Ojos y tendones los que más reclaman

Es urgente abordar los efectos negativos que el uso excesivo de dispositivos electrónicos tiene en la salud física y mental de las personas, además de su bienestar social y emocional, sostuvo Guillermo Llamas Esperón, presidente del Colegio de Médicos Cirujanos.
El especialista destacó los preocupantes efectos que el uso desmedido de dispositivos como teléfonos celulares, tabletas, televisores y computadoras está teniendo en aproximadamente el 80% de la población en nuestro país, un fenómeno cuyo crecimiento ha sido exponencial.
Entre los problemas más significativos se encuentra el impacto en la salud postural de los usuarios, quienes frecuentemente sufren de dolor de cuello y cefaleas debido a la tendinitis cervical, ocasionada por mantener una mala postura al usar estos dispositivos por periodos prolongados. De igual manera, la tendinitis en las manos puede presentarse como resultado de la actividad repetitiva al escribir mensajes. Además, el uso continuado de auriculares puede llevar a trastornos auditivos crónicos, como la hipoacusia, por el sobreuso del sistema auditivo.
El especialista agregó que el exceso en el uso de estos dispositivos puede causar fatiga visual, trastorno de visión borrosa, dolor de cabeza, visión doble y dolor ocular. “Los oftalmólogos lo afirman constantemente y están muy preocupados, ya que observan un incremento en el número de pacientes con fatiga visual derivada de esta causa”.

¿Está desconectado?, la ansiedad se hace presente

Alejandra Sandoval Maciel, presidenta del Colegio de Psicólogos, advierte que la exposición prolongada a dispositivos electrónicos como teléfonos celulares, tabletas, televisores y computadoras puede provocar una serie de efectos psicológicos adversos en personas de todas las edades, tanto en niños como en adultos.
Uno de los conceptos clave utilizados para describir este problema es «nomofobia», el cual refiere a la ansiedad experimentada por individuos al separarse de sus dispositivos electrónicos. Esta condición se caracteriza por síntomas como irritabilidad, angustia y una necesidad compulsiva de mantenerse conectado.
Sandoval Maciel señala que los efectos de la nomofobia van más allá de la simple ansiedad, impactando negativamente en la capacidad de concentración, el rendimiento en tareas cotidianas y, lo que es más grave, el desarrollo de habilidades cognitivas. Según explica, la fijación en el dispositivo conduce a una pérdida de atención en el entorno y un desinterés por las interacciones sociales directas, favoreciendo una dependencia exagerada de las conexiones virtuales.
La exposición continua a las pantallas no sólo afecta aspectos psicológicos, sino que también puede disminuir la calidad de vida al desvincular a la persona de su ambiente inmediato y sumergirla en un mundo virtual. Este escenario se asocia con síntomas como irritabilidad, enfado y falta de concentración, lo cual suscita preocupaciones significativas sobre el bienestar emocional y social de los afectados.
Ante estos retos, Sandoval Maciel subraya la necesidad de imponer límites claros en el uso de dispositivos electrónicos, especialmente entre los más jóvenes. Recomienda la implementación de controles parentales y la promoción de prácticas saludables en la gestión de la tecnología. Asimismo, enfatiza la importancia de priorizar las actividades sociales presenciales y el desarrollo de habilidades sociales y cognitivas esenciales.

A falta de sueño, no consulte su celular

La socióloga Gwendolyne Negrete Sánchez ha destacado que la sobreexposición a dispositivos como teléfonos celulares, tabletas, televisores y computadoras no sólo perjudica la salud ocular, sino que también interfiere con el ciclo circadiano, esencial para regular los patrones de sueño y vigilia.
Negrete Sánchez señala que la luz artificial emitida por las pantallas puede confundir al cuerpo, dificultando el proceso natural de dormir y despertar en los momentos apropiados. Este desajuste puede derivar en problemas de sueño, estrés y ansiedad, repercutiendo negativamente en la calidad de vida de las personas.
Asimismo, resalta que el uso excesivo de estos dispositivos fomenta un estilo de vida sedentario, potencialmente causante de problemas musculoesqueléticos. La interacción constante con las pantallas restringe la actividad física y fomenta una dependencia insalubre de la tecnología.
Negrete Sánchez también examina el impacto social de esta tendencia, observando cómo la sobreexposición a las pantallas contribuye a una reducción en las interacciones sociales y actividades recreativas. “El aislamiento digital”, afirma, “ha impulsado el incremento de problemas de salud como la obesidad, la diabetes y la depresión”.
Además, subraya la necesidad de imponer límites al uso de dispositivos electrónicos y de practicar una higiene del sueño adecuada. Recomienda adoptar un enfoque equilibrado que permita aprovechar la tecnología sin descuidar el bienestar físico y mental.