René Urrutia De La Vega

De acuerdo con lo informado por la secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana del Gobierno de la República, deberíamos de estar festejando con bombo y platillo lo que en conferencia de prensa se dijo el pasado 19 de febrero: “En enero de 2021 se registró una disminución de 19.6% en los delitos del fuero federal”; “Estos buenos resultados se deben a la coordinación, constancia y disciplina del gabinete de seguridad nacional encabezado por el presidente”; “En consecuencia, dijo la secretaria, se logró contener delitos como el homicidio doloso, del cual se registró una reducción del 5.5 por ciento, lo que significa 165 homicidios menos que en el mismo mes de 2020”. Consulta la nota completa en la página lopezobrador.org.mx

Pues bien, sin el afán de generar un ambiente negativo, la intención de estas reflexiones es establecer algunas ideas que nos ayuden a poner la información en su justo contexto y tratar de entender las estadísticas más allá de los números, sobre todo en un tema tan sensible como lo es el de la incidencia delictiva y la inseguridad, que de por sí nos tiene a todos contra las cuerdas, no solo en percepción.

Decía al principio que las cifras que se expusieron y las manifestaciones de los funcionarios eran como para que todos en México debiésemos estar festejando, pero la pregunta es ¿Porqué no lo estamos? Te imaginas qué bueno sería que los delitos federales hubiesen disminuido casi en un 20%, es decir, una quinta parte del total en tan solo un año, ello querría decir que en muy poco tiempo podríamos tener una incidencia delictiva prácticamente bajo control, pero más aún, ¿puedes imaginar lo maravilloso que sería que ello se debiera a buenas estrategias y a la coordinación, constancia y disciplina del gabinete de seguridad? o bien, que se debiera a la coordinación y ayuda mutua de ese gabinete con los gobernadores de los Estados, como para pensar que la aparente disminución de algunos de los delitos del fuero común también fuera el resultado de tales condiciones que, dicho sea de paso, sería algo que ningún gobierno federal anterior había logrado antes.

Pues bien, la verdad de las cosas, por duro que parezca, es que esa disminución tan importante de delitos, en realidad se trata solo de una disminución del índice denunciativo, es decir, la incidencia delictiva se mide por el número de denuncias que se presentan ante la autoridad y no por los delitos que realmente se cometen, de manera que esta es la forma más sencilla que existe de celebrar la obtención de resultados en apariencia, pero no reales y esto es algo que siempre se ha hecho de la misma forma. Ello, sin dejar de apuntar que en la nota oficial ni siquiera se menciona la fuente de la información estadística, ni a qué delitos federales se refiere, tampoco cuáles fueron las estrategias, acciones o programas que lo hicieron posible y nada se menciona de las condiciones excepcionales generadas por la pandemia que han generado cambios importantes en este rubro, perfectamente previsibles.

Déjame platicarte algo que me parece nos puede situar en la realidad de lo que sigue aconteciendo en nuestro querido país y que guarda estrecha relación con esto. El día de ayer se dio a conocer una nota en la que el Gobernador de Zacatecas, Alejandro Tello, reconoce una de las peores crisis de violencia en su entidad y urge a la federación su apoyo para enfrentar a los grupos criminales que generan homicidios, desapariciones, secuestro y extorsión, al reconocer, en una carta dirigida al Presidente de la República, que se encuentran rebasados en número de elementos y en equipamiento frente a los grupos de la delincuencia organizada, sí, de la delincuencia organizada, competencia exclusiva de la federación, lo que estoy seguro no es una situación exclusiva de Zacatecas, pero ¿tu qué opinas?

Te quiero platicar lo que yo opino: no es posible, ni siquiera medianamente, que con una estrategia de militarización de la seguridad nacional, una disminución tan sensible del presupuesto destinado a los gobiernos estatales y municipales en lo que toca al fortalecimiento de la seguridad, ausencia total de política criminal nacional y local, sin una estrategia sólida para el fortalecimiento de las institucionales que conforman el sistema nacional de seguridad pública (y de justicia) y ante una evidente falta de elemental coordinación entre los tres órdenes de gobierno, entre otros factores, se pueda aspirar a que las estadísticas que se mencionaron el pasado 19 de febrero por parte de las autoridades de la federación puedan ser consideradas un resultado.

Además, no olvidemos que la modificación de la dinámica social derivada de la pandemia ha condicionado sensiblemente el cambio en los patrones delictivos y denunciativos, recordemos que las instituciones del sistema nacional de seguridad pública, particularmente aquellas encargadas de brindar atención a la ciudadanía para la recepción de denuncias (fiscalías y policías), han modificado no solo sus horarios, sino también sus modelos de atención ciudadana, que este cambio de la dinámica social ha inhibido la comisión de ciertos delitos pero elevado la comisión de delitos patrimoniales cometidos por medios informáticos y telecomunicaciones, sin dejar de considerar que sigue sin atenderse de manera adecuada lo relacionado con los delitos de violencia familiar y de género en todas sus manifestaciones, que van sostenidamente al alza. Esto ha ocurrido siempre, el manejo de la información mediática lo que sí podemos señalar es que nada ha cambiado.

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