El asunto que el Presidente de la República abordó el martes, relativo a la Secretaría de la Función Pública, por donde se quiera analizar, es un asunto que se establece en terrenos muy flojos por donde se le pise. Y hay una gran cantidad, de lo que el presidente dijo, de fronteras un poco difusas. Sobre todo porque el discurso presidencial comienza haciendo referencia a la percepción que la sociedad tiene sobre los fenómenos de la corrupción. Y creo que las percepciones arraigadas, ligadas, no se pueden remover solamente con las instrucciones visibles que se le dan a un funcionario que le da oxígeno a una secretaría de estado que ya estaba prácticamente liquidada. Ya la había disminuido el panismo en el gobierno. El propio gobierno actual había iniciado una sustitución por una fiscalía nacional y ya la Contraloría era una especie de patito feo. Era una institución que desde mi punto de vista nunca ha servido para nada desde que se fundó. Recordemos que se fundó por razones de conveniencia propagandística. La Contraloría en México no se hizo para controlar la acción del gobierno y de sus funcionarios, sino para oponer una imagen de seriedad institucional después del carnavalesco gobierno de José López Portillo. Fue un invento de la administración del presidente De la Madrid para compensar un poco la mala imagen que había dejado el gobierno de López Portillo con sus excesos faraónicos, su colina del perro, su conducta personal y todo lo demás. Desde entonces nos hemos venido equivocando; en aquel tiempo se propuso como lema “La renovación moral de la sociedad”, como si la sociedad fuera la que estuviera moralmente dañada y no quienes prevarican y quienes medran al amparo de los cargos públicos. Por eso ahora se hizo una Secretaría de la Función Pública, que por poco se va a la defunción pública. Hoy se le dan otros poderes. Se le pide crear una unidad especializada en ética, lo cual es muy complicado, hasta definir la ética es muy difícil. ¿Es igual la ética de un yihadista que la ética de un cuáquero? ¿Cuál es la ética de los mexicanos? ¿Cuál es su ética?, su ética, para no ir demasiado lejos y no complicarnos la vida, es el respeto a la ley. Si respetamos la ley estamos teniendo una conducta éticamente responsable. Hay que tener una especie de civilidad y de laicismo ético. La ética de todos es la ley.

Este asunto de que el presidente ordene ser investigado, lo mismo que su esposa y su secretario de Hacienda, está muy bien, pero ¿por qué se va a investigar de la misma manera a una ciudadana que no tiene cargo público que a un señor que tiene el mayor cargo público del país y a uno de los que tiene uno de los más altos cargos públicos de la nación? Se nos dijo desde un principio que la señora Rivera no es funcionaria del gobierno, por ello no tiene por qué someterse a los arbitrios del sector público.

En todo esto hay una gran cantidad de ambigüedades ¿Y qué va a pasar si después de la investigación resulta que sí hubo conflicto de intereses? Sería una catástrofe. Y si dicen “no hubo conflicto de intereses” será el desprestigio de la Secretaría de la Función Pública. De los dos lados la respuesta no será la satisfactoria para el gobierno. La reacción que ha provocado es de incredulidad. Por otra parte, los especialistas dirían que van más allá de la incredulidad y dicen que desde el punto de vista estructural no puede funcionar porque no hay controles externos de ningún tipo, aunque hay quien dice cuando hay una crisis de credibilidad, hay que buscar quién la tiene para pedírsela prestada. Lo anterior sucede en todos los países del mundo, cuando menos en los países democráticos. Cuando hay un escándalo o hay un asesinato o hay un desastre natural y el gobierno está puesto en entredicho, por una razón u otra se recurre con frecuencia a la designación de un comité o comisión parcial, independiente, autónoma, con recursos, etc. para darle credibilidad ante la ciudadanía a lo que el gobierno presenta. En México se ha hecho muchas veces; de algún modo desde el asesinato de Obregón y por supuesto en 1994 con el asesinato de Colosio. A veces funciona, a veces no. A veces la gente lo cree y a veces no. Lo que es un poco absurdo es hacerlo a medias. El lanzar una investigación pero que la lleve a cabo un investigador que es su empleado. La estrategia cuando alguien ha perdido credibilidad, de ganarla, existe y es bienvenida, pero para que se tenga éxito se debe de correr un riesgo, y ese riesgo, en este caso, sería que la comisión investigadora no la haga una gente nombrada por el presidente, sino que lo hiciera un organismo independiente. Desde luego que se corren más riesgos por lo que pueda salir, por las condiciones en las que pueda terminar, pero es mucho mas restauradora de la credibilidad que poner a un empleado a investigarlo. La pregunta que de manera inevitable surge es: ¿Por qué el presidente toma una decisión de este tipo? Él tiene que saber que no tendrá la menor credibilidad la investigación que encabeza Virgilio Andrade. Y si no ha podido armar el comité supervisor es que seguramente le está costando algo de trabajo armarlo.

El camino podría ser de tres maneras para que tuviera un impacto en la credibilidad: Uno es promover que se hiciera una comisión legislativa investigadora, que al ser plural podría tener algún impacto. La segunda es convertir en una prioridad el Sistema Nacional Anticorrupción, aunque eso sería estructural, no dirigido a la investigación; y la tercera, también sería poner un comité supervisor, que sería lo primero que nos hubieran tenido que platicar.

Si la credibilidad va a venir del comité y no del secretario de la Función Pública, hubieran anunciado primero el comité, para luego decir: “Y estos, que son gente muy reconocida, muy independiente, muy autónoma, son los que van a supervisar el trabajo de este otro señor, que en efecto sí es miembro del gabinete y es empleado, pero va a estar sujeto a la mirada y escrutinio de estos otros”.

¿Por qué no lo hicieron? Bueno, pues, hasta ahora no hay una explicación; alguien podría decir que porque no quieren que los investiguen. Han cometido tantos errores en los últimos cinco o seis meses que no es imposible que cometan uno más hoy. Nos estamos acostumbrando a que de alguna manera les salen mal las cosas. Están como salados, por lo que no es imposible que este sea un nuevo error. Y el tercero es que pensaban que sí podían armar el comité al mismo tiempo que la designación del Secretario. No les salió. Entonces echaron por delante al nuevo Secretario y están desesperadamente tratando de armar el comité.

Uno aquí se puede preguntar, ¿por qué Virgilio Andrade aceptó cuando era obvio que le iba a ir muy mal, que los comentarios no serían nada buenos? Hoy hay muchas caricaturas en los diarios nacionales en donde hacen cera y pabilo de él.

EL ESCABROSO ASUNTO DE LA LÍNEA 12 DEL METRO

El asunto de la Línea 12 del Metro, en el DF, se encuentra en un punto álgido. Se está viendo un duelo de estrategias en donde cada quien está manejando sus piezas. Evidentemente, la línea del metro, que fue responsabilidad del gobierno de Marcelo Ebrard y por la cual se traicionó a sí mismo hasta en lo ideológico, si es que Ebrard tuviera ideología, porque está visto que no la tiene, es un político pragmático, bueno para los negocios y con una ambición mayor que para los negocios. Recordamos que él no quiso tomarse la foto con el presidente Calderón cuando fueron a inaugurar juntos la línea, lo cual permitió un fracaso, financiado con dinero de la federación y con deuda. Esa línea no funciona y si no funciona lo que una persona hizo, pues hay que preguntarle por qué lo hizo de esa manera; y hay que preguntárselo al directamente responsable: ¿Por qué desmanteló toda una estructura de operación para la construcción del metro? ¿Por qué sustituyó y puso a su gente? Y ¿por qué al final de cuentas hicieron cosas absolutamente incompatibles, ya no digamos con la ingeniería aplicada, sino con la lógica? ¿Como pueden poner trenes que no ajustan al tamaño de las vías? Y tirar la enorme y millonaria cantidad de recursos de este país que está verdaderamente en los límites de la crisis económica –con recortes, con los precios del petróleo por el suelo, etcétera–. Ahora tratan de convertir esto en el espejo de otra corrupción y dice Andrés Manuel –que no pierde una– que por qué no averiguan lo del avión y por qué no averiguan lo de las concesiones, de los contratistas, etc. Y sí, se debe investigar eso también, pero una cosa no impide la otra. Haber hecho comisiones tardías y benévolas tanto en la Cámara con el Congreso, como en la Asamblea de Representantes, nos dice algo muy sencillo: Esto no tendrá consecuencias. Las investigaciones legislativas nunca producen resultados. Ebrard no va a padecer absolutamente ningún quebranto personal por eso. Sus ambiciones no son llegar a la Cámara; quiere llegar a la Cámara para ver si le dan una inmunidad parlamentaria y un fuero que le permita pasar este gobierno y terminarlo sin que le finquen un proceso penal. Y cuando llegara a pasar esto no le pasaría nada como no le pasó nada en el linchamiento de Tláhuac, y como no le pasó nada con el News Divine, y como no le pasó nada a nadie en este país cuando pasan cosas realmente graves. Aquí se castigan las cosas leves, pero las cosas graves obedecen al artículo 2 de la Constitución Política que es la de los políticos. El artículo 1° dice “con dinero baila el perro”, el artículo 2° dice: este artículo, una vez aplicado el primero, resulta absolutamente innecesario como todos los demás, y se acabó.

En el asunto de la Línea 12 se repartió mucho dinero, se hicieron muchos negocios. La línea dorada es la estela de luz del PRD, por si le faltara lo de Iguala y es la prueba de que la Revolución Democrática es tan corrupta como cualquier otra corriente política que haya vivido y pasado por este país en el cual los ciudadanos padecemos la ineficiencia, la corrupción, la falta de vergüenza de toda la clase política del color que usted quiera. Ahora dice Ebrard que es cosa de Manlio Fabio Beltrones, como si Beltrones hubiera operado la línea que él construyó mal y que Mancera tuvo que cerrar antes de que hubiera un accidente fatal.

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