Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En las clases presenciales de antes, sobre todo en secundaria, siempre había alumnos que faltaban continuamente a la escuela, y otros, ya estando en ella, se “echaban la pinta” (se escapaban del salón y de la escuela) para dedicarse a la diversión o a haraganear. Cabe aclarar que unos no acudían a la escuela porque tenían que ayudar a sus familias en distintos quehaceres; pero éstos se reintegraban a clases tan pronto cumplían las encomiendas de sus padres; en cambio, la mayoría de los faltistas, así como los que se “echaban la pinta”, era, principalmente, por desinterés en los estudios; por eso reprobaban o se daban de baja. En las secundarias del oriente de la Ciudad Capital los faltistas fluctuaban entre cuatro y seis por cada grupo de 35 alumnos en el turno matutino y en el vespertino los números eran más preocupantes. (Había un caso extremo donde la inasistencia de alumnos era del 50 % en el turno vespertino). Ahora bien, en la otra cara de la moneda, había entre l0 y 12 estudiantes por grupo que no faltaban, salvo por causas de fuerza mayor; éstos eran los más interesados en los estudios y los más responsables en todo; en el intermedio del grupo había entre 17 y 19 alumnos que días faltaban y en otros asistían a la escuela; por tanto su aprendizaje era irregular.

Los alumnos más interesados en los estudios gozan de una situación económica aceptable, el nivel cultural de sus familias también es admisible, y sus padres están cerca de ellos para apoyarlos en los estudios. En cambio, la situación económica y el nivel cultural de las familias de los alumnos faltistas están en desventaja. El contexto, pues, influye en el comportamiento de los alumnos y de sus familias. Esto pareciera una pero grullada, pero es necesario subrayarlo; porque ese comportamiento de los alumnos, en las clases presenciales de antes, está reincidiendo en el aprendizaje a distancia; con la agravante de que la incidencia hoy es mayor en relación con los faltistas o los que no están en comunicación con sus maestros. Los alumnos estudiosos y responsables están en permanente comunicación con sus maestros y están realizando todas las actividades indicadas, con el apoyo de sus padres. Por tanto, estos alumnos sostienen buenas calificaciones. Los alumnos del intermedio, los irregulares, han disminuido en cantidad, pero porque, lamentablemente, varios de éstos ya no se han comunicado con sus maestros y han dejado de entregar los trabajos encomendados; han engrosado la fila de los faltistas de antes; por tanto, ahora son más los que han dejado de comunicarse con sus maestros; y para colmo, sus padres tampoco responden a los llamados. Estos alumnos son los candidatos a abandonar la escuela. Hay una escuela de 36 grupos (con 1,260 estudiantes), en la que el 32 % de los alumnos ya no tienen ninguna comunicación con sus maestros. El problema es grave.

A los maestros no nos resulta extraño que los alumnos estudiosos y responsables estén en constante comunicación con nosotros; como tampoco nos extraña que los faltistas son los que hoy no tienen ninguna comunicación. Pero también nos queda claro que el enorme desafío es encontrar fórmulas para interesar a nuestros alumnos en el estudio; sobre todo, a los que estamos a apunto perder. Tenemos que descubrir qué les gusta; qué les agrada; qué les resulta útil y provechoso en su vida; qué aspiran ser; y cuáles son sus potencialidades, para poder rescatarlos y formarlos conforme a sus aspiraciones y sus capacidades. Es cuestionable lo que indica la Secretaría de Educación de pasar a todos los alumnos aunque no realicen ningún trabajo; es tanto como certificar la falta de conocimientos. Mejor busquemos formas para interesar a los alumnos en el estudio.