Me preguntaba alguien el otro día porqué en el pequeño país Qatar, en el Medio Oriente, no hay ladrones. Y quien me preguntaba exclamó maravillado: “¡Es un paraíso!”

Pues sí: es un paraíso, el mejor de los mundos posibles para vivir.

Sin embargo, bien se sabe que no hay dicha completa: Qatar es un territorio desértico, sin lugares arbolados, sin ríos y presas, sin parajes con arroyuelos, como los que en México tenemos para disfrute de las familias que habitan este País.

Es cierto: aquí la gente se mata todos los días, uno no puede dejar el vehículo ya no se diga encendido, como lo hacen las señoras en Qatar en el supermercado, vamos, pero ni siquiera con las ventanillas abiertas porque se lo roban.

También es cierto que el salario no alcanza ni para una vida modesta, menos para tener comodidades, y que los médicos que laboran en el Sector Salud tienen un salario medio alrededor de los 16 mil pesos, contra tres más que gana un médico en Qatar.

Es verdad que en Qatar no hay ladrones porque no hay desempleo y los obreros ganan varias veces más de lo que ganan los obreros mexicanos.

Todo es cierto, pero, con todo, nadie en este País está dispuesto a cambiarse por un habitante de Qatar.

Qatar es un País infinitamente más pequeño que México. De hecho, la mayoría de la fuerza laboral activa no es oriunda del País.

Vivir allá -cuentan algunas familias radicadas en el País- tiene sus grandes ventajas y sus enormes desventajas. Así es la vida.

No cabe duda: perro que come huevo aunque le rompan el…Usted me entiende.

Viene a cuento lo anterior a propósito del nuevo sainete protagonizado por Fausto Alzati, un personaje que seguramente las generaciones treintañeras no conocen, pero sí los de cuarenta para arriba. Alzati fue, hasta el lunes pasado, director general de Televisión Educativa de la SEP. No se sabe a ciencia cierta cómo fue que le vino ese nombramiento, luego de que hace veinte años, protagonizara un escándalo que avergonzó al entonces Presidente Ernesto Zedillo.

Eran esos primeros meses de aquel Sexenio extraviado y abatido por “el error de diciembre”, en los que el nuevo Presidente intentaba, cuando menos, parecer que lo era. El peso se había devaluado, los empresarios estaban que trinaban contra Zedillo y contra su secretario de Hacienda, Jaime Serra Puche, que no pudo permanecer en el cargo ni siquiera un mes.

Y en esas estaban, cuando surgió el escándalo del “Doctorado” apócrifo del titular de la Secretaría de Educación Pública, Fausto Alzati.

La revista Proceso y un diario de la Ciudad de México, rescataron un documento de una universidad de Estados Unidos, que hacía constar que en esa institución no se había otorgado ningún doctorado al señor Alzati. Lo peor de todo es que ni siquiera había terminado la licenciatura.

Mal había empezado su Gobierno Ernesto Zedillo: casi al mismo tiempo, había tenido que remover de sus cargos a dos miembros de su gabinete. ¡Y en qué forma!

POR MUCHO TIEMPO NO SE volvió a saber nada de Alzati, hasta que en el Gobierno de Enrique Peña Nieto, apareció, veinte años después, como director de Televisión Educativa de la SEP.

Con un bajo perfil, quienes aún nos acordábamos de él, nada supimos de su nueva gestión, hasta el lunes en la noche Joaquín López Doriga, dio a conocer un nuevo escándalo -esta vez en redes sociales- en el que Alzati era exhibido como un “ebrio impertinente”, que había interrumpido una ceremonia porque no le gustó que se leyera un poema dedicado a Lázaro Cárdenas. Y otra vez lo corrieron de la SEP.

PARA MUCHOS, LAS REDES sociales son arma de dos filos. Sirven para hacer el bien, para comunicar sucesos -buenos y malos- en forma inmediata. También sirven para levantar pueblos enteros contra las tiranías y cambiar un estado de cosas, aunque no siempre para mejorar. Igualmente, nada como las redes sociales en tiempo de desastres.

Sin embargo, hay un lado obscuro en el uso de estas redes.

Naturalmente, las redes no son autónomas. Se mueven según los instintos y objetivos del ser humano.

Y reflejan, claro, el lado turbio de la condición humana.

PERMÍTAME EXPLICARME: las redes son un espejo de la naturaleza humana. Proyectan lo bueno y lo malo. Y en esto último, es cuando salta la condición humana de gente sin escrúpulos, pues surgen verdaderas campañas de satanización, infamia y diatriba de cobardes protegidos por el anonimato.

VIENE A CUENTO LO ANTERIOR a propósito de una corriente de usuarios de internet cuyo lema principal, más allá de las claves, es el de “ni un pasante más”. O algo así.

SEGURAMENTE USTED YA SE enteró de que en Guadalajara recién ocurrió un suceso que tiene pasmados a millones de mexicanos. Y es que se trata de un hecho sin precedentes en la historia de la medicina en México.

Hace 5 años, en 2009, un joven que aún no cumplía los quince años de edad, falleció en el Hospital de Pediatría del IMSS en la perla tapatía. Su padre inició una investigación a fondo, al grado de lograr que un especialista en medicina forense tomara cartas en el asunto. El abatido papá, fue a todas las instancias. Movió todos los resortes de la sensibilidad oficial y poco a poco reunió información contundente sobre la increíble sucesión de fallas del personal médico que atendió al muchacho. Y no estoy hablando de pasantes sino de personal especializado.

Cuando se analiza la información obtenida en más de cuatro años de investigación, hasta los legos en la materia encontramos una amplia serie de pifias, de errores repetidos, y no comprendemos cómo un grupo de médicos pudo caer, una y otra vez, en los mismos errores y omisiones.

El jovencito fue sometidoa más de una decenas de cirugías. Lo llenaron de agujeros en el vientre y en el pulmón. Le cortaron tramos de intestino y por insólito que se antoje, nunca repararon en que habían estado omitiendo la participación de un patólogo. El adolescente se les murió por negligencia médica. Después de casi cinco años de litigio y de investigación, un Juez de Distrito liberó órdenes de aprehensión contra 16 médicos. Se les acusa de homicidio culposo, delito considerado no grave y por ende, pueden continuar el proceso en libertad.

El caso de las órdenes de aprehensión contra los 16 médicos del Hospital Pediátrico del IMSS en Guadalajara, ha desatado una especie de histeria colectiva en agrupaciones médicas.

Como digo: se han formado grupos en redes sociales que confunden la gimnasia con la magnesia.

Desde luego, se entiende la histeria, se entiende la confusión, pero no es el modo de defender derechos humanos sin tomar en cuenta los derechos de los demás.

A NADIE SE LE PUEDE ESCAPAR que el problema de negligencia o de cosas peores en los hospitales -públicos y privados- no es de ahora sino de mucho tiempo. Se han formado Comisiones Médicas supuestamente para evaluar el comportamiento de médicos y enfermeras en casos donde se presume que hubo negligencia. No siempre han funcionado estas comisiones. Y es que resulta muy difícil que un Médico acuse a otro médico.

El problema es la escasaconciencia que se tiene de la importancia de que la ley y la justicia tengan un lugar en cada actividad de vida en sociedad. La de la medicina, es la más entrañable de todas porque tiene qué ver con la salud. Y este es el punto.

Ojalá que en el casode los médicos de Guadalajara, sea la ley la que impere por encima de los intereses de unos pocos.