RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Los pueblos tienen el gobierno que se merecen. Inicio con esta frase pues tiene que ver con lo que ocurrió el domingo pasado en la ceremonia de la industria del cine de los Estados Unidos, a la cual los mexicanos vemos con una reverencia casi mágica. Para los mexicanos, de muchos años para acá, el Oscar se ha vuelto una obsesión. Recuerdo que cuando trabajaba Rodolfo Echeverría en el Banco Cinematográfico, se manejaba como uno de los grandes propósitos lograr que el cine mexicano le entregara al presidente Luis Echeverría, como evidencia del desarrollo de esa industria nacional, un Oscar. Esa era la finalidad, ganarse un Oscar. Y en algún momento el dueño de las tiendas de Aurrera, de apellido Arango, patrocinó un documental que obtuvo un Oscar, y entonces eso era ya la gran hazaña. Pero bueno, ahora algunos inteligentes cineastas mexicanos, algunos técnicos, algunos artistas y algunos creativos como Luvezky, González Iñarritu, Quarón, etc. han ido a trabajar a los EEUU y han hecho un buen trabajo y han ganado muchos premios y muchos reconocimientos.

Últimamente a los mexicanos también nos da por utilizar el escenario del espectáculo como tribuna de posicionamiento político. Parte de lo políticamente correcto es que le den un premio porque vendió 100 mil discos y levante su premio y diga: “¡Todos somos 43!”. Es parte del aprovechamiento complementario de lo que la fama del espectáculo les permite. Les permite trascender por encima de la intrascendencia farandulera y nadie podría aceptar que Hollywood sea intrascendente y farandulero; es la cuna de la industria cinematográfica, es la fábrica de los sueños del mundo, es el escenario de la imaginación, de la fantasía. Preguntan ¿qué hay detrás de las colinas de Hollywood?, pues ahí está “Somewhere over the rainbow”, está Súperman, King Kong, John Wayne, etc. Está la parte supra dominante de la cultura americana del cine y queremos que el cine de los EEUU nos tome en cuenta aunque sea de la manera en que ya sabemos ahora. Por eso si hace unos meses el señor Quarón se convirtió en el fiscal de la reforma energética, ahora algunos esperaban que González Iñarritu hiciera un pronunciamiento político profundo; y no hizo un señalamiento profundo, simplemente dijo que él quisiera ver algún día construir el gobierno que nos merecemos. Y aquí yo diría, contradiciendo un poco al señor G. Iñarritu, que desde tiempos del siglo XVIII se viene diciendo, lo dijo Joseph de Maistre, que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, aunque André Maurois, el hombre de la cultura de la quinta república francesa, con de Gaulle, dijo: “Si los pueblos no tienen los gobiernos que se merecen, a veces tiene los gobernantes que se les parecen”.

Creo que fue muy inteligente González Iñarritu; quedó bien con los políticamente correctos. Se refirió a una necesidad de cambio de construcción colectiva de la cosa pública y de paso habló de su otro país, porque no podemos ignorar la binacionalidad de quienes han hecho en EEUU su carrera cinematográfica así hayan nacido en México y hayan empezado aquí su trabajo profesional. Él dijo: “y los que tengan que venir a los EEUU se les trate con la misma dignidad que como se trató a quienes llegaron antes y construyeron este maravilloso país de inmigrantes”. No sé si con eso estaba respondiendo la pregunta de Sean Penn: “¿Y a este cuate quién le dio la tarjeta verde?”, y tampoco sé si estaba exorcizando lo que vaya a pasar en el próximo Oscar del año siguiente, cuando dice él mismo, que ya es un poco sospechoso que los mexicanos estén llevándose los premios, lo cual a mí me parece bien por donde quiera que se le vea. Me parece bien que González Iñarritu hable de que mereceríamos otros gobiernos, otra eficacia gubernamental; y me parece también muy correcto que señale allá las maniobras que está haciendo el Partido Republicano para paralizar los proyectos del Poder Ejecutivo de allá, del señor Obama, que hace a un lado las órdenes de deportación porque tiene otro proyecto derivado de que no pudo sacar la reforma migratoria completa.

Creo que si se tuviera que dar un Oscar al discurso más citado y que menos duración haya tenido en la historia de las relaciones México-EEUU, ya le darían el Oscar de la oratoria a González Iñarritu, porque en menos de dos minutos logró colocar dos temas de importancia en la discusión política binacional: La eficacia o el mérito que tiene el gobierno mexicano actual y la necesidad de que el gobierno de los EEUU en su conjunto modifique su actitud en relación con los emigrantes, que para ellos son inmigrantes. No es un juego de palabras, es simplemente que habríamos que decir cuáles son los gobiernos que nos merecemos, o cuál es, según González Iñarritu, el gobierno que México se merece. ¿Cuál?

 

EL PAPA Y LA “MEXICANIZACIÓN”

Mucha polémica levantó en el gobierno mexicano lo dicho por el Papa sobre su preocupación de que Argentina caiga en la mexicanización. Creo que desde el punto de vista de relaciones diplomáticas entre el gobierno de México y el Vaticano, porque al final es con ellos con quienes tenemos relaciones, no se le debe dar mayor importancia a esto que era una comunicación privada del Papa Francisco con un amigo en Buenos Aires que seguramente fue quien lo filtró, pues también consideró que era algo que no dañaba la imagen del Papa o la situación del Vaticano. Desde ese punto de vista, creo, repito, que no se le debe dar mayor importancia; no sé si realmente se necesitaba una respuesta del gobierno de México a sabiendas de que la respuesta del Vaticano iba a ser exactamente que no era para agraviar a nuestro país. Esa parte, creo que está muy clara y no hay que darle importancia. Lo que harían muy bien en meditar el presidente Peña, su equipo de gobierno, las elites mexicanas y la iglesia católica mexicana, es que lo que el Papa dijo en su correo electrónico a su amigo en Buenos Aires, pues por ser justamente una comunicación privada, es lo que el Papa piensa, eso me parece mucho más interesante; si hubiera sido una declaración pública hubiera sido hecha en lugares comunes y con las frases de siempre: “el esfuerzo de México”, “los avances de México”, etc., etc., y todos esos rollos que conocemos, pero esta fue una declaración privada, espontánea, tal vez ingenua, aunque no le veo a un jesuita, cardenal y Papa muchos visos de ingenuidad, esto es lo que él realmente piensa, que la situación en México es de terror.

Lo que me sorprende no es lo que el Papa le haya dicho en una carta a un amigo, sino la reacción tan torpe del gobierno mexicano, pues confrontarse con el Papa verbalmente es perderla totalmente. Creo que hubiera sido una mejor estrategia simplemente guardar silencio y decirle a Mariano Palacios –embajador de México en el Vaticano– que viniera a México y tenerlo unos 15 días en el país sin hacer nada, pero para generarle a la Santa Sede un hecho que los obligara a ellos a ofrecer las explicaciones y no salir con una nota diplomática de queja. ¿De qué se quejan? Porque en realidad no hay motivo de queja. Y México con la reacción agrandó el tema. Se quedó más en ridículo con la aclaración. El correo del Papa que su amigo dio a conocer pudiera ser considerado de imprudente, pero no mentiroso e inclusive en el plan privado muy amable.

Lo que nos debe importar de todo esto, es entender que eso es lo que piensa el Papa de la situación en México. Olvidémonos de si debió haberlo dicho, si fue la manera, si la respuesta fue contundente, etc. Todo eso lo podemos discutir eternamente. Lo que ya sabemos a ciencia cierta es qué piensa el Papa de la situación en México. Yo, en la situación, en el lugar del presidente Peña, del canciller Meade, del secretario de Gobernación, diría: ¡Ah caray! ¿Esto es lo que piensa de nosotros alguien que le tiene un cariño y una admiración y una dedicación ex ante al segundo país más católico del mundo, después de Brasil? Yo me iría con cuidado y trataría de decir: “Bueno, esto ya no es el New York Times, ya no es el Wall Street Journal, ya no son las cadenas gringas de ultra derecha, ya no son las ONG, no, ¡es el Vaticano! Y no es la posición oficial, es la posición real que es muchísimo más interesante. Lo que importa es que eso es lo que piensa el Papa, no necesariamente el Vaticano.

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