Jesús Eduardo Martín Jáuregui

 “Creéis quizá que la gente es desdichada, que se lamentará. ¡Ah!, si así fuese, y no tendría perdón; sin embargo, cuando los resortes de la violencia estén tensos al máximo, cuando agobie con la carga más terrible el pecho de mi pueblo, entonces se dirá: No tenemos más que lo que merecemos, sufrámoslo.”Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, Maurice Joly. Libro Cuarto, diálogo vigésimo.

Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu, escribió su obra, un clásico del Derecho y de la Teoría Política, “El Espíritu de las Leyes” publicado en 1747, en donde a partir del sistema inglés, con una monarquía constitucional, un parlamento y un sistema judicial que tiene una raigambre y una fuerza enclavada en la tradición consuetudinaria, considera que la división tripartita logra un equilibrio en el que cada una de las fuerzas gubernativas desempeña su quehacer equilibrada por las otras dos. Tomando el modelo, concluye que el gobierno debe dividirse en tres poderes: el legislativo que se encarga de aprobar las leyes, el ejecutivo que realiza las funciones administrativas y se encarga del cumplimiento de las normas, y el judicial que dirime las controversias que se susciten con motivo de la aplicación de las leyes.

Por supuesto para lograr el equilibrio que concebía el Barón, era requisito sine qua non, que no se concentraran los poderes en las mismas manos. Es una teoría en que con un mecanismo jurídico de contrapesos, cada poder equilibra y contiene a los otros. Es posible que Montesquieu haya pensado en que cada uno de los poderes correspondería a tres estratos sociales tal como se presentaban en su momento: la realeza, la aristocracia y el pueblo. A quien quiere ver incluso la influencia de Newton y su ley de la gravitación universal con todo y manzana. Y, ahora que lo pienso, las manzanas han jugado un papel protagónico en la historia de la humanidad: la manzana de Eva, la de las Hespérides, la de Guillermo Tell, la de Isaac Newton, la de Guillermo Bates, y, casi me olvidaba, la de Blanca Nieves.

Las demás fuerzas sociales, factores reales de poder, entre las que podríamos señalar grupos con fueros: nobleza, clero regular y secular, comunidades, gremios, etc., fungirían también como equilibradores de los poderes, impidiendo los excesos, particularmente del monarca, quién estaría mas tentado a hacerlo por tener la facultad de mando, y por, una creencia largamente alimentada de que toda autoridad deviene de Dios. Es cierto que el modelo inglés se transformó hasta el extremo de que la monarquía juega un papel simbólico y de representación, sin tomar parte activa en el gobierno de todos los días, que corresponde al primer ministro, y que en Francia se consolidó un sistema, el de la quinta república, semi-presidencialista o semi-parlamentario, con un presidente de la república, un jefe del gobierno que es el primer ministro, un parlamento, y desde luego un sistema judicial.

El sistema judicial francés, heredado de la Revolución de 1789, se apoya en un derecho escrito, convenciones y tratados internacionales, el derecho comunitario europeo, la jurisprudencia y las costumbres. Le sustentan principios fundamentales: el acceso al derecho para todos; el acceso a la justicia para todos; la independencia y la neutralidad del juez; el control de la aplicación del derecho por el Tribunal de Casación; la gratuidad; la permanencia; la fijeza; la publicidad de las decisiones de justicia; la motivación de las decisiones; el derecho a un juicio justo; el recurso de apelación y el doble grado de jurisdicción.

En el prefacio de Jean-Francois Revel al “Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo (1469-1527) y Montesquieu (1689-1755)” se lee: Maurice Joly, abogado ante los Tribunales de París, vivió una existencia difícil y oscura. Típico rebelde (se fugó de cinco colegios en su juventud), puso sus dotes brillantes al servicio de la libertad y de sus antipatías. Opositor bajo todos los regímenes, tuvo un sinnúmero de enemigos y algunos admiradores. Revelan sus escritos que conocía tan bien el arte de encumbrarse (consagró a tema un curioso líbelo) como el de gobernar (los Diálogos lo atestiguan). Sin embargo, empleó su saber con el solo objeto de atacar a quienes aplicaban para su beneficio personal las técnicas del éxito. Su palabra mordaz eligió sucesivamente como blanco a Napoleón III, Víctor Hugo, Gambetta, Jules Grévy, en quienes apenas hizo mella. Pobre, enfermo y acabado, el 17 de julio de 1887 se descerrajó una bala de revolver en la cabeza. El Diálogo se publicó en Bruselas, sin nombre de autor, introducido en Francia de contrabando, sin gran esfuerzo la policía logró incautar toda la edición y desenmascarar al autor. Maurice Joly fue arrestado y permaneció cerca de dos años en la cárcel. Una versión del libro, en ruso, fue publicada en Moscú en 1920, con el nombre de “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, en el que pretendidamente se desenmascaraba a los judíos de un complot mundial. Aclarado el plagio la obra ha sido reeditada con el éxito que nunca alcanzó su autor.

En el Diálogo, Joly plantea en el Infierno, el que hubiera sido imposible en el mundo, en el que las tesis de conseguir y conservar el poder, el poder por el poder mismo de Nicolás Maquiavelo, se contraponen a la visión optimista republicana y en cierto sentido al servicio de la democracia, del Barón. Paso a paso, o mejor, palabra a palabra, Maquiavelo va diseccionando los argumentos del francés, mostrándole que tarde o temprano, quien controla la administración, que es quien controla también el erario, las fuerzas del orden, el ejército y la mayor parte de la burocracia, terminará teniendo el control del estado. Y, sin embargo, por la propia conveniencia del Ejecutivo, es necesario que la apariencia sea de que existe un control y que los otros dos poderes, convenientemente cebados por las generosas dádivas de la administración, seguirán jugando su papel de coro. Como decía el caricaturista Abel Quezada: “el chiste de la democracia en México, es que parezca, no que sea”.

No se sabe si Donald Trump haya leído a Maquiavelo, a Montesquieu o a Joly, probablemente solo ha leído billetes, cheques, acciones, pagarés y, desde luego cualquier texto que no pase de 140 caracteres, sin embargo ha demostrado una gran intuición para ejercer el poder. La pregunta, sin duda es, ¿hasta dónde, hasta cuándo, los controles que los padres conscriptos de los EE.UU. idearon entrarán en acción? Y otra mas inquietante ¿Los controles lograrán controlar a Trump?.

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