Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

 AGRADECIMIENTO DEL ANCIANO

Gracias a quienes: Entienden lo torpe de mi caminar y la poca firmeza de mi pulso. / Comprenden que ahora mis oídos se esfuerzan por escuchar lo que ellos dicen. / Se percatan de que mis ojos están empañados y mi sentido del humor limitado. / Disimulan cuando derramo el café sobre la mesa. / Se detienen a charlar conmigo por unos momentos. / Aceptan mis fallas de memoria y nunca me dicen: “eso ya lo dijiste”. / Saben despertar recuerdos de un pasado feliz. / Me hacen saber que soy querido y respetado y que no estoy solo. / Comprenden lo difícil que es encontrar fuerzas para vivir con dignidad y me permiten esperar tranquilo el día de mi partida. Anónimo.

JUVENTUD

La juventud no es una época de la vida; es un estado mental. No consiste en tener mejillas sonrosadas, labios rojos y piernas ágiles. Es cuestión de voluntad; implica una cualidad de la imaginación; un vigor de las emociones; del ímpetu aventurero sobre el apego a la comodidad. Esta actitud a menudo se encuentra más en un hombre de sesenta años que en un muchacho de veinte. Nadie envejece meramente por el número de años que ha cumplido. Envejecemos cuando desertamos de nuestros ideales. Los años pueden arrugar la piel; pero cuando se renuncia al entusiasmo le salen arrugas al alma. Las preocupaciones, el temor, la falta de confianza en sí mismo, encogen el corazón y aniquilan el espíritu. Lo mismo a los sesenta años que a los dieciséis, en todo corazón humano palpitan el ansia por lo maravilloso, el constante apetito _ como de niño _ por lo que ha de venir y la alegría inherente al juego de la vida. En el centro del corazón _ del tuyo y el mío _ existe una estación de radio. Mientras reciba mensajes de belleza, esperanza, alegría, valor y fuerza, tanto de los hombres como del infinito, seguirás siendo joven. Cuando se abatan tus antenas, cuando las nieves del cinismo y el hielo de pesimismo cubran tu espíritu, entonces sí habrás envejecido, aunque sólo tengas veinte años. Pero mientras tus antenas sigan en alto, dispuestas a captar las ondas del optimismo, hay esperanza de que mueras joven, aun cuando seas un octogenario. Margaret Masson.

LOS ESPERO EN EL CIELO

Cuando tenga que dejarlos por un corto tiempo, por favor, no se entristezcan, ni derramen muchas lágrimas, ni abracen su pena por mí, mucho tiempo. Al contrario, empiecen con valentía y con una sonrisa. Y en mi memoria y en mi nombre, vivan su vida y hagan las cosas igual que antes. No aumenten su soledad con días vacíos sino que llenen cada hora que están despiertos con actos útiles. Den su mano para ayudar, consolar y animar, y yo, en cambio, les ayudaré a ustedes. Y nunca, nunca tengan miedo de morir, pues los estoy esperando en el cielo. Anónimo.

¡PIENSA EN MÍ!

Si tú me amas, no llores más por mí… / Si conocieras el misterio insondable del cielo donde me encuentro… / Si pudieras ver y sentir lo que yo siento y veo en estos horizontes sin fin y en esta Luz que todo alcanza y penetra, tú jamás llorarías por mí. / Estoy ahora absorto por el encanto de Dios y por sus expresiones de infinita belleza. / En confrontación con esta nueva vida, las cosas del pasado son pequeñas e insignificantes. / Conservo aún todo mi afecto por ti y una ternura que jamás pude en verdad revelarte. / Nos quisimos entrañablemente en vida pero todo era entonces muy fugaz y limitado. / Vivo en la serena expectativa de tu llegada un día… entre nosotros. / Piensa en mí en tus luchas diarias; piensa en esta maravillosa morada donde no existe la muerte y en donde estoy junto a la Fuente inagotable de la Alegría y del Amor. Si verdaderamente me amas, no llores más por mí… ¡ESTOY EN PAZ! Anónimo. (Tomados de Un Nuevo Regalo. Roger Patrón L.)

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