Jesús Orozco Castellanos

Antes de que entubaran el arroyo del Cedazo para abrir la avenida Ayuntamiento (me parece que fue en los años 70 del siglo pasado), se conservaba un puente de concreto a la altura de lo que hoy es el restaurante La Noria. Lo curioso es que el puente tenía unos hoyos en forma de óvalo y a las orillas había unas franjas de unos 40 centímetros para permitir el paso de los vehículos de motor. Por allí no podían pasar los arrieros con sus burros, mulas, caballos o vacas. Siempre me pareció una mezquindad. Estábamos al revés de lo que ocurría en Lagos de Moreno. Allá, para cruzar el río había un puente con un letrero que decía (me consta): “Este puente se hizo en Lagos y se pasa por arriba”. Algunos arrieros preferían cruzar su ganado vadeando el río.

El puente del Cedazo en Aguascalientes fue construido por don Paco Madrazo, dueño de la Hacienda de La Punta. Tenía casa en Aguascalientes, en la calle Juan de Montoro, y en la propia hacienda; para llegar a esta última, construyó su propio camino (entonces de terracería). Los actuales dueños de la Hacienda de la Punta, los señores Baca, propietarios de una importante empresa textil, convirtieron el casco de la hacienda en un hotel. Alguna vez lo visitamos y es muy interesante. En las habitaciones está escrito el nombre de los toreros famosos que se hospedaron allí, Manolete incluido. O sea que don Paco invitaba a los matadores que participaban en la Feria de San Marcos y los alojaba en su hacienda que, por supuesto, tenía cortijo para las tientas. Era un anfitrión en toda forma. Además, lo que le sobraba era dinero.

En los años 40 del pasado siglo, el dueño de la Hacienda de la Punta, como decíamos, era don Paco Madrazo Solórzano. Eran miles de hectáreas que alguna vez formaron parte del famoso mayorazgo de los Rincón Gallardo que tenía su sede en Ciénega de Mata (Jalisco) y que llegaba hasta el palacio de Gobierno de Aguascalientes. Era un recorrido de más de 40 kilómetros. Por cierto, gracias a su segundo apellido don Paco tenía parentesco con la familia de doña Amalia Solórzano de Cárdenas, esposa del general ex presidente de México. Y nada tenía que ver con los Madrazo de Tabasco, y no digo de infausta memoria porque don Carlos Alberto Madrazo era un hombre brillante y de talento, gran orador, político reconocido dentro y fuera de su estado. No se entiende porqué su hijo Roberto Madrazo es un hombre tan limitado. Como candidato a la Presidencia de la República en el 2006 su papel fue verdaderamente lamentable. El PRI quedó en un penoso tercer lugar.

Justamente en los años 40 que mencionábamos, la Hacienda de la Punta tenía pista para el despegue y aterrizaje de aviones. En ese entonces los toros de La Punta eran considerados los mejores del mundo y eran exportados directamente de la hacienda hacia Colombia y España. Normalmente eran encierros de ocho toros para cada corrida. Eran toros grandes con más de 500 kilos de peso y se caracterizaban por su bravura. El verdadero negocio de don Paco eran los borregos y las cabras. Los toros de lidia eran su diversión. La hacienda llegó a tener 100 mil cabezas de ganado menor. Los actuales dueños hicieron lo mismo. Los toros bravos son un pasatiempo. Las especies menores son su negocio y las cantidades son similares.

Como decíamos, la Hacienda de la Punta era parte del Mayorazgo de los Rincón Gallardo que en la época colonial eran marqueses. Alguno de ellos era descendiente de Hernán Cortés. Los Rincón Gallardo viven actualmente en la casa de la hacienda en Ciénega de Mata. Tienen su propia iglesia y en la parte superior de la misma hay un palco en el que los señores asisten a misa. No se mezclan con el pueblo. En el siglo XIX los Rincón Gallardo pasaban la mitad del tiempo en México y la otra mitad en Europa, especialmente en Francia. Cuando todavía no existían los ferrocarriles, hacían el viaje a caballo de Ciénega de Mata a Veracruz. De allí a Francia viajaban en barco. El total del trayecto debió ser de unos dos meses. En ese tiempo en México no había servicio de diligencias. En Europa sí. Por eso el viaje del puerto de El Havre a París se hacía en cuestión de horas. Napoleón hizo el recorrido de Burgos a París en menos de 24 horas, cambiando de caballos cada 20 kilómetros.

La hacienda de Ciénega de Mata era un modelo de unidad productiva. Los españoles buscaron siempre las fuentes de agua para establecer sus haciendas. Construían represas y esto les permitía disponer de agua para los pastizales con los que alimentaban al ganado y para darle de beber. Adicionalmente plantaban cortinas de árboles que le daban una especial belleza a sus propiedades. Así lo hicieron en Ciénega de Mata. La presa de La Duquesa es un enorme caudal de agua que permite el riego de cientos de hectáreas. Los árboles son grandes y majestuosos. Las haciendas colindantes (Chinampas y Corlomé, por ejemplo) son muy semejantes.

Se ha dicho hasta el cansancio que el reparto de tierras en México, especialmente el que se realizó durante el régimen del general Cárdenas, no sólo fue un fracaso, fue una verdadera aberración. Además, se supone que el reparto se hizo para mejorar la distribución de la riqueza en nuestro país, dotando a los campesinos de sus propias tierras. Sin embargo, el resultado fue al revés: la desigualdad en la distribución de la riqueza va en aumento. Las parcelas entregadas a los campesinos (de entre siete y ocho hectáreas) pareciera que se hicieron sobre el escritorio, con un mapa y una regla. Los gobiernos de Carranza, Obregón y Calles, respetaron la racionalidad de las unidades productivas, procurando que las pequeñas y medianas propiedades tuvieran aseguradas las fuentes de agua. Es lo que dictaban la lógica y el sentido común. Pero durante el cardenismo las cosas se hicieron de otro modo y el resultado fue que nos convertimos en un país importador de alimentos. Imagínese usted cómo se puede hacer el reparto de los derechos de agua entre una veintena de ejidatarios. Todos necesitan el agua pero es probable que algunas parcelas estén en zonas altas y no sea posible hacerla llegar.

La irracionalidad se da en todas partes. En Aguascalientes se construyó la presa Calles para aprovechar las aguas provenientes de los ríos de Zacatecas y destinarlas al Distrito de Riego No. 1. Antes de la construcción de la presa, el río San Pedro tenía curso permanente y era caudaloso. A principios del siglo XX, los habitantes de Aguascalientes lo aprovechaban como un paseo durante los fines de semana. Había lanchas de remos y vendimia en las orillas. Había de todo, desde comida hasta puestos de lotería. Con la presa Calles se secó el río y se acabó la diversión. El beneficio llegó a unos cuantos ejidatarios del Distrito de Riego. Se actuó contra toda lógica. Los españoles fundaron Aguascalientes porque tenía tres ventajas estratégicas: el río al poniente para los cultivos y el ganado, el agua de los manantiales en el oriente para el consumo humano y el hecho de ser una fortaleza en el Camino Real de Tierra Adentro para el transporte de la plata de Zacatecas a la Ciudad de México. Pero al construirse la presa en el lugar donde ahora está, se acabó con el río, casi todos los manantiales del oriente se secaron y el agua potable se tiene que extraer del subsuelo, con el consecuente abatimiento de los mantos acuíferos.