Roberto Zamarripa
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Ken Salazar (Alamosa, Colorado, 1955) no ha pasado desapercibido. En 267 días ha visto más veces al Presidente de México en su despacho que algún integrante del gabinete; se ha encontrado con más gobernadores que algún Secretario de Estado; ha visto a más líderes políticos que algún funcionario de Gobernación.
Rompió el letargo y la frivolidad. Su antecesor, Christopher Landau, solía presumir en Twitter sus visitas a lugares de antojitos o rincones turísticos, mientras Salazar irrumpe en la Cámara de Diputados, reclama por la ley eléctrica, se reúne con empresarios mexicanos y estadounidenses, va y viene con su sombrero vaquero.
Presume su colección. Dice tener como 30 sombreros, muchos de ellos adquiridos en México. Es un ranchero de Colorado y desde niño porta esa prenda. El que porta registra las huellas del uso. La marca de fábrica ya la borró el sudor.
En la época del salinismo, al panista Diego Fernández de Cevallos le apodaban «La Ardilla», porque no salía de Los Pinos, entonces casa presidencial donde un día sí y el otro también negociaba acuerdos con el Presidente Carlos Salinas y su gabinete.
Al Embajador estadounidense podrían llamarle «El Príncipe». No sale de Palacio. Él defiende la intensidad de ese trato directo porque le ha redituado beneficios aunque, advierte, de las diferencias con su interlocutor.
«No siempre estoy de acuerdo con el Presidente (Andrés Manuel) López Obrador, pero tenemos un buen diálogo, donde le puedo presentar las ideas, las quejas, las oportunidades, y él es el Presidente; ustedes votaron o no votaron por él aquí en México. Yo no tengo voto en México», dice en entrevista con REFORMA.

¿Qué tanto le ha dado este acercamiento personal con el Presidente?
Mi trabajo es adelantar la visión del programa de los Estados Unidos y el Presidente Joe Biden en la relación entre México y los Estados Unidos, porque esta relación de estas dos naciones, desde mi punto de vista, es la relación más importante en todo el mundo. Entonces, entre más fuerte relación tenga yo en Washington D.C. con el Secretario Blinken, el Presidente Biden y los senadores, y la relación que tengo aquí con el Presidente López Obrador y su gabinete, puedo hacer mejor ese trabajo. Y por eso he estado, sí, bastante en Palacio Nacional y he ido ya a 20 estados, reuniéndome con gobernadores y los gabinetes de los estados para aprender, para poder avanzar en la causa de esa relación. Por eso voy frecuentemente también a Washington, porque es importante que también allá tenga la misma relación.

Hay versiones de que en Washington, en la Casa Blanca y en el Departamento de Estado, no están muy satisfechos de que esta cercanía que usted tiene se traduzca en resultados. Por ejemplo, no logró convencer al Presidente mexicano de que fuera la Cumbre de las Américas. ¿Hay disgusto de que esta cercanía no aporte resultados?

No. No está pasando nada de eso. Al contrario, la manera que ven ellos mi trabajo y el trabajo de los Estados Unidos es que estamos haciendo avances. Se tiene que ver lo que estaba pasando hace nueve meses y lo que está pasando ahora. Lo pongo así: en la canasta de la economía no pasaba nada hasta que no comenzamos, a la orden del Presidente Biden, a trabajar en esto. ¿Ahora qué llevamos? Estamos en las cadenas de suministro trabajando, para ver de qué manera se puede integrar esta unión económica de Estados Unidos y México. Estamos trabajando en lo de la energía y el cambio climático. El secretario John Kerry, que tiene todo el mundo en sus manos, ha estado aquí cuatro veces. Es para avanzar en la causa y la agenda de los Estados Unidos.
Lo que estamos haciendo en la frontera norte, lo que estamos haciendo en el desarrollo del sureste, todo eso está avanzando por la relaciones que tenemos.
En lo de la migración, que es difícil, ahora, en Los Ángeles, el Presidente Biden hizo la Declaración de Los Ángeles. Es la primera vez en la historia que estamos trabajando como región para resolver las realidades de la migración.
En lo de la seguridad, también. Llevamos una buena relación trabajando con el gabinete de los Estados Unidos y el gabinete de aquí en México. Entonces, en la manera como lo vemos nosotros, estoy haciendo el trabajo que el Presidente Biden me dijo que hiciera, y lo hago con gusto, porque es un trabajo de muchísima importancia.
Cuando deje este trabajo, quiero que digan que lo hice bien, que di el esfuerzo que tenía. Por supuesto, va a tener éxitos, pero también va a querer decir la gente: ‘pues, no hizo tanto’. Un servidor hace todo lo que puede hacer y lo hago aquí en México porque tengo la relación en Washington con el Presidente Biden, y aquí he formado una relación donde no siempre estoy de acuerdo con el Presidente López Obrador, pero tenemos un buen diálogo. Le puedo presentar ideas, quejas, oportunidades, y él es el Presidente. Ustedes votaron o no votaron por él aquí en México. Yo no tengo voto en México. Al Presidente de México lo respeto.

En febrero usted expresó: ‘Promover el uso de tecnologías más sucias, anticuadas y caras, sobre alternativas renovables y eficientes, pondría en desventaja tanto a consumidores como a la economía en general’. Lo decía en relación al debate que tenían en México los legisladores sobre la reforma eléctrica. ¿El Gobierno mexicano se mantiene todavía en la línea de generar, de promover energía sucia y cara?
El futuro es la energía limpia y renovable. Yo he estado en la planta en Silao, donde están saliendo los camiones Silverado, todo de batería. En Toluca, en la planta de Ford está saliendo ahora el Mach-E, todo eléctrico. Ahí va el futuro. Para el 20-30, lo automotriz va a ser de electricidad y batería. Entonces se va a requerir hasta más energía limpia, renovable. Lo requerirán las empresas para poder manufacturar camiones y carros. En eso el secretario Kerry y yo hemos estado trabajando con el Presidente López Obrador y con su equipo, en ver de qué manera podemos promover más energía limpia, y esperamos que pronto haya otros anuncios del Gobierno mexicano sobre la manera en que se va a comprometer en energía limpia.
Conozco bastante sobre los recursos naturales de México en energía. México tiene la ventaja del sol, mejor que cualquier otra nación. Tiene eólico, tiene geotérmico, tiene hidroeléctrico, que pueden hacer de México la batería de energía para Norteamérica. Entonces, en eso vamos hablando y planeando para el futuro.

¿Lo escuchan? ¿Está escuchando el Gobierno mexicano sus recomendaciones, sus consideraciones?

Sí, yo digo que sí. Primeramente en la reuniones, que son de bastante trabajo. No son reuniones para andar ahí sonriendo, son reuniones de trabajo, de esto hablamos, del futuro del mundo, del cambio climático, del problema existencial que estamos viviendo por este cambio climático. Eso se habla con todos, con los Presidentes. Tengo esperanza. Vamos, no hace tanto que comenzó este diálogo. Porque como no lo dijiste, pero creo que estabas pensando: hace nueve meses no había ningún diálogo entre los Estados Unidos y México sobre estos temas. Ahora hay un diálogo profundo y vamos a ver. Estas cosas no se resuelven en nueve meses, pero vamos en buen camino.

Joseph Daniels, el Embajador estadounidense en el sexenio del Presidente Lázaro Cárdenas, que el Presidente López Obrador menciona mucho, refiere en su libro «Diplomático en mangas de camisa», que no tuvo estómago para pelear por el pago de una reclamación indebida de un norteamericano, una reclamación de indemnización agraria.
Y, parafraseando a Poinsett, expresó que si hubiera una reclamación fraudulenta e injusta, la admitiría y presentaría excusas. ¿Usted ha encontrado en empresas norteamericanas en conflicto con México, por su política energética, reclamaciones injustas? ¿Haría lo mismo que Daniels, si ocurriera?

La inversión de las empresas estadounidenses en México es importante, porque es parte de la integración de las economías de los Estados Unidos, México y Canadá, y tenemos un marco de ley que no existía en el tiempo del Embajador Daniels. Tenemos el T-MEC.
El T-MEC asegura que hay certidumbre en los derechos de la empresas que invierten en México, pero además de eso, también lo que estamos viendo en la integración prácticamente de las economías. Hablaba de la automotriz hace un momento, pero también se ve en la farmacéutica y la medicina, en otros sectores, en lo agrícola. Entonces, la integración es lo que va a ocurrir.
Por supuesto, no hay lugar, no apoyamos a empresas que vengan aquí a hacer corrupción, eso no es parte de lo que estamos haciendo. Promovemos a empresas estadounidenses con buena fama, con buenas intenciones para mejorar las economías de Estados Unidos y México, viendo que estemos alineados con los Presidentes de Estados Unidos y de México en crear esta unión de la economía, para tener más prosperidad para el pueblo estadounidense y mexicano. En eso es en lo que trabajamos todos los días.

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