la caseta Ojo de Agua. Las obras continuaron.

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