Ocho de cada cien adultos mayores de México tienen alguna demencia como el Alzheimer, y de ahí la urgencia ineludible para que se trabaje en el diagnóstico precoz, certero y oportuno, sobre todo ahora con las secuelas que el COVID-19 puede dejar en algunas personas, afirmaron ayer médicos geriatras y la Fundación de Familiares con Alzheimer.
En la conmemoración del Día Mundial del Alzheimer, la presidenta de la fundación, Bertha Dora Quezada, afirmó que el diagnóstico precoz debe ser el punto de partida para abordar de modo integral cualquier forma de demencia y, de esta manera, se podrá atender oportunamente a los pacientes, donde las familias y los cuidadores podrán prepararse y organizar su propia vida.
Durante un foro de concientización sobre el Alzheimer, organizado por el DIF estatal, Bertha Dora Quezada recalcó que la mayoría de los pacientes se detectan en situaciones de la enfermedad moderada o avanzada, y una de las principales observaciones es que todos los pacientes, desde 10 o 20 años antes de manifestar síntomas, dan muestras de un cerebro que enfrentaba alteraciones y ahora se deben observar los trastornos de conducta y hacer valoraciones cognitivas.
En la medida en que se trabaje en un diagnóstico precoz, se abrirán oportunidades para la investigación biomédica y social, por lo que hay que sensibilizar a los profesionales de la salud, así como a las familias, para observar posibles comportamientos que se relacionan con la enfermedad.
La presidenta de la Fundación de Familiares informó que el costo anual, a nivel mundial, para la atención del Alzheimer y otras demencias es de 1.3 trillones de dólares, y para el año 2030 será de 2.8 trillones de dólares invertidos, pues cada tres segundos se diagnostica una demencia y el 70% de ellas es la enfermedad de Alzheimer.
El crecimiento estimado de personas que tendrán una demencia, en el 2019, fecha en que inició este tipo de estadística, eran de 55 millones y en el 2030 serán 78 millones, mientras que en el 2050 sumarán 139 millones de personas afectadas.
Esta enfermedad impacta fuertemente en los hogares, porque de dos a tres integrantes, en torno al paciente diagnosticado, resultan muy afectados al convertirse en sus cuidadores, los cuales podrían presentar un problema de salud mental si no reciben el apoyo adecuado, recalcaron las médicas geriatras Carolina Bernal y Lourdes Aviña.