Hace ya algunas semanas, decidí abordar el tema de la iniciativa de ley que pretendía extender de 2024 a 2028 el plazo en que el titular del Ejecutivo Federal pueda recurrir al Ejército y la Marina Armada en labores de seguridad pública. Dicha iniciativa fue presentada por el Partido Revolucionario Institucional bajo el argumento de que estos años adicionales permitirían a la Guardia Nacional consolidarse en un proceso de integración transitoria a la Secretaría de Defensa Nacional.

Con dicha iniciativa, se rumoraba que la cúpula del PRI había ya cedido terreno, o más bien dicho, parecía haber negociado con Morena bajo un supuesto acuerdo en el que se pretende o pretendía no perjudicar al dirigente nacional tricolor, Alejandro Moreno,  también conocido como “Alito”. Tras una discusión “fast-track” en la Cámara de Diputados en la que el PRI y Morena aprobaron el contenido de la iniciativa y parecían hasta partidos hermanos, llegó ahora el día en el que dicha iniciativa tendría que ser abordada y votada por el Senado de la República.

El Senado de la República siempre se ha caracterizado por contar con los más altos perfiles que representan a cada uno de los Estados de la República; de manera tal, que desde hace muchos años hemos visto ocupar los reducidos escaños legislativos a ex funcionarios de primer nivel federal o estatal, a diversos ex gobernadores o ex alcaldes y, sobre todo, a los pocos legisladores de carrera que se han producido en la política mexicana contemporánea.

Mencionado lo anterior, hace unas horas llegó el turno de votar dicha iniciativa en el Senado de la República y en un gesto aplaudible y combativo por parte de los Senadores de la “oposición” (que a diferencia de los diputados no se dejaron influenciar por las directrices impuestas por los altos rangos de sus Comités Ejecutivos Nacionales). Tras algunas horas de debate, el partido oficialista se dio cuenta de que no contaría con los votos necesarios para pasar dicha iniciativa y decidió solicitar bajo las más asquerosas artimañas legislativas, que el dictamen fuera devuelto para su análisis y posterior discusión.

Esto puede ser considerado, como el primer paso de varios faltantes rumbo a la primera gran victoria de la verdadera oposición. Durante el desarrollo de la sesión, se evidenció todo tipo de aberrantes practicas legislativas que abarcaron desde la sorpresiva incorporación a Morena por parte del que ayer era senador panista Raúl Paz Morena, hasta el hecho de que el propio secretario de gobernación se instaló en un hotel bastante cerca del Senado Mexicano para intentar cabildear con algunos senadores el voto en favor de la iniciativa.

Me encantaría poder abordar todos y cada uno de los interesantes pronunciamientos de la nutrida discusión; sin embargo, me quedo con la mayor parte del discurso de la senadora priista Claudia Ruiz Massieu y el de la senadora panista Kenia López Rabadán. De igual manera, considero como importantes los pronunciamientos mediáticos previos a las sesiones por parte del senador Miguel Ángel Osorio Chong y de Miguel Ángel Mancera Espinosa.

Ahora, corresponderá a estos senadores de “oposición” demostrar realmente de qué están hechos y los motivos por los cuales fueron elegidos por la ciudadanía. Mientras tanto, Morena tendrá una grieta que difícilmente será reparable sin alterar el contenido de dicha iniciativa o que sólo podría tomar otro cause con la participación del senador Ricardo Monreal (a quien las corcholatas presidenciales han querido opacar). Estaré dando puntual seguimiento al tema, agradezco el favor de su lectura y les deseo un muy feliz fin de semana.

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