Jesús Eduardo Martín Jáuregui

 “El tiempo que pasa, es la prueba que se desvanece”, Dr. Luis Rafael Moreno González.

El caso de la desaparición y muerte de la estudiante Debanhi Escobar ha mantenido la atención de los medios y el público en los últimos días. Es evidente hasta para el menos versado en temas policiacos, la serie de omisiones en que han incurrido los investigadores de la Fiscalía de Nuevo León. En sus clases de Medicina Legal mi maestro Moreno González insistía en lo importante que resultan las primeras investigaciones, la preservación del sitio donde ocurrieron los hechos, la recopilación de datos, documentos, testimonios, objetos, etc., que sean complementarios de la investigación.

Toda investigación debía responder a preguntas básicas: ¿Qué?, ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? y ¿Por qué? A priori no puede desecharse ningún dato por irrelevante que parezca, ningún indicio puede dejarse de tomar en cuenta, ninguna circunstancia puede pasarse por alto. El tiempo que transcurre, decía mi maestro que por cierto fue director del Semefo que ahora lleva su nombre, es fundamental, más aún señalaba que las primeras 48 horas son claves para la investigación. En 48 horas no sólo se pueden desaparecer huellas, sino se pueden crear indicios falsos, recrear escenarios, borrar vestigios, etc., de allí la importancia de que las alertas por la desaparición de una mujer den paso de inmediato a la investigación y la búsqueda.

En el caso de Debanhi Escobar, no sólo se dejó transcurrir el tiempo, sino que, ahora lo sabemos, hubo una serie de actitudes negligentes y conductas plagadas de indolencia. El responsable último de la investigación es el Fiscal y no es posible que casi dos semanas después no se hubieran podido tener y no se tengan datos que serían relevantes.

Es cierto que, por razones de la misma investigación, resulte comprensible que algunos datos no se den a conocer, se mantengan en secreto, en tanto pueda perjudicarse al conjunto de las averiguaciones, pero ahora sabemos, que no se habían practicado las más elementales diligencias. Aunque, piensa mal y acertarás, quizás la negligencia tenga otro nombre y se trate de omisiones criminales.

Las grabaciones que ayer se dieron a conocer sin duda existían desde que acontecieron los hechos. ¿Por qué no las tuvo de inmediato la fiscalía? Si la última imagen conocida la ubicaba sola en una avenida a doscientos metros de oficinas de la Fiscalía General de la República, al iniciar por allí, debieron recopilarse las grabaciones de las diversas cámaras de vigilancia existentes, (se mencionaron dieciocho). ¿Por qué si las grabaciones la muestran ya en el interior del motel, no se realizó una búsqueda exhaustiva?, ¿Por qué no se clausuró el hotel para la investigación?, ¿Si ahora el médico legista afirma que la cisterna en que fue “hallado” el cuerpo sólo tenía noventa centímetros de agua cómo es que no se le detectó antes? ¿Cómo puede ser que en ninguna de las cuatro búsquedas anteriores se hubieran localizado los efectos personales que ahora se encontraron?

Cada vez, surgen más preguntas sin repuesta. ¿De quién es la “quinta” en la que se celebraba la última fiesta de la cual salió Debanhí?, ¿Qué clase de fiesta es esa a la que se llega a la una de la mañana en una colonia apartada y más o menos escondida?, ¿Quiénes más asistieron a la fiesta?, ¿Quién es el “jaguar” que se ofreció a llevarla a su casa y que ella no aceptó por no inspirarle confianza?, ¿Si según el celular de su amiga, luego de que se bajó del Didi, ésta le ofreció pasar por ella junto con el “jaguar”, efectivamente regresaría por ella?, ¿Al ver que llegaba el “jaguar” correría a esconderse en el motel?, ¿Es aceptable que la información del celular de la amiga no haya sido dada a conocer a los padres de Debanhi sino hasta diez días después?, ¿Por qué la grabación del taxista en la que quedaron registradas las, al parecer, últimas palabras de ella, no había sido conocida por los padres?.

La rueda de prensa ofrecida por la fiscalía de Nuevo León el día de ayer, resultó frustrante, contundente e indignante. La nueva fiscal especializada se limitó a repetir siete veces su mismo rollo: “como presumimos que es un feminicidio, ninguna línea de investigación se excluye” claro adornada de una serie de terminajos técnicos pero sin nada concreto. A la pregunta específica de que si hubo agresión sexual contestó  que no, pero podría ser que sí, porque si bien la necropsia arrojó que no, podía ser que con testigos u otros elementos se pudiera al concatenar los resultados comparándolos, concluir que sí, aunque la necropsia diga que no.

Al perito legista prácticamente el Fiscal le arrebató la palabra cuando contestó a la pregunta de la causa de la muerte. El perito dijo: la causa de la muerte (la contusión profunda en el cráneo) ha quedado clara, se sabe que al caer a la cisterna estaba viva, hubo reacciones de su cuerpo, no tenía agua en los pulmones, sólo tenía noventa centímetros de agua por eso no se ahogó… fue en eso que tras varios intentos el fiscal rescató el micrófono para matizar la versión del legista, señalando que había varias hipótesis, una de ellas la de que estaba viva al momento de caer.

Lamentablemente Debanhi Escobar está muerta, el proceso de investigación continúa y ojalá se puedan precisar las circunstancias de la muerte y las responsabilidades y culpabilidades si las hubiera, lo que es un hecho es la insuficiencia de los protocolos de actuación en materia de desaparición de mujeres, la falta de capacitación del personal de una fiscalía de uno de los estados más desarrollados de la República, las impericias y negligencias de una investigación que, desde un principio, mostraba claras líneas de investigación que agotar.

La Cámara de Diputados federal anunció la creación del delito de tentativa de feminicidio y el aumento de penalidades para esos delitos. El Senado de la República anunció la creación de otro organismo, ahora para registrar los datos de las personas desaparecidas. Después de ahogado el niño, tapar el pozo. Ninguna de esas medidas van a tener consecuencias directas ni inmediatas. Es necesario revisar e implementar ya, los protocolos de atención e investigación, y para ello se requerirá el apoyo presupuestal que la 4T les ha escatimado a los organismos responsables.

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