En días pasados platicaba con un amigo experto en temas de política nacional: “Del 2000 para acá, los gobernadores han dejado de ser lo que antes eran”.

-¿Por qué?

-Porque con suma facilidad meten a la cárcel al que les antecedió, en algunos casos sólo porque entre ellos hubo diferencias políticas.

-¿Por ejemplo?

-Pues, ¿qué te parece el caso de Andrés Granier? Llegó Arturo Núñez y lo mandó a la cárcel. Esto no significa que sea inocente, sino la forma en que ha humillado al ex mandatario.

-En esto tiene usted razón. Es como si todo hubiera empezado con Vicente Fox, que dejó sueltos a los mandatarios estatales.

-Pero cuando menos Fox no se fue contra ellos. Incluso, estableció excelentes relaciones con los gobernadores de oposición.

-Correcto. Yo me acuerdo que en una de las cabalgatas de Tamaulipas y Coahuila, Fox y su esposa convivieron con los gobernadores priístas y hasta pernoctaron en una casa móvil en un rancho cercano a Nuevo Laredo.

-Pero ya con Felipe Calderón fue otra cosa. Acosó ferozmente a Tomás Yarrington, a Humberto Moreira, a Ulises Ruiz y a Mario Marín. De los cuatro, sólo pudo lograr la caída de Moreira cuando destapó el asunto de la superdeuda y los documentos falsificados.

-Pues en este caso yo creo que Calderón hizo bien.

-No digo que no. Pero se hizo costumbre irse contra los gobernadores. No sólo por parte del Gobierno Federal sino de los mismos gobernadores en funciones contra los que les antecedieron.

-¿De quienes me está hablando?

-¿Te acuerdas de Narciso Agundez, aquel que fue gobernador de Baja California Sur? El que le sucedió en el cargo lo mandó a la cárcel. Y Leonel Cota Montaño hizo lo propio con Alvarado Arámbula. La lista es larga.

-¿A dónde quieres llegar?

-A lo de Ángel Aguirre, en Guerrero.

-Ah, es eso.

-Claro. Nadie se explica que no se haya pedido la desaparición de poderes. Y esa aberración de proponer un referéndum al pueblo de Guerrero. Es ridículo y es una falta de vergüenza.

-Estoy de acuerdo. Y esto merece un análisis a fondo porque algo está faltando en la relación Federación-gobiernos estatales porque sólo así se explica que no haya una auténtica regulación de los poderes. No digo que una imposición o invasión del Gobierno Federal en la soberanía de los estados, pero sí una coordinación institucional entre el titular de la Secretaría de Gobernación y los ejecutivos estatales.

-Te entiendo y eso es correcto. El problema son los intereses políticos, los intereses electorales.

-Claro. Ya lo hemos visto. Cuando alguien propone algo que tenga que ver con una cuestión de gobernadores, luego luego salen con que están las elecciones del 2015 en puerta. Y todo se detiene.

-Pero no ocurre lo mismo con gobernadores priístas.

-Eso es algo que me intriga. ¿Por qué a Granier sí y a Aguirre no? ¿Por qué a Fausto Vallejo le metieron a la cárcel a su hijo y a él lo obligaron a renunciar, tras de humillarlo con un Comisionado que de facto se convirtió en el verdadero poder en Michoacán?

-Todo tiene una razón de ser. Te repito: son los intereses, son las alianzas. Y las alianzas no se hacen con los de casa sino con los enemigos.

Cuando me disponía a cerrar el tema, recibí otra llamada, esta vez de una de mis fuentes habituales.

-¿No estás viendo a Pepe Cárdenas en la tele? –preguntó.

-No, ¿qué hay?

-Está transmitiendo imágenes del Palacio de Gobierno de Guerrero. El edifico está en llamas.

Le agradecí el reporte y prendí el televisor. Ahí estaban las imágenes. Todo el costado, que es de puro vidrio, estaba destruido y las llamas lo arrasaban todo. Por ahí, se veía un auto ardiendo.

En ese momento, salió a cuadro el analista Juan Antonio Crespo. Su comentario es coincidente con lo que minutos antes platicaba yo con mi amigo.

Aguirre es un gobernador pintado en la pared. Está rebasado y el PRD ha intentado defenderlo, permitiendo que se aferre a lo de la consulta pública para revocar el Gobierno. Pero esto sería hasta en noviembre lo que le permitiría ganar tiempo.

No se habla de la desaparición de poderes aunque sí de un Estado fallido, porque eso es y no otra cosa, que se dé una revuelta popular que empieza incendiando el Palacio de Gobierno y quién sabe qué es lo que seguirá. El PRD se ha negado a pedirle a Aguirre que renuncie porque esto afectaría sus posibilidades en las elecciones del 2015.

Aguirre, que viene de una cofradíade caciques, no quiere irse a pesar de que el escándalo y el desprestigio no sólo lo afectan a él –que en los hechos ha perdido el poder– sino al propio Presidente Peña Nieto. Sería mucho imaginar que cuando usted está leyendo este DIÁLOGO PRIVADO, Ángel Aguirre haya presentado su renuncia ante el Congreso de Guerrero, un Poder Legislativo igualmente difuminado, cuyo edificio también fue atacado por los manifestantes.

Lo cierto es que la presión internacional sobre el Gobierno de la República ha sido tal, que hay más preocupación en Los Pinos (o al menos eso parece) que en el grupo de Ángel Aguirre.

Otro analista del equipo del comunicador José Cárdenas, explicaba ayer que a estas alturas son pocos los que se acuerdan de la familia que inició esta tragedia, el ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca y su esposa, además del ahora prófugo secretario de Seguridad Pública.

Ha habido versiones no desmentidas –como la de Carlos Loret de Mola– en el sentido de que la esposa del entonces alcalde, estaba enterada de lo que ocurría con el camión donde viajaban los normalistas.

En ese episodio, fueron asesinadas seis personas, entre ellas tres normalistas y una mujer que recibió una bala en el fragor del tiroteo. Pobre. Ni la debía ni la temía.

Hay una confusión que nadie ha aclarado: ¿quién ordenó la detención de los 43 normalistas desaparecidos?

Hay rumores de que no fue el alcalde, sino su esposa, que era la que tomaba las grandes decisiones. En una crónica del diario Reforma describen que cuando Abarca se presentó al Congreso a solicitar licencia para retirarse del cargo, le acompañaba su bella esposa. Él, se veía adusto; ella, tenía la mirada furiosa.

Ojalá que para cuando estos pergeños estén alcanzando la luz pública, en Guerrero se haya producido un acto de dignidad y de vergüenza política, que eso sería la renuncia del gobernador de Guerrero.

Sin embargo, tengo mis dudas, no crea usted.

¿qué va a pasar en México tras de los problemas de violencia que han estallado en estos últimos meses? Se viene la política. El proceso electoral del 2015, tiene alcances hasta el 2018, según los expertos. ¿Cómo pinta el panorama general? Veamos: a nadie se le puede escapar que la economía no crece porque el crecimiento que registra es mediocre, señalan los analistas financieros, lo mismo que Felipe González en sus colaboraciones dominicales aquí en EL HERALDO.

Tampoco crece la economía de los Estados Unidos y eso le pega duro a México. Los precios del petróleo van en picada en momentos en que México espera a los inversionistas extranjeros aunque dicen los que saben que esto no detendrá las inversiones. Quién sabe.

En política, hay focos rojos en la elección de 9 gobernadores. Claro: es elección intermedia pero servirá para calificar el Gobierno de Peña Nieto. ¿Y los avances de la sucesión en el 2018?

Por el PAN, van Gustavo Madero, Margarita Zavala y el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, quien tiene pendiente una asignatura grave: el niño muerto por disparos de policías estatales.

Por MORENA, van sin contrincante al frente, Andrés Manuel López Obrador, por el PRD el ex jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, más ahora cuando los actuales mandones en el sol azteca, van en picada en cuanto a posicionamiento, por lo de Guerrero y porque el actual líder del partido, Carlos Navarrete, prácticamente había avalado a Ángel Aguirre cuando estalló el caso de la desaparición de normalistas en Iguala.

Por el PRI, no parece haber otros en estos momentos: Luis Videgaray y Miguel Ángel Osorio Chong.

De lo que no hay duda, es que pasando la elección del 2015, se abrirán los frentes de batalla, aunque estará de acuerdo que esos frentes ya están perfectamente identificados y en pie de lucha.

Por cierto, no cabe duda de que donde menos se piensa salta la liebre.

¿Quién se iba a imaginar cuando Carlos Navarrete tomó posesión como dirigente nacional del PRD, que a la vuelta de unas cuantas semanas el mundo se le vendría encima a ese partido?

El sábado pasado, en el Senado de la República, la bancada del PAN, compuesta por 38 legisladores, pidió la desaparición de poderes en el Estado de Guerrero. De hecho, emplazó para que el martes 21 de octubre se someta a discusión la desaparición de los tres poderes del Estado de Guerrero, en tanto el coordinador de la fracción panista en la Cámara de Diputados, José Isabel Trejo –que sustituyó en la Coordinación al diputado “bailarín” Luis Alberto Villarreal, usted se acordará– pidió que sólo desaparezca el Poder Ejecutivo, pero no los poderes Legislativo y Judicial.

Obviamente, Trejo está muy verde en estas cosas o su ignorancia es simplemente supina, pues la desaparición de poderes es una figura jurídica y constitucional que comprende, por necesidad, los tres poderes. Vamos, ni siquiera pueden asumir las curules los suplentes de diputados, pues con la desaparición de poderes, ellos van incluidos.

Ahora bien: ¿desde cuándono se da una desaparición de poderes estatales?

En 1966, en Durango, Enrique Dupré Ceniceros, cayó mediante la implementación de la desaparición de poderes. En ese tiempo era yo un niño pero lo recuerdo bien. Desde luego, que detrás de esto estaba el Presidente Gustavo Díaz Ordaz.

En Sonora hubo una amenaza de desaparición de poderes cuando en 1975 el gobernador Carlos Armando Biébrich Torres, se negaba a renunciar. No fue sino hasta que el propio secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, le transmitió la amenaza de Echeverría que Biébrich se fue del cargo.

Como sea, sin importar el método, los días –¿o las horas?– de Ángel Aguirre como gobernador de Guerrero están contados.

Es cierto: gobernadoresque han caído, de un modo o de otro, son muchos. A veces, el Presidente en turno los ha obligado a renunciar solamente porque antes del destape, no estuvieron con él. Fue el caso de Dupré Ceniceros de Durango, pero también el de Otoniel Miranda en Hidalgo, impuesto por el entonces cacique magisterial Manuel Sánchez Vite. Un mes escaso se mantuvo en el poder. Al estilo de Echeverría, le mandó a sus porros del Pacto de Ocampo a que le organizaran manifestaciones y el pobre Otoniel tuvo que irse. Pero nada tan grotesco y humillante como lo de Ángel Aguirre. Su salida es necesaria porque su permanencia es agraviante, pero no porque con ello se vayan a solucionar los problemas en Guerrero. La pobreza en ese Estado es ancestral, lo mismo que la violencia. Sin resolver lo primero, no se puede solucionar lo segundo.