Por Dra. Ednna Milvia Segovia Miranda

Hace algunos días fui invitada por parte de la directora de la Instancia de la Mujer del municipio de Rincón de Romos, Aguascalientes, a impartir una conferencia dirigida a las mujeres que se involucran en diversos procesos dentro de esta Institución; conocer a tantas mujeres en este evento me hizo recordar uno de los antecedentes de la participación de la mujer en el ámbito laboral que ocurrió en la Revolución Francesa, en la que se declaró la igualdad de derechos humanos, pero sobre todo lo que ocurrió posteriormente en la Revolución Industrial, época en la cual se permitió el ingreso de la mujer al mundo del hombre y se modificaron los tradicionales patrones de masculinidad y feminidad; sin embargo, a las mujeres aún nos queda un largo camino por hacer…

Una manera es continuar visibilizando la violencia que sufren las mujeres y niñas, seguir generando consciencia para prevenirla y erradicarla; movilizar a la opinión pública y a los gobiernos para emprender acciones concretas con el fin de promover y fomentar la cultura de la no violencia a través de campañas, grandes campañas, siendo una de ellas la que conmemoramos internacionalmente el día 25 de noviembre de cada año, y que ratificamos cada día 25 de cada mes como #DiaNaranja. Que como ustedes saben, esta efeméride fue elegida para honrar la memoria de las hermanas Mirabal, tres activistas políticas de la República Dominicana que fueron brutalmente asesinadas en 1960, por orden del dictador dominicano Rafael Trujillo. Antecedente histórico que motivó el interés de la ONU Mujeres para iniciar bajo el lema «Di NO. ÚNETE», una campaña que se pinta de color naranja, pues es un color que significa el futuro brillante y optimista libre de violencia contra las mujeres y niñas al que aspiramos.

De entre las experiencias que compartimos en la Instancia para la Mujer, coincidimos que es de vital importancia poner fin a estas situaciones de violencia, ya sea mediante la adopción de enfoques integrales e inclusivos que aborden las causas que lo generan, o bien, empoderando a las mujeres y las niñas; además de continuar brindando servicios esenciales a las víctimas por violencia de género en los sectores policial, judicial, sanitario y social, así mismo se requiere destinar financiamiento suficiente para la agenda de los derechos de las mujeres. Conocemos de sobremanera que la población femenina es altamente vulnerable de sufrir violencia de género, especialmente las niñas y las mujeres de la tercera edad, mujeres pertenecientes a la comunidad LGBT (lesbianas, bisexuales, transgénero o intersex), las migrantes y refugiadas, las pertenecientes a pueblos indígenas o minorías étnicas, mujeres y niñas con VIH-Sida, discapacitadas y aquellas que habitan en países con crisis humanitarias, y que, mucho más allá de las cifras y de la invitación a “pintar nuestro mundo de naranja”, debemos involucrarnos activamente, solidariamente, sumarnos a construir un mundo libre de discriminación, desigualdad y actos de violencia hacia mujeres y niñas.

Se debe destacar que en todo el Mundo existen múltiples disposiciones encaminadas a defender la igualdad de las mujeres y eliminar la violencia contra las mujeres y niñas, por ejemplo: la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, emitida por la Asamblea General de la ONU en 1993; además de que el Estado Mexicano, no solamente se ha preocupado por este tema, sino que se también se ha ocupado por combatir cualquier tipo de violencia contra la mujer y niñas, tan es así que la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) y la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM), han llevado a cabo acciones que buscan impulsar en materia de paz y seguridad  para la reconstrucción del tejido social establecido en la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde se reafirma el importante papel que desempeñan las mujeres en la prevención y solución de los conflictos y en la consolidación de la paz.

A las mujeres y los hombres que se solidarizan cada #DíaNaranja, pero sobre todo a aquellas personas que participan activamente en la prevención y erradicación de la violencia contra la mujer, y que, muchas de las veces el desafío les genera desesperanza, les digo: yo soy optimista, y creo que una vez que aceptamos que hay un problema, una vez que ponemos el problema en la discusión de la opinión pública y que buscamos aliados comprometidos para hacer diferencia se puede cambiar. La realidad no cambia por decreto, cambia con solidaridad, con voluntad, con vocación, con esfuerzo, con dedicación y convencimiento.

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