Durante los últimos meses, nuestro país ha tratado de detener el avance de la pandemia y la pérdida de vidas; sin embargo, a pesar de los enormes esfuerzos por mantener una cuarentena, la realidad del país superó a las sugerencias internacionales y obligó a que más temprano que tarde se acudiera a una “nueva normalidad” en la que intentamos “rehacer” nuestra “vida” y salimos a poner en riesgo nuestra salud de manera necesaria o innecesaria todos los días con el afán de sobrevivir en un entorno económico que así lo exige.

Regresar a esta “nueva normalidad” ha sido una consecuencia obligada y derivada de una economía que realmente no soportó parar por completo más de treinta y cinco días, siendo que con ese tiempo y algunos paros intermitentes antes o después del “pico” de la pandemia bastaron para conocer miles de historias de despidos, deudas, depresiones y factores diversos; aunque también bastaron para conocer decenas de historias de personas que contrajeron o contaban con síntomas del COVID-19.

Los meses han transcurrido y en virtud de ello, la carrera por la vacuna que permita inmunidad parece acortarse. Siendo que, diversos medios de comunicación han difundido y publicado en las últimas semanas los avances de las vacunas provenientes del Reino Unido en conjunto con empresas Norteamericanas y diversas farmacéuticas, así como de algunas Chinas o inclusive algunas provenientes de Rusia.

Lo importante de esto, es que comienza a existir una esperanza y a partir de este momento, nuestros gobernantes deben de redoblar esfuerzos por fomentar la cooperación internacional y esperar que el país pueda fondearse de vacunas al momento de que uno de los proyectos cuente con todas las autorizaciones y certificaciones necesarias. Según ha manifestado el canciller mexicano, nuestro país participa en todos los esfuerzos multilaterales para el aceleramiento, desarrollo, producción y distribución justa de la vacuna contra el COVID-19; específicamente: en la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI), en la Alianza Global de Vacunas e Inmunización (GAVI) y en la propia Organización Mundial de la Salud (OMS).

Aunado a la cooperación internacional, nuestro país tiene que comenzar una nueva estrategia en la que dimensionemos nuestra realidad y la posición que quizá ocupemos en obtener las vacunas o medicamentos necesarios para frenar la pandemia. Dicha estrategia deberá de verse acompañada primeramente de una atención por parte del gobierno federal para continuar manteniendo los empleos y con ello los ingresos de las familias mexicanas no se vean tan afectados.

Será momento de promover una “nueva normalidad” pero al mismo tiempo robustecer las medidas que obliguen el uso obligatorio del cubrebocas; enfocando entonces esfuerzos para que también las autoridades federales vigilen verdaderamente que los centros de trabajo cuiden a sus trabajadores y no se utilicen estos mecanismos de forma perversa para cerrar empresas, extorsionar empresarios o amedrentar políticamente a quienes se encuentran al frente de los centros de trabajo.

Se trata de promover una “nueva normalidad” en la que la información sea accesible, veraz y fluida; mientras tanto, habrá que estar muy pendiente de las acciones del gobierno mexicano para que, con independencia del entorno internacional, estemos listos para la consolidación de un entorno que contenga la pandemia y nos permita llegar sanos a esa vacuna.

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