Mircea Mazilu

 Hoy, 14 de julio, se celebra el Día Nacional de Francia, jornada que evoca la Toma de la Bastilla, un acontecimiento sucedido en 1789,dentro del contexto de la Revolución Francesa. La liberación de esa fortaleza que servía como prisión para los enemigos de los reyes franceses simboliza el inicio del final del Antiguo Régimen y de la monarquía absoluta, la cual había gobernado el mundo a lo largo de varios siglos de historia.

La Revolución Francesa estalló en 1789 como consecuencia de la crisis económica, la acumulación de poderes en la figura del monarca y su familia, así como la ausencia de libertades y derechos para una mayoría de población pobre y oprimida; duró más de 10 años y conoció diferentes fases en su desarrollo, a saber: la de la Asamblea Legislativa (1791-1792), la de la Convención Nacional (1792-1795) y la del Directorio (1795-1799).

Las consecuencias de esta revolución fueron enormes para el mundo entero, pues aportó la declaración de derechos humanos universales como, por ejemplo, la igualdad y la libertad; la instauración de la soberanía popular; la caída de la monarquía absoluta y del orden feudal; y el establecimiento de un orden nuevo que promovía el ascenso de la burguesía, al mismo tiempo que eliminaba la herencia de los privilegios y la existencia de las clases inamovibles: siervos, clero y aristocracia.

Además, la Revolución Francesa sirvió de estímulo para las entonces colonias americanas, que, a continuación, se sublevaron contra la metrópoli para conseguir su independencia.

Así pues, en mayo 1880, como recuerdo de la Toma de la Bastilla y por iniciativa del diputado del Sena, Benjamin Raspail, se propuso el 14 de julio como Día Nacional de Francia, una fiesta que se celebra año tras año con fuegos artificiales, conciertos, bailes y desfiles militares, entre otras actividades.

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