Por: Itzel Vargas Rodríguez

Es inevitable, ineludible, ensordecedor el tema, una simple palabra lo asocia todo: Ayotzinapa. Y es que sólo unas cuantas horas bastaron después del altercado del pasado 26 de septiembre en Iguala, Guerrero para que la indignación se desbordara. Las redes sociales se llenaron de hashtags de apoyo #Ayotzinapa, #TodosSomosAyotzinapa o #43conVida, y ya se estaba planeando con la misma rapidez marchas a niveles internacionales para exigir al gobierno que tomara las medidas necesarias para que aparecieran los 43 normalistas.

Se sumaron 18 ciudades del mundo a marchar para pedir justicia: Buenos Aires, Bogotá, Quito, Londres, La Paz, Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Seattle, San Francisco, Montreal, Berlín, Munich, Madrid, Barcelona, Oslo… y también jóvenes estudiantes alrededor del mundo subieron fotos a las redes sociales donde se solidarizaban por lo ocurrido.

Los diarios internacionales cubrieron notas también. El País sacó un relato bastante descriptivo titulado “La pareja que bailaba entre cadáveres” haciendo irónica comparativa a la respuesta que el alcalde de Iguala dio ante el ataque a los normalistas, lavándose las manos de que se encontraba en un baile, justo cuando unos eran secuestrados y otros asesinados. Y diarios como Le Monde en Francia, O Globo en Brasil, The New York Times o El Mercurio de Chile, hicieron hincapié en la serie de movilizaciones que hubo a lo largo y ancho del país para exigir la aparición con vida de los 43 normalistas.

La indignación llegó a un punto insostenible y con toda razón, lo que provocó el surgimiento de esos llamativos y espontáneos fenómenos sociales que marcan a las generaciones: los movimientos estudiantiles y toda su expresión en todo su esplendor.

Esas movilizaciones que se han visto presentes desde antaño (sobre todo tomando fuerza desde un auge social-histórico que se dio en los años 70 con el movimiento hippie) de estas, vale la pena realizar un breve análisis social de actualidad.

En México, lo que ocurre socialmente con los estudiantes es producto de un malestar congregado no sólo de este terrible evento, sino de muchos más que el contexto nacional y mundial viene marcando. Precisamente teniendo como antecedentes movimientos resultantes de la crisis económica mundial como “los indignados”, o de cambios sociales como “la Primavera árabe”. De protestas que no sólo reclaman sino que proponen cambios sociales como los jóvenes chilenos que pedían accesibilidad a la educación, el mismo #YoSoy132 y más recientemente los jóvenes del Politécnico.

Cierto es que los movimientos juveniles son tan variados como lo son sus causas, y están férreamente delimitados por los procesos socio-culturales o contextos en que surgen, pero son una bella muestra de intentar hacer realidad, el idealismo de luchar por tener un futuro mejor, en un entorno en que desde diversas fuentes y con cambiantes protagonistas, se les impone la versión de tener que vivir en un mundo que no tiene futuro para sus más nuevas generaciones.

Esta pasión por querer cambiar las cosas desde los ánimos de la juventud, logra mostrar mensajes impactantes: por ejemplo, los alumnos del Politécnico se caracterizaron por marchar pacífica, ordenada y organizadamente. Pero en el caso de los normalistas, si bien el reciente acto de quemar la sede del gobierno estatal fue uno que podría catalogarse de vandálico, también es cierto que fue muestra natural de rabia ante la poca respuesta e indignación por no saber nada de los 43 desaparecidos… anticiparse sería decir que fue un acto barbárico, porque más bien en el contexto en que surge (caracterizado por la impunidad, corrupción, violencia y poca respuesta política) es uno completamente comprensible.

En un momento tan difícil, contextualmente hablando, como el que México está viviendo ahora, en donde lamentablemente se muestra internacionalmente lo peor de los males de nuestra sociedad, en donde el futuro se muestra confuso y visiblemente borroso, los movimientos juveniles que están surgiendo también son parte importante en la recomposición y ordenamiento de la sociedad. Le aportan frescura, dinamismo y lo visiblemente más importante: colocan en la agenda política y social los temas sociales sobre los que con celeridad se debe trabajar, y eso, en términos de participación ciudadana efectiva, ya es muchísimo.

Paréntesis aparte:Empezó la serie del apocalipsis zombie The Walking Dead en una nueva temporada llena de sangre y vísceras en donde se lucha por la supervivencia humana… irónicamente, justo en medio de la prevalencia del Ébola, el virus que en pocas semanas nos ha provocado un sentimiento de vulnerabilidad, caos y… apocalipsis.

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