El impacto de la pobreza en amplios grupos poblacionales permea con mucha fuerza en otros aspectos relacionados con la calidad de vida, la equidad y los derechos humanos, señaló, Francisco Avelar González.
Entre ellos, el desarrollo educativo y cultural, pero también de servicios básicos, de acceso a la salud e incluso de representación política, agregó el rector de la Universidad Autónoma de Aguascalientes.
En un pronunciamiento público respecto de la conmemoración del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, indicó que, si deseamos un mundo con menores desigualdades sistémicas, debemos generar mecanismos estructurales que nivelen el terreno de competencia para todos.
Es decir, un espacio en el que verdaderamente todos tengan la capacidad de superarse de acuerdo a sus capacidades intelectuales o físicas y, por supuesto, en función del esfuerzo que realicen.
Dejó en claro que no se trata de sostener a quienes no tienen deseos de superarse, sino de generar oportunidades y establecer un marco de competencia justo, parejo, para aquellos que actualmente se encuentran en desventaja, debido a su posición de vulnerabilidad económica, racial, de género o social.
En ese contexto, consideró que, si tomamos conciencia sobre el problema y cada uno en lo individual hace algo al respecto, en la medida de nuestras posibilidades y de acuerdo con las responsabilidades que tenga, habrá cambios.
No sólo nos encaminaremos positivamente a la resolución de las carencias de una gran parte de la población mundial, sino que además reduciremos en buena medida diversos problemas relacionados con la violencia, la inseguridad, la inequidad y la injusticia.
Avelar González destaco que, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, “en todo el mundo, más de 800 millones de personas aún viven con menos de 1.25 dólares al día y muchos carecen de alimentos, agua y saneamiento adecuados”.
Por su parte, el organismo Oxfam, en enero dio a conocer que el uno por ciento más rico de la población mundial acaparó el 82% de la riqueza generada en 2017, mientras que la mitad más pobres, unos 3.700 millones de personas no se benefició en absoluto.