Rodrigo Ávalos Arizmendi

El viernes pasado festejaron su cumpleaños Felipe González González y su hijo Felipe González Ramírez. Curiosamente cumplen años el mismo día, 28 de enero. No lo pudieron festejar en la fecha indicada debido a que la señora Cony Ramírez tuvo algunos problemas de salud, los cuales afortunadamente ya superó, y se habían trasladado a la ciudad de México para su atención. Por ello se pospuso el festejo, el cual se llevó a cabo el viernes anterior en su casa de Canteras. Y se lo comento no como una nota de sociales, sino porque fue muy interesante el observar varias cosas. En primer lugar, la nutrida asistencia esa tarde invernal, lluviosa y fría. Pero que al interior de la cabaña se sentía un calor humano agradable. En segundo lugar, la excelente convocatoria de los festejados, pues se pudo observar no solo a los amigos de toda la vida de los González, principalmente gente de la iniciativa privada y amigos de muchos años, sino a políticos de los dos principales partidos políticos de Aguascalientes. Fue muy alentador el observar la agradable convivencia de personas que actualmente están en lo alto del pandero político y que están luchando por obtener una candidatura a un puesto de elección popular, como el panista Jorge López que aspira a ser candidato al Tercer Distrito; el priista Dr. Ríos Alba, caballeroso como siempre, que aspira al mismo distrito pero por el partido tricolor. Sentados en la misma mesa estuvieron el priista Gregorio Zamarripa y Gerardo Salas, del PAN. Ellos jugarán por el Primer Distrito. También estuvo Raquel Soto, del PAN, que busca el Segundo Distrito electoral. Junto con ellos disfrutaron del festejo dirigentes empresariales que no hace mucho eran antagónicos en la lucha por el liderazgo empresarial de la entidad pero que ya pasada la contienda convivieron con camaradería. Debo decirle que fue muy agradable el observar cómo los militantes y simpatizantes de los diferentes partidos políticos, panistas que simpatizan con diferentes grupos al interior de su partido, líderes empresariales, sociedad civil, convivieron olvidando filias y simpatías. Fue una fiesta de amigos muy grata.

Creo que Felipe González debe estar muy satisfecho, pues constató el afecto de amigos que sigue conservando de manera muy estrecha, y lo menciono ya que es cosa común en nuestra época que los gobernantes al terminar su gestión, sus amigos y conocidos les tengan algún resentimiento; en este caso se incrementó la amistad.

EL ESCÁNDALO COMO MATERIA PRIMA

Estamos hoy presenciando otro escándalo de orden inmobiliario que tiene relación con los medios de comunicación. Como las bolas de billar, una se mueve y se mueven todas las demás. En este caso, en el asunto de una propiedad múltiple que le adjudican a José Murat, proviene la primera información del periódico The New York Times, y los mexicanos, creo que de manera indebida, cuando escuchamos “New York Times” caemos de rodillas, porque suponemos que es un sinónimo de periodismo libre, independiente, profesional, el mejor del mundo. Entonces, si lo dice New York Times es casi palabra divina. Y esto me lleva un poco a otro comentario de Humberto Eco, quien como es sabido es un hombre metido en la semiótica, semiología, y acaba de publicar un libro en Italia que se llama “Número cero”, y que es, según lo que él dice, el manual del peor periodismo. Él lo hace no como un manual, sino como una novela en la que se trata de un periódico imaginario, un poco lo que hizo Evelyn Waugh con ese libro llamado “Noticia Bomba”. Humberto Eco dice que el gran negocio de la prensa “es la fabricación de una máquina para enlodar”. Y habla de imaginarias reuniones con los periodistas que están haciendo el número cero de ese periódico aún en proyecto, y entonces dice: “¿Cómo se puede enlodar sin faltar a la verdad? ¿Cuál es la maquinaria para echar andar el aparato de las infamias o los golpes a la fama pública de cualquiera?” Y nosotros vemos que posiblemente uno de los ámbitos de mayor impunidad en México son los medios. Dice Humberto Eco que quiso hacer una novela para averiguar cuáles son los límites de la información. Y la primera pregunta es si la información debe tener límites. No me refiero a casos como Charlie Hebdo, donde no hay información, hay simplemente opinión. Y ya vimos que hay quien cree que la opinión también debe tener límites. Llegan los islamistas y mire usted lo que pasó.

La máquina para enfangar, dice Eco, se usaba desde la inquisición, a un señor le colgaban un sambenito, le decían: “usted es judío”, “¡oiga no, yo no soy!”, claro, tiene que negarlo porque el maligno le aconseja que lo niegue, y es lo mismo que pasa ahora en cualquier noticia que se publica en México. No sabemos si el señor Murat tiene o no propiedades en E.U., ni vamos a defender a Murat por dos razones: la primera porque ya esta grandecito, y la segunda, por si gusta defenderse que se defienda solo. Observé que publicaron en El Universal, en primera plana, una carta que él manda a The New York Times diciendo que él no tiene ni una sola propiedad en New York. Bueno, pues si la tiene o no la tiene, como dicen algunos: en su salud lo hallará y él sabrá si lo que está diciendo es verdad o lo que dice The New York Times es mentira.

Lo interesante es ver cómo la prensa, o los medios en general, pueden actuar como quieran y yo creo que eso no es el verdadero lenguaje democrático de los medios. Creo que este derecho constitucional a la réplica es un derecho que urge en México reglamentar. Por ejemplo, en el caso de Luis Miguel, hoy cualquiera puede decirle que es un borracho, drogadicto. ¿Y qué le va a pasar al que se lo diga?… no le va a pasar nada. ¿Qué le va a pasar a Luis Miguel?, posiblemente no le pase mucho, pero hay familias, hay hijos, hay gente de por medio, hay una fama pública de los personajes públicos y entonces se ha construido en los medios un paredón instantáneo. Si en otras aéreas de la vida, aun en el peor de los delitos, a cualquiera se le debe presumir inocente, los medios no tienen presunción de inocencia, tienen presunción de escándalo. Es tiempo de considerar si el amarillismo y el escándalo deben ser la materia prima del periodismo. Creo que si de verdad queremos una sociedad democrática deberíamos a empezar a pensar si los medios están actuando democráticamente o no. Si se necesita atemperar su conducta o no. Si están siendo civilizados y cultos o no. O si están participando como grandes distribuidores de la máquina para enlodar como la llama Humberto Eco, y a veces lo que la máquina tira no es lodo sino una sustancia muchísimo más mefítica y pestilente que el lodo, que al final de cuentas no es más que agua con tierra.

OPERACIÓN CASI QUIRÚRGICA DE LA POLICÍA EN EL D.F.

A media semana observamos en los noticieros de televisión cómo la policía federal y la policía del D.F. resolvieron el secuestro de la ciudad de México, la cual estaba secuestrada en una de sus principales avenidas de una manera absolutamente injustificable. Observamos cómo se logró liberar dicha arteria citadina de una manera casi quirúrgica, profesional, resolver mediante el empleo adecuado de la fuerza y de la política.

No puede haber responsabilidad política en donde no hay firmeza en las acciones legales que una autoridad puede emprender. En este caso había que mantener el equilibrio entre dos derechos. Un derecho, el de manifestación, el derecho de expresión pública, pero del cual se estaba haciendo un abuso nocivo para el conjunto de los derechos de una mayoría, porque, hasta donde yo entiendo, los habitantes del D.F., son más que los maestros de la sección 22 de la CNTE, del ERPI, del EPR, etc. de todas estas adherencias que tienen los llamados movimientos de reivindicación magisterial que lo único que quieren es dinero. No les importa la calidad educativa. No les importan los alumnos. No les importa absolutamente nada más que mantener un sistema de privilegios que les permite cobrar sin trabajar.

Pero también se podía mantener ese equilibrio del derecho de los demás y no se podía caer en el riesgo de que se calificara a la autoridad de represiva. Represión es una palabra que a mí me parece que no tendría por qué estar proscrita, pero finalmente la policía federal no utilizó la represión sino la compresión. ¿Qué hicieron?, pues aplicaron presión y comprimieron a un grupo y lo fueron empujando y lo desplazaron a donde alguien ya les hizo el favor de montarles un campamento de varios millones de pesos con tiendas de campaña nuevecitas, con todo un sistema logístico casi casi industrial, con una preparación paramilitar. Es como poner un campamento en un campo de batalla rápidamente y lo montan y lo desmontan con gran velocidad. Ahí los confinaron y les dijeron: ¿Quieren protestar?, bueno, pues aquí pueden protestar todo lo que quieran.

¿Qué es lo que vimos el día del desalojo de la avenida Reforma en el D.F.? Vimos que se puede resolver el secuestro de la ciudad. Vimos que se puede hacer de manera adecuada. Vimos que el binomio Policía del D.F. y Policía Federal funcionó. Y funcionó fundamentalmente porque hubo un acuerdo político-policiaco. Y aquí es en donde tenemos que regresar al punto de partida: la fuerza pública debe ser una herramienta de la razón política. Y la razón política debe ser el motor de la buena administración urbana. Ese día se probó, como se había probado en algunas otras ocasiones en las cuales se había logrado frenar el vandalismo; en otras no se pudo frenar, pero se logró el aprendizaje de porqué no se frenó. Ese día no hubo ni vandalismo ni represión. El saldo reportado fue un saldo blanco. No hubo heridos. No hubo sangre.  Y para desgracia y frustración de quienes promueven todas estas tomas urbanas, no hubo ni heridos ni muertos, porque lo que esta gente busca son muertos, y cuando hablo de que buscan muertos no me refiero a los que están buscando allá en Iguala, me refiero a la necesidad, a la persecución simbólica de que algo pase que después justifique sus desmanes.

Lo que vimos en el D.F. parece que es un paso adelante para que en el futuro se sepa que la ciudad no puede ser rehén de nadie.

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