Para nadie es secreto la importancia de la economía de Estados Unidos para nuestro país. El andar de nuestro principal socio comercial, tiene implicaciones directas y profundas, para bien o para mal, en la economía nacional.

En las últimas semanas, hemos sido testigos de un constante debate entre los legisladores demócratas y republicanos sobre las necesidades financieras del gobierno del presidente Biden. La posibilidad de caer en un default por no incrementar su techo de endeudamiento, pudiera generar condiciones catastróficas para la economía más poderosa del mundo. Indaguemos un poco al respecto.

El techo de deuda en Estados Unidos, es una legislación que entró en funcionamiento hace poco más de un siglo. Esta normatividad otorga al gobierno en turno, la posibilidad de solicitar financiamiento o emisiones de bonos sin la autorización del Congreso, siempre y cuando este monto no rebase el límite establecido.

Esta ley ha sido ratificada en cuantiosas ocasiones. Se estima que el techo se ha incremento en casi 80 veces, con la finalidad de que el gobierno pueda continuar con sus diversas actividades. El último aumento se estableció en 2019 y fue de 22 billones de dólares. Actualmente, la deuda de Estados Unidos supera los 28 billones de dólares.

A diferencia de otras ocasiones, aunque nada muy lejano del ajedrez político, se tiene un “estancamiento” en las negociaciones, derivado a una falta de acuerdo entre los dos partidos. Los republicanos argumentan que los demócratas, que controlan tanto las cámaras del Congreso como la Casa Blanca, deberían encontrar el tema por su cuenta sin votos republicanos, mientras que los demócratas insisten en que el tema es una responsabilidad bipartidista compartida. Pareciera que se buscan eludir responsabilidades futuras.

Ante esto, el límite de la deuda debe aumentarse o suspenderse pronto, pues la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, advirtió a los legisladores que el gobierno federal posiblemente se quedará sin flujo para el 18 de octubre. La realidad es que la fecha es incierta, lo que hace que sea más difícil saber exactamente cuándo el Congreso tendría que actuar para evitar un posible desastre financiero, y aumenta las probabilidades de que los legisladores puedan liberar accidentalmente un incumplimiento al no actuar pronto.

El problema, si no existe un acuerdo, representaría que los republicanos no les dan los votos a los demócratas y éstos tengan la necesidad de actuar solos para elevar el techo de la deuda a través de la denominada reconciliación, lo que causaría una mayor espera, siendo difícil de predecir exactamente cuánto tiempo tomaría, lo que pudiera generar mayor incertidumbre en los mercados financieros.

La realidad es que creo que ambas partes están tratando de jugar con sus cartas para obtener, según sus propios intereses, las mejores condiciones posibles. Ellos conocen la importancia de una economía como la de Estados Unidos, así como las implicaciones de caer en una situación de impago. No debe de tardar en darse el anuncio de un arreglo.

 

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De igual forma, para nadie es un secreto las precarias ideas que nuestro jefe de Estado pretende ejecutar a lo largo de lo que resta de su administración. En esta ocasión, la reforma eléctrica representa la novedad. En días anteriores, fue enviada la reforma eléctrica al Congreso, para fines de discusión y en su caso, aprobación. Esperemos no sea así. A grandes rasgos, continúa destacando la idea de continuar fortaleciendo a las instituciones gubernamentales en el papel de la economía nacional. Cuesta creer que no exista un solo funcionario público que pueda hacerle mención al presidente que vamos totalmente en la ruta inadecuada que nuestros homólogos en todo el mundo. El daño será catastrófico.

 @GmrMunoz

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