RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Un día el viejo maestro de la política mexicana, Carlos Hank González, se encontraba en la plaza de toros, y un amigo se le acercó y le dijo que era raro verlo sentado mirando un espectáculo tan cruel, tan sangriento como era una corrida de toros. El profesor le contestó: –Cuando hable usted de crueldad y de sangre, no se olvide de la política. Esto es pura bondad junto a lo que nos pasa a los políticos.

Al leer lo anterior me quedó esa idea, esa frase y esa anécdota del Profesor Hank. Y en efecto, hemos sabido de muchos casos, sin llegar a los magnicidios, como el de Luis Donaldo Colosio, o cosas peores, pero veo, hoy, por ejemplo, en el Partido de la Revolución Democrática, cómo se expresa la crueldad y la política. No sé cuánta de la gente que hoy toma decisiones en el PRD le debe favores a Marcelo Ebrard, pero si se los debe se los va a seguir debiendo, porque al parecer nadie le quiere pagar. Como tampoco nadie le quiere pagar a René Bejarano. A René, ya sabemos, le pagaron bien llevando a su esposa al Senado de la República, en donde tuvo un sexenio de buenos ingresos y de todo eso que la vida senatorial conlleva: viajes, prestigio, ayudantes, comodidad, un empleo muy hermoso. Dicen que la mejor condición del ser humano es ser senador, por lo menos en México; pero lo que es ahora en este reparto en el PRD ha cambiando hasta de logotipo, porque en el edificio que tienen en Benjamín Franklin, que es una avenida muy importante de la ciudad de México, por ahí está la Universidad Lasalle, el logotipo, según vi en una fotografía, es en blanco y negro, el logotipo amarillo y negro ya parece que pasó a la historia y ahora los “chuchos” no solamente se han quedado con el partido, sino que hacen ostentación de su control y de su poder dentro del partido.

Alejandro Encinas decía que resulta, para los ojos de quienes fundaron esa organización y que han militado por tantas otras siglas de la izquierda nacional, vergonzoso ver a quienes han puesto ahí. “Algunos de esos eran los que lavaban los coches en el estacionamiento; no tienen capacidad, no tienen formación política, no tienen nada, son parte de un grupo que llegó a saco, yo por eso me fui, porque no hay nada que hacer”. Cuando le preguntaron: “¿Y Marcelo?”. –Bueno, a Marcelo ya vimos lo que le pasó. Marcelo, desde que llegó a la candidatura para el gobierno de la ciudad, enfrentó un procedimiento de sus amigos, o de sus correligionarios, que le llamaron, por similitud de lo que pasaba en el PRI, el TUCOM. Que eran Armando Quintero, Pablo Gómez y otro, que decían: -¡Este es un priista renegado! Bueno, pues si fue un priista renegado le dieron el gobierno de la ciudad, controló la ciudad de México, pero ahora ya no es un perredista renegado sino un perredista del cual ellos reniegan. No sabemos si es por lo de la línea 12, o es porque cuando estaba en el pináculo los trató mal; si su carácter un poco altanero y sobrado le hizo mella a alguien que ahora toma decisiones, pero lo que sí se sabe es que a Marcelo, hoy, políticamente hablando, no lo quieren ni en su casa. Ya tocó una puerta y le dijeron en el Movimiento Ciudadano que ya estaban completos. La única posibilidad que le queda es ir al PT, que levanta lo que caiga, porque necesita dinero y él les puede ayudar a conseguir dinero, y Morena, en donde regresaría a vivir bajo la sombra, el dominio, el control, de López Obrador. Cosa de la cual él ya probó otras amarguras cuando quiso competir hay que recordar lo que pasó cuando Andrés dijo: “Según las encuestas que yo mandé hacer a mí me toca la candidatura y a ti no”. Es un triste destino, yo diría que es el rechazo de los mal vistos, pero alguien con un poco de mala leche, ímproba late, diría alguien haciendo un latinajo, es el rechazo de los apestados. Pero habría que preguntar: ¿por qué se apestó Marcelo? ¿Qué les hizo a los Chuchos como para que se la cobren de esta manera tan cruel, tan visible y lo dejen tirado de la mano de Dios precisamente cuando busca una candidatura?

En el tema de las recientes candidaturas le comento que con Jorge Camacho, el PAN en Guerrero regresa a lo que tantos años padeció: la participación testimonial en procesos electorales. Van nada más a ver qué pasa. No van a ganar un voto. No van a ganar nada, ya lo verá usted, porque cuando podían medio ganar se le pegaron a la candidatura de Ángel Aguirre, fueron unos oportunistas miopes.

POLÍTICA A LA MEXICANA

La actividad electoral en México no está reglamentada por los códigos herederos del viejo COFIPE. La ley electoral es una derivación del más tradicional código napoleónico. Napoleón es el que dicta cómo se hace la política electoral en México. Hasta la semana pasada me di cuenta y fue así como una revelación, se me abrieron los ojos. Porque Napoleón en una parte de alguna biografía que leí de él decía: “La guerra se hace con dinero, dinero y más dinero.” Y si la actividad electoral es la forma en que los políticos hacen la guerra para conquistar los territorios del poder, entonces la política electoral se hace con dinero, dinero y más dinero. Pero aquí hay un problema, la ley dice que no se puede usar el dinero público para la promoción de los partidos y de las personas, y hemos llevado este código al texto constitucional, con lo cual estamos convirtiendo ya desde hace tiempo la constitución en un reglamento, lo que me parece jurídicamente una aberración, pero ¿cuántas cosas no son aberrantes en nuestro país?, muchas, muchísimas. Yo pregunto: Cómo amarra un partido, como el Verde, la posibilidad de decir: “nosotros propusimos una ley que obligara a las instituciones públicas de salud a entregar un vale por las medicinas que no le pudieran surtir a los derechohabientes”. Pero una cosa es decir: “nosotros propusimos una ley” y otra es hacer cientos de espectaculares gigantescos diciendo: en el IMSS y en el ISSSTE te dan las medicinas porque nosotros propusimos una ley para que te las dieran”, lo cual convierte al Partido Verde no solamente en el redentor, sino en el conductor de la política de asistencia médica en este país, lo cual es absolutamente falso, pues es una manera tramposa de aprovechar una rendija de la ley y por eso el interés de que la ley se aplique de a de veras y que sepan que lo que está prohibido…¡está prohibido!, porque las prohibiciones no se pagan; porque el dinero público es el dinero que nosotros le damos a los partidos políticos para que hagan cosas en las que nosotros no intervenimos, y cuando digo nosotros hablo de los ciudadanos, que somos los que les estamos financiando el sistema de partidos y ahí es cuando tenemos que volver a una muy vieja discusión, ¿debemos sostener los ciudadanos a los partidos políticos o deben ser los militantes de los partidos políticos los que sostengan a las instituciones, en las cuales participan con la única finalidad de ver cuándo les toca un pequeño trozo del pastel que se está repartiendo en la lucha política?

Creo que si de veras los recursos públicos no se deben usar para promoción, entonces no se deben usar para promoción de nada. Porque no es solamente la promoción de los partidos, sino también la promoción de las acciones de gobierno. Usted seguramente ha escuchado algunos anuncios que dicen: “Este programa es público, ajeno a cualquier partido político, queda prohibido el uso para fines distintos a los establecidos en el programa”. Como cuando se habla de la Cruzada contra el hambre, en fin, cualquiera de los programas asistenciales que tiene el gobierno. La propaganda es en sí misma un fin político, absolutamente. El pensamiento político se puede transmitir a través de la cátedra, de la doctrina, del estudio de la ciencia política, o a través de la tesis y sus divulgaciones mediante libros, tratados, documentos doctorales, etc. todo lo que hacen las fundaciones. Todo eso tiene una sola finalidad: Adoctrinar. Pero la propaganda política, que es la parte consumible de la asimilación de cualquier doctrina, es la que se hace con el dinero público y con dinero público también se hace la propaganda del gobierno.

¿Queremos vivir un mundo político de publicidad y propaganda? Para los medios está muy bien, excepto cuando les confiscan el tiempo y lo meten con los tiempos del estado. Pero esa es otra discusión de orden industrial, de la industria de la radio y la televisión, cosa que no le ocurre a los medios impresos.

Finalmente, ¿en dónde está la verdadera solución de este problema sobre el uso del dinero público para los partidos? Está en una tesis que bien podríamos revisar ¿Son los partidos políticos entidades de interés público? ¿O son entidades con interés público? En esa simple preposición podríamos cambiar la ética de la asignación de recursos para los partidos. Si son de interés público, que le sirvan al público no a sus cúpulas. Y si son por el interés público, entonces que lo hagan sin el subsidio del estado. Pero como eso lo tendrían que aprobar diputados y senadores que provienen de los partidos políticos, lo que yo escribo aquí es un sueño guajiro. Nunca los partidos políticos se van a alejar del código napoleónico, porque lo que quieren los partidos políticos, fuera y dentro de los mismos, es dinero, dinero y más dinero.

 

EL ANIVERSARIO 102 DEL EJÉRCITO MEXICANO

En el 102 aniversario del Ejército Mexicano, no me interesó tanto el apoyo del jefe supremo de las fuerzas armadas al ejército, o sea, a las mismas fuerzas armadas, porque finalmente está hablando de un grupo social, de una institución nacional, que está bajo su mando. Eso no me pareció lo más notable. Lo que me pareció interesante fue el discurso del general secretario Cienfuegos. Ese discurso me pareció que era la verbalización del monumento de Agustín Hernández. Supuestamente el simbolismo de ese monumento –que es un arco geométrico que en el centro está cruzado por una punta como de flecha, que es casi como la parte alta de la cúspide de una pirámide muy alargada– es que la sociedad está incrustada en los afanes del ejército, que queda simbolizado por la pieza que sostiene el monumento completo, que a pesar de ser de acero algunos le llamaban monolito pero sabemos que los monolitos son de piedra no de metal; esa estructura enorme, de 35 metros de alto, tiene que ver con lo que dijo el secretario que dividió su discurso en dos partes: lo jurídico y lo político. De lo jurídico no me meteré ahora pues no tiene caso, pero de lo político sí, porque dice el general que al ejército se le expiden con mucha frecuencia, acusaciones en donde no hay pruebas serias. ¿Evidentemente a qué se refería? Se refería a que en el estado de Guerrero se pretende irrumpir en los cuarteles, y cuando no se irrumpe se les ataca. Es muy notable que en el día del centésimo segundo aniversario del ejército, los provocadores de Guerrero vayan y apedreen el cuartel y recorten las manos a las estatuas de los niños héroes, pero independientemente de eso y de la extraña coincidencia de las fechas, ¿qué es lo que buscan los provocadores que quieren entrar a los cuarteles, que dicen que ahí están escondidos o secuestrados los jóvenes que desaparecieron en Iguala? Buscan demostrar que un ejército que respeta el orden civil no puede salir a las calles con el arma en las manos. Imaginemos qué pasaría si un grupo x, con la ideología que usted quiera, en Washington, arremete con bombas molotov contra el Pentágono. ¿Qué pasaría en la democrática y plural sociedad americana? Si a un muchacho que se roba un paquete de cigarrillos en Florida la policía lo balacea, sea negro o sea mexicano. ¿Qué harían con 100 o 200 encapuchados que atacaran el Capitolio o que se quieren meter a la Casa Blanca? Yo sí sé lo que harían. Y Guantánamo se quedaría chiquito. Pero como no vivimos allá, tenemos que analizar bien este discurso del general Cienfuegos porque él compromete al ejército en el respeto a los derechos humanos; habla de cómo se disminuyeron por consecuencia las acusaciones y las recomendaciones de la comisión; y compromete el honor militar en que cuando haya uno de sus elementos que transgreda las garantías fundamentales, el ejército es el principal interesado en castigarlo.

Claro que quienes no creen en esas palabras van a decir: “no es cierto, no les hacen nada, etc.”, pero finalmente los procesos militares son más duros que los procesos civiles.

Lo anterior fue lo más interesante del discurso de Cienfuegos, dejando en claro que no hay una política de violación sistemática de derechos y que es urgente poner orden jurídico en la acción del ejército frente a la sociedad, para que ese monumento de veras tenga sentido. A ese monumento le faltarían los cimientos si se hubiera querido hacer fuera de las reglas de la ingeniería, y a la participación del ejército en la vida pública, en las calles, en la ciudad, haciendo labores de policía; le falta el cimiento de la vida jurídica para que sepamos exactamente qué se quiere, qué se debe hacer y cómo se debe hacer, en dónde están los mandos y en dónde están las conexiones con el mando civil. Qué es lo que ha fallado y qué es lo que ha dislocado tantas cosas, y lo que ha generado, según dice el ejército, tantos errores individuales, que sumados no pesan lo que pesa el ejército como gran institución nacional.

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