RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El deceso del Sr. Obispo José María de la Torre no por esperado no dejó de causar sorpresa y tristeza entre la grey católica de Aguascalientes. Y digo que el deceso era esperado debido a que la información que continuamente leíamos en las redes sociales indicaban de su estado de alta gravedad. Los médicos hacían todo lo posible por sacarlo adelante, pero era una misión imposible, pues se le agravaron varios padecimientos iguales de graves. y vaya que el Obispo no era un hombre grande, 68 años tenía, sólo que se veía un poco más grande debido a su pelo blanco y a su figura obesa. Yo solo lo vi una vez hace ya varios años en una celebración eucarística en la iglesia catedral, y eso de manera fortuita pues no sabía que el Obispo iba a presidir la celebración. De ahí en adelante solo sabía de él por los diarios y las redes sociales. Don José María fue un hombre polémico, que además de ejercer su apostolado en la iglesia católica también se interesaba y opinaba sobre los temas políticos principalmente de la entidad. Y lo hacía como con cierta calidad moral que obviamente era muy influyente en el ánimo de muchos ciudadanos. Lo mismo opinaba sobre temas que en la actualidad son escabrosos como el homosexualismo, y menciono escabrosos porque cuando hay opiniones en contra las manifestaciones son de tremendas consecuencias, ya hemos visto las manifestaciones en la ciudad de México en donde las marchas que realizan dejan a su paso destrucción y un pintarrajeadero en los diversos edificios, vidrios rotos, etc. Sin embargo, el Obispo manifestó siempre abiertamente su pensamiento sobre esos temas, muchas veces duramente, sin embargo salía bien librado y no hubo consecuencias ni protestas fatales que levantaran ámpula. Se le respetaba su opinión como jerarca de la iglesia en Aguascalientes.

La muerte del Obispo viene a sumarse a las de ya varios aguascalentenses muy conocidos y de todos los círculos sociales. Con tristeza y mucha sorpresa me he percatado de la partida de varios amigos y lo que hasta hace algunas semanas parecía algo lejano de nuestro círculo, hoy lo sentimos al acecho. Y más cuando a nivel familiar ya ha habido contagiados, la mayoría afortunadamente han salido bien librados. Sin embargo no deja de ser motivo de alta preocupación. Así mismo hay una aflicción debido a que las bellas fechas que se aproximan en una semana, o sea la Navidad, deberán ser ahora celebradas con cautela y en la intimidad únicamente de las personas que vivan en la misma casa, so pena de arriesgarse a sufrir un contagio que pueda ser de mortales consecuencias. Hoy deberemos de acatar las indicaciones de las autoridades sanitarias, y las de nuestro mismo instinto de conservación, y absteneros de visitar o que nos visiten los familiares y amigos. Y esto es a nivel mundial pues la línea de la pandemia va viento en popa hacia arriba, la anhelada curva nomás no se ve que esté próxima y menos cuando observamos en la televisión los ríos de gente en los tianguis y centros comerciales, que sin ningún recato acuden a gastar lo que no tienen con tal de pasar unas fiestas a todo lo que da sin tomar la responsabilidad de proteger su salud y la de los suyos. Estas actitudes de miles de personas provocan mucho coraje en quienes sí se han estado cuidando pero que por la irresponsabilidad de otros pueden llegar a infectarse. Lo que sí hay que decir es que la llegada de las vacunas a varios países, México incluido la semana entrante, es una luz ya muy cierta que nos brinda la esperanza de que dentro de algunos meses podremos vivir con un poco más de tranquilidad. Aunque sabemos que el COVID-19 llegó para quedarse, ahora tenemos la ventaja de protegernos. Hoy anhelamos las actividades y diversiones que teníamos hasta hace apenas un año, como ir al cine, al futbol, a los restaurantes, a los mercados y tianguis, a las playas saturadas de turistas, a poder realizar algún viaje al extranjero o aquí mismo en nuestro país, etc. Hoy cuando veo alguna película y salen escenas de las aglomeraciones de gente se siente raro verlos tan juntos … ¡y sin cubrebocas!, y es que el cubrebocas ya es parte esencial de nuestro vestuario. Cuando sale uno de su casa lo primero que busca es el cubrebocas.

Para estas fiestas creo que lo que debemos de pedir como regalo es el tener salud, el no contagiarnos ni que se contagien nuestros seres queridos, amigos y familiares. Con eso debemos darnos por bien servidos, lo demás, lo material ya vendrá. Que pena que en estos meses amigos y familiares ya no estarán entre nosotros para disfrutar de su presencia. Hoy nos damos cuenta que lo más preciado no se compra con dinero: el afecto y el cariño. El mundo irremediablemente es otro. Y a ello hay que sumarle que en México la población está sufriendo las vicisitudes de un gobierno federal que no ha podido ejercer un control efectivo para disminuir los casos de muertes e infectados de COVID-19. Un presidente necio que se niega a ser ejemplo de cómo se debe proceder para tratar de evitar los contagios. El lunes veía escenas de su gira por Oaxaca en que sin inmutarse se bajó de la camioneta que lo transportaba para saludar a un grupo de personas y a una mujer que llevaba un cócono a regalarle, el presidente lo agarró muy contento en esa amena convivencia. La señal es que cambió al ganso por el cócono. Hay dos personajes que no tienen pena, que solo son comparsas de AMLO: Claudia Sheinbaum y Hugo López Gatell. Ambos no tienen dignidad, han agachado la cerviz ante el presidente y a pesar de que saben la gravedad de la situación no han hecho lo que se debe hacer para no hacer enojar a su patrón. López Gatell ha tenido desatino tras desatino. Y ya es autor de varias frases muy desafortunadas para él que solo demuestran su incapacidad. Claudia Sheinbaum no tuvo el valor de decir el lunes pasado en conferencia de prensa que la Ciudad de México ya estaba en semáforo rojo, a pesar de que ya habían rebasado el peor escenario previsto en hospitalizaciones. La insistencia de los reporteros para que dijera si ya estaban en rojo fue inútil, la Jefa de Gobierno no pronuncio ese color y no ha querido que se ponga el semáforo en rojo debido a la negativa de López Obrador por las repercusiones económicas que se tendrían, esto a pesar de las muertes que cada día son más en la capital de la República.