Por J. Jesús López García

Los grandes edificios, los más destacados, usualmente son los que sientan las bases para crear tendencias arquitectónicas en las que sirven de parámetros para medir la producción edilicia de todo un tiempo e incluso toda una época. Los templos de la Magna Grecia como el de Hera o Hereo de Paestum, hacia los siglos VII a VI a.C., fueron los templos de columnata períptera que luego dieron pie a muchos otros más refinados en los siguientes siglos hasta llegar al Partenón -hacia el s. V a.C.-, que fue la cifra de la arquitectura religiosa griega ante la que se comparaba cualquier otro templo.

Como esos templos canónicos, en proceso de consolidación -los de la Magna  Grecia- o los ya consolidados -el Partenón-, también surgieron variaciones excéntricas que lejos de establecer un canon obedecían a una pulsión por crear novedades, como el Altar de Zeus en el Museo de Pérgamo de Berlin, que sustituyó el sutil estilobato por un imponente podio con escalinata. Pero al igual que los edificios que fijan los parámetros, las obras excéntricas también tienden a destacar en su entorno y en su lugar dentro de la historia de la arquitectura.

Haciendo un ejercicio de oposición a lo anterior, se propone dar luz a la discreción de  innumerables edificios, que siguiendo pautas, tendencias, lenguajes de formas, entre otros, logran una expresión mesurada que sin embargo sirve para contextualizar el tipo de arquitectura realizada en un tiempo y un gusto más o menos extendido en la sociedad de su época.

En forma general esos bloques discretos son habitacionales -casas unifamiliares o  apartamentos-, oficinas o locales comerciales. Por otro lado, templos, museos y demás piezas urbanas buscan destacar y se proponen como piezas únicas. Las viviendas y los inmuebles destinados al trabajo por el contrario tratan de establecer un diálogo directo con las edificaciones de su vecindad por lo que se manifiestan de manera mucho más mesurada.

Pero lo anterior no quita nada a su valor arquitectónico, el cual incluso se  mantiene a lo largo del tiempo precisamente por ser edificios funcionales y bien construidos. Con la “liberación” de materiales y procesos constructivos desencadenada por la Revolución Industrial, llegó a las ciudades una arquitectura menos supeditada a sus condiciones constructivas. La manera tradicional de construir con base en gruesos muros de carga que daban como resultado vanos verticales y paramentos altos, permitía pocas variaciones; el modo desatado por la nueva tecnología industrial por su parte admitió muchas posibilidades combinatorias de materiales, de claros más grandes, de vanos de diferentes dimensiones, proporciones y tamaños, por tanto de formas y organizaciones compositivas que en muchas ocasiones han generado construcciones que en aras de novedad incurren en exageraciones o excesos gratuitos; de ahí que fincas contemporáneas que mostrando un ejercicio de autocontención, se muestran mesuradas, presentando un gesto elegante que al paso del tiempo se aprecia mejor.

Esos edificios discretos de buena arquitectura no son las grandes obras   llamativas o vistosas; tampoco son los ejemplos iniciales de implementación de algún material o determinada solución estructural o constructiva, pero si son parte de un momento, de un lugar y de un gusto, que lejos de buscar el destacar por sobre lo que les rodea -un gesto muy actual-, realmente lo respetan y tratan a la par, de mejorar ese entorno, como la casa ubicada en la calle Antonio Arias Bernal No. 141 que tendrá alrededor de 50 o 60 años, y que al paso del tiempo sólo ha experimentado pocos cambios, la configuración de su perfil y sus vanos se mantiene y sus recubrimientos continuan  siendo los originales. Es una finca de composición sencilla y bien lograda que incluso puede tomarse como el diseño actual en muchas viviendas de Aguascalientes en zonas de nuevo desarrollo urbanístico.

Como esta casa hay muchas más en nuestra ciudad, no solamente de esa  época, sino anteriores y más cercanas a nuestro tiempo, y consideramos que en general comparten algunos rasgos que han ido repitiéndose como si fuese gestándose una nueva tradición de cuño Moderno en la urbe acalitana donde edificios como el referido  y descrito pueden apreciarse como parte de una acervo arquitectónico que abarca los últimos 70 años.

Ello presenta solidez a la propuesta que alguna vez dio forma a ese edificio, y también ofrece un soporte formal e histórico a propuestas muy nuevas, que usando ciertos materiales o procesos más nuevos -como aluminio o pvc en cancelería, losas reticuladas o celulares, por ejemplo-, continúan ampliando un catálogo de fincas que se hermanan y que pueden inscribirse en un espectro de más de medio siglo. Al final son los discretos buenos edificios, los que van asentando la manera de producir buena arquitectura y sobre todo muy discreta.

Es así como en la ciudad capital de Aguascalientes aún se distinguen fincas de excelente manufactura y sobriamente resueltas plásticamente, que se levantaron particularmente durante los años 60 y 70 del pasado siglo XX, conservando sus materiales y acabados en su mayoría intactos, sólo con el necesario mantenimiento en el exterior.