RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

PLÁTICA INFORMAL

El día de hoy permítame no escribir sobre los temas que semana a semana trato en este espacio. Hoy estamos llegando a la época más bonita del año: La Navidad. Y digo que la más bonita del año debido a que esta fecha es motivo para el reencuentro con nuestras familias y nuestros amigos. Es además oportunidad para recordar con emoción y cariño a quienes ya no están con nosotros. Hoy hay que dejar atrás los momentos difíciles que durante el año vivimos. El nacimiento del niño Jesús es un excelente motivo para hacer un recuento y agradecer las bendiciones que hemos recibido de un modo o de otro. El principal es el de estar aquí, con salud y al lado de nuestros seres queridos. En mi caso, el agradecimiento es enorme pues tengo la fortuna de contar con mis padres, a quienes he visto todos los días desde el día que nací, que ya son muchos. La casa de ellos está en la misma calle, frente a la mía. Así que todos los días nos vemos. A Ricardo, mi único hermano también lo veo con regularidad, siempre con mucho cariño pues él es muy expresivo y afectuoso, siempre el saludo cotidiano es con un beso en la mejilla, siempre, en donde nos encontremos. La convivencia con él es muy padre pues nos reunimos para ver el futbol y echarle porras con mucha pasión al equipo de nuestros amores de toda la vida. Hoy estamos felices pues ese equipo nos acaba de dar una satisfacción muy grande quedando campeón. Y fue muy padre, pues nos reunimos toda la familia para ver el juego, sufrimos y gozamos ¡todos! ¡Abuelos, bisabuelos, padres e hijos! Con mis hijos y nietos la convivencia es también cotidiana, aunque a veces sea en pequeños momentos, pero como buenos mexicanos siempre estamos atentos unos a otros. Y con mi compañera de vida pues ni qué decir. La relación es bonita porque nos complementamos y respetamos nuestros gustos y opiniones. Y creo que la comunicación constante nos ha ayudado. A diario platicamos como si tuviéramos meses sin vernos, la verdad no sé de donde salen temas para comentar. Y platicamos de todo, hoy curiosamente comentamos mucho sobre la política nacional y en la pasada contienda electoral me encantaba cuando la oía platicar y defender con vehemencia sobre los temas que ella y yo platicábamos. Notaba en ella la emoción que yo también sentía cuando discernía con mis amigos sobre la próxima elección. En fin. Esta época es además motivo para recordar a los grandes amigos, los que aún viven y los que ya no están entre nosotros. Empezaré por Felipe González, a quién le guardo un enorme aprecio por brindarme su amistad sin mayor interés que el de la fraternidad. La relación empezó cuando, sin conocerme ni haberme tratado nunca, me invitó a colaborar con él en su sexenio. A partir de ahí, poco a poco se fue formando una relación muy bonita, pues empecé a conocer al hombre, al ser humano. Le agradezco que me haya abierto las puertas de su casa en convivencias frecuentes, con su familia y la mía. Con tardes muy hermosas en que con un fondo musical de los grandes autores mexicanos de la época de los tríos, en el jardín de su casa me platicaba sobre sus orígenes y su vida; yo veía a Felipe cómo, emocionado, me platicaba sobre su padre, que murió a edad muy temprana quedándose él, junto con su madre, al frente de la familia. Muchas anécdotas tengo en mi mente sobre este hombre al cual la vida le dio un duro golpe que lo ha alejado casi de toda actividad política y social. De vez en vez lo visito y trato de reconfortarlo. Y le agradezco que me siga abriendo las puertas de su casa, pues corroboro que nuestra amistad es sin duda muy entrañable.
Otro amigo que además es mi compadre, es alguien a quien admiro mucho: Marco Antonio Muñiz. De él hay mucho, pero mucho de qué hablar. Un ser maravilloso, como ser humano y como cantante. A quien, por cierto, tuve la fortuna de reunir en más de una ocasión con Felipe González, habiendo también estado en esas reuniones otro querido compadre: Tomas Balcázar, abuelo del “Chicharito” Hernández. Y la mente empieza a recordar tantas cosas, pues otro que también estaba en esas reuniones era ni más ni menos que mi querido Pepito, ¡el Gran Pepe Jara! ¡Qué tardes aquellas!
Con Marco, ahora ya alejado del ambiente artístico, mantengo una comunicación constante. Marco, que tiene ahora 85 años, tiene una mente privilegiada y me pregunta cada vez que hablamos por teléfono por la familia y por los amigos que conoce en Aguascalientes, y siempre al final la pregunta: ¿Cuándo vienes? De salud Marco está bien y aunque usted no lo crea ¡todos los días vocaliza! Tiene una maestra que va a diario –de lunes a viernes– a su casa para que vocalice. “No hay que dejar que las cuerdas vocales se atrofien si no las usas, pues la voz sufre las consecuencias de la falta de entrenamiento aunque uno no se dé cuenta”. Me contaba Marco que Don Pedro Vargas también vocalizó hasta el día de su muerte, aunque ya no trabajaba. Sin duda esos son los grandes profesionales, por eso llegaron a ser grandes artistas.
Otro excelente amigo, que desafortunadamente ya falleció, fue el Profesor J. Refugio Esparza Reyes, ex gobernador de Aguascalientes. Con él me unía una relación casi familiar, pues él había sido alumno de mi abuelo, el Profesor Rodrigo Ávalos Martínez, en la Normal Rural de San Marcos, Zacatecas, así que él tenía un gran afecto por mi familia, empezando por mi padre. Con el Profesor Esparza viví muchas anécdotas, todas maravillosas, pues era un hombre formidable. Recuerdo que el 13 de octubre de 1996, el entonces gobernador Otto Granados, en un evento con la Asociación de Charros de Aguascalientes, en la Villa Charra, destacó algunas virtudes del Profesor Esparza: “Honestidad y eficacia, ética y dignidad, apego a los principios de la revolución, capacidad y talento, servicio y honradez, sencillez en su trato. Inspira confianza, genuino interés por las personas, ánimo y estímulo, calidad de amigo, oficio político, nobleza y entrega”. Y sí, sin duda todo eso era el Maestro Esparza. Un Gran –así con mayúscula– ser humano. Con él también viví en una ocasión una noche de bohemia. Esto fue en la Ciudad de México, en la Zona Rosa, cuando él era gobernador. En esa ocasión estuvimos en un lugar que ya no existe y que se llamaba “La Cueva de Amparo Montes”. El ‘profe’ Esparza era un enamorado de la música de Agustín Lara y esa noche estuvimos ahí con esa gran cantante chiapaneca. Al piano estaba la gran pianista yucateca Teté Cuevas. Esa noche estuvimos acompañando al Maestro Esparza mi padre Rodrigo Ávalos Pérez, el Dr. Ismael Landín, el gran locutor Juan Manuel Orenday y un servidor, además de algunos otros amigos del profesor. La última vez que vi a Esparza Reyes fue pocas semanas antes de fallecer, estaba a media mañana en el centro comercial Plaza San Marcos, sentado en una de las mesas del área de comida, acompañado de su familia, de su esposa Jesusita que en paz descanse, y de 2 de sus hijos. Me acerqué a saludarlo, cuando me vio me dijo con ese cariño tan común en él: “¡Como estas Rodriguito!, ¡Siéntate a comer una rebanada de pay de piña y una malteada de chocolate!”. Eso estaba comiendo el profesor y su familia. Me senté con ellos y lo primero que me preguntó fue por mi papá. “¿Cómo está Rodrigo?, ¡salúdamelo!”. Platiqué con él un buen rato, pues el maestro era de muy buena conversación. Se acordó de mi abuelo, su maestro. Haciendo remembranzas de su época estudiantil. Me platicó sobre su libro de “Charlas Informales” prometiendo enviarme un volumen a mi casa. A los pocos días llegó Baudelio, su hijo, a entregármelo en propia mano. El libro venía con una dedicatoria muy bonita: “Querido Rodrigo, quedas enlistado para la segunda edición. Será, como se dice, revisada, corregida, aumentada y comentada. Un abrazo afectuoso. Recuerdos a tu padre y un abrazo”. Sin duda este hombre, nacido en Mexiquito, municipio de Asientos, fue un hombre excepcional, de los que hoy está tan necesitado nuestro país.
Como usted, estimado lector, podrá ver, hoy traté de escribir de temas de esos que fortifican el alma recordando a los seres amados y a algunos de los amigos queridos, una veintena más de ellos quedaron en el tintero, pero el espacio se acaba.
Hoy, es tiempo de revivir con la mente los momentos gratos que hacen que la vida valga la pena. Van para usted mis mejores deseos de que pase una Noche Buena en verdad feliz al lado de quienes ama y de quienes aprecia. Y que el próximo año sea mejor que éste. ¡Felicidades!