RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

En el asunto de Korenfeld ¿ante que estábamos? Creo que el asunto era la noción patrimonialista de los cargos que hay en México. Si yo soy el mandamás en la CONAGUA todo lo que hay ahí es mío y está ahí para que yo lo aproveche, lo utilice, lo mismo que si se trata de un asunto en una secretaría que tiene aviones, transportes, todo tipo de vehículos, son míos. Puedo hacer con ellos lo que quiera. ¿Por qué? Pues porque para eso estoy en donde estoy por quien me puso ahí. Así piensan los funcionarios y eso durante muchos años fue la parte de las prerrogativas del cargo. El funcionaria decía: “Quiero por favor que mañana le diga usted aquí a los muchachos que se encargan del aseo aquí, que vayan a mi casa y me corten el pasto, y que vayan a mi rancho y le den de comer a mis caballos”. “¿Por qué? Pues porque soy el jefe!”.

¿Qué hizo el señor Korenfeld? No hizo nada tan grave como lo que ya había hecho. Creo que el desastre urbano que Korenfeld produjo en Huixquilucan es un daño nacional para la historia. La manera como se saturó de permisos esa zona cuando él era presidente municipal es una de las muestras de cómo se puede planear el caos. Desde una presidencia municipal antes que se acabe, porque nomás dura tres años y apúrense a dar permisos para todo e incluso, y fíjese usted las paradojas, el puente que iba a conectar Huixquilucan con el D.F. se quedó atorado precisamente por un dictamen ¡de la CONAGUA!, cuando la CONAGUA estaba en manos de los panistas y de eso puede dar constancia el Ing. Luege Tamargo quién también tuvo una historia en su paso por la CONAGUA con un helicóptero, solo que él se cayó en el helicóptero en una gira de trabajo aquí en Aguascalientes, recuerdo incluso que lo internaron unas horas en la clínica Star Médica. Y él señor Korenfeld no se cae del helicóptero ni siquiera en una gira de rodilla, porque él dijo que había tomado el helicóptero porque le dolía una rodilla. Y ese fue el pretexto para darle un uso privado o personal a un transporte oficial. Y aquí la pregunta: ¿A poco no es eso de todo los días? Usar un automóvil que la oficina te asigna es caer en uno de los viejos presupuestos ideológicos de la burocracia mexicana; uno de esos presupuestos dice: “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”. Y el otro, cuando están discutiendo los amigos y se preguntan, ¿Cuál es el mejor coche del mundo? Y empiezan a contestar: “el Maserati”; no, el Lamborghini; no ese no, y contesta otro: “No, el mejor coche del mundo es el de la oficina, el que te da el gobierno para trabajar, porque es el que no te cuesta”. Todo mundo usa los coches oficiales para asuntos privados, para mandar a los empleados a que le compren el mandado en el súper, etc. Todo mundo goza del patrimonialismo burocrático frente al cual la Secretaría de la Función Pública también es una caricatura de Secretaría. Mucho se ha dicho que la SEFUPU no tiene razón de ser. No sirve para nada pues no hace nada, es un costoso camelo burocrático que ni siquiera tiene la antigua intención de vigilar, de controlar; ya no es ni siquiera una contraloría, es una secretaría de la función pública, no sabemos si mal o bien hecha. Para hacer lo que se debe o evitar que se hace y como se hace. El gran Virgilio, el hombre que acaba de llegar al gabinete y que iba a investigar los conflictos de interés de las empresas beneficiadas con obra pública y propietarias iniciales de casas y terrenos que después pasaron a propiedad de gente del gobierno. No sabemos qué ha pasado con eso.

Llama mucho la atención que a Humberto Benítez Treviño, porque su hija le pegó de gritos a un mesero y porqué un sub procurador mandó unos inspectores de la PROFECO a clausurar el restaurante, por eso lo echaron de la procuraduría. El señor Korenfeld creyó que no iba a trascender el usar un helicóptero oficial para asuntos particulares, pero la oportuna toma de fotografías de uno de sus vecinos cuando Kerenfield abordaba junto con su familia la nave le costó, además de un desprestigio en los medios, su renuncia al cargo. Por eso lo echaron del gobierno. Luego de confesar que sí había usado el helicóptero pues estaba mal de una rodilla. La palabra confesión es una palabra sulfurosa, pues se confiesan los pecados y los pecados se purgan con la penitencia y la penitencia para el señor Korenfeld fue dejar el cargo de titular de la CONAGUA. No sé cuantas cosas quepan cuando un señor dice: “Mi conducta ha sido inexcusable”. Él mismo usó la palabra inexcusable. O sea que no tenía una escusa o explicación que justificara lo que hizo. Por lo tanto lo que hizo fue algo indebido. Y solo quedaban dos caminos: o él ponía el límite honorable de su renuncia o se esperaba a que las cosas se enfriaran, como suele ocurrir con tanta frecuencia en este país. No cabe duda que vivimos en un mundo en el que ya la vida privada no se puede esconder.

LAS CAMPAÑAS POLÍTICAS

El domingo anterior arrancaron las campañas para diputados federales, otras campañas comenzarán el día 20, como las jefaturas de gobierno del Distrito Federal, diputados a la asamblea legislativa, en fin, y al arrancar las campañas el INE sacó la escopeta y derribó un spot del PAN intitulado “relojes y casas” en donde ya se podrá usted imaginar lo que decía el PAN del PRI. Todo cierto.

Hay cosas que se hacen en el nombre de la libertad de expresión, casi todo en México se hace últimamente en el nombre de alguna libertad: la de expresión, la libre divulgación de las ideas, la libertad de tránsito, en fin, todo lo fundamentamos en el ejercicio de una libertad. Y creo que los partidos políticos deben tener una libertad de expresión, pero creo que los ciudadanos deberíamos tener libertad de audición. Yo no entiendo porque se ha establecido este sistema tan perverso en el que la autoridad y la búsqueda democrática de la equidad entre los partidos y las expresiones políticas nos tengan que endilgar buenos o malos, imaginativos o no, creativos o muy limitados, pero porqué tenemos que oír ¡40 millones de spots de los partidos políticos! No hay, a veces, en toda la suma de los electores en una elección, sobre todo en estas intermedias, 40 millones de votantes. Ya no digamos 40 millones de ciudadanos interesados en la política. Que de esos hay menos. Quizás estamos interesados en los chismes políticos y de eso hemos tenido tantas pruebas y tantas muestras. Por ejemplo, este asunto de la relojería del señor presidente del PRI, Cesar Camacho, lleva casi un año en el terreno de lo público. Un periódico que es especialista en publicar los relojes de la gente ya sacó los relojes de varios personajes. Y vemos que la moralidad de un país se mide por el precio del reloj de sus políticos. Usted se acordará que alguna vez, cuando empezaba la guerra sucia con Andrés Manuel López, le publicaron que traía un reloj casi casi de esos que vienen en los cereales, y decían que ese reloj había costado casi mil dólares, y que era un desatino que un hombre de izquierda tuviera un reloj de esos. El “Peje” tuvo que salir a explicar que se lo había regalado César Buenrostro. Entonces dijeron que eso contravenía la ley, porque la ley prohíbe aceptar regalos de más de 500 pesos. Toda esta estupidez moralina que se confunde con ideología política. La pregunta es: ¿En qué estamos cayendo una vez más? Estamos cayendo en una orgía de descalificaciones. Todo mundo insulta al otro y le dice de una manera velada, sesgada, sugerida o inducida, ¡que es un ladrón! Todos se acusan de ladrones. Y todos gritan: ¡al ladrón… al ladrón! Como aquella vieja historia. Pero por otra parte le quieren hacer creer a los ciudadanos que todo esto es una competencia de técnicos contra rudos, parece que estamos viendo una función de lucha libre en donde las heridas no son tan reales, como las del difunto Perrito Aguayo, pero que tienen mucho de pantomima y arreglo político. ¿En qué ayuda este tipo de campañas? No ayudan a la persuasión. No ayudan a la convicción ni a la construcción de conciencia política. ¿Entonces para que sirven? Bueno, pues entre otras cosas sirven para alimentar a las agencias de publicidad de las cuales la mayoría de los políticos son socios y se contratan entre ellos. Por lo tanto esta efusividad para la fabricación de materiales publicitarios limita la divulgación política a uno de sus más simplones escenarios que es el spotismo. Pasamos del despotismo ilustrado –o no ilustrado- al spotismo sin beneficio. Los ciudadanos no ganamos nada con la propaganda de los partidos políticos, es más, perdemos, porque todo se hace con tiempos que se cubren con recursos fiscales. Primero tenemos que subsidiar a través del Instituto Nacional Electoral la existencia y funcionamiento de los partidos políticos, que de acuerdo con el criterio de la mayoría de los mexicanos no son sino grupos de ambiciosos que buscan el poder a toda costa. Pero además de todo les tenemos que pagar sus campañas con tiempos oficiales y con el dinero que sale de nuestros impuestos para el subsidio a los partidos. La industria resulta también perjudicada porque no puede desarrollar un comercio como el de cualquier otra mercancía o servicio.

 

 

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