Jesús Orozco Castellanos

Hace unos días se difundió un reportaje sobre las condiciones en las que se encuentra una “telesecundaria” en la zona norte del estado de Guerrero. Hay que recordar que el modelo de la telesecundaria fue diseñado para atender las necesidades de comunidades marginadas a las que difícilmente se tiene acceso por falta de caminos y de otros medios de comunicación. Además, su costo de operación es relativamente bajo: sólo se requiere un asesor (no necesariamente maestro), un televisor y materiales de estudio para los alumnos. La comunidad en cuestión se llama Atlautla. Pues bien, resulta que allí no hay electricidad y por lo tanto no cuentan con aparato de televisión. Antes de publicarse el reportaje, las clases se impartían a la sombra de un árbol. Pero eso sí, la escuela tiene registro oficial, está clasificada por la Secretaría de Educación Pública como la número 176. En el país hay alrededor de 570 telesecundarias. Días después de publicado el reportaje, los padres de familia encontraron un galerón sin piso y con techo de lámina, lo que provoca un intenso calor, y allí decidieron instalar la escuela. Sigue sin televisión, de manera que aún no alcanza el status de telesecundaria. Por si fuera poco, no hay ni mesabancos.

Me llamó la atención que los alumnos de esa escuela tienen un alto sentido crítico. Son los primeros en darse cuenta de que con ese tipo de “formación”, difícilmente van a tener éxito si deciden seguir estudiando o si, terminada la secundaria, buscan incorporarse al mercado de trabajo. Y no estamos hablando de unos cuantos jóvenes. Son cientos de miles con este tipo de problemas, principalmente en los estados de Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Veracruz. Hidalgo no se queda muy atrás.

Hay que repetirlo: son éstos los verdaderos problemas que aquejan al país, o por lo menos los más graves. El gobierno federal está empeñado en el rescate de Michoacán y Tamaulipas, así como en el combate a los delitos de alto impacto como los secuestros, las extorsiones y los cobros de piso. Además, medio gabinete está involucrado en el tema de las reformas estructurales. Todo eso está bien. Sin embargo, hay asuntos tan urgentes como lacerantes. El secretario de Educación Pública, que sólo tiene injerencia directa en la reforma educativa, aunque no se le ve mucha participación, anda ocupado con el problema del “bullying”. Ya se volvió un experto en eso. Dice que el acoso se origina en el hogar y de allí se extiende a la escuela. Si bien esto es preocupante porque conduce a situaciones de violencia (a veces graves), también lo es la terrible situación por la que atraviesan miles de escuelas, maestros, alumnos y padres de familia. Lo que aquí comentamos es sólo un botón de muestra tomado de las regiones más conflictivas del país. O para ser más precisos, comentamos únicamente lo que se da a conocer.

Quienes conocen el tema del “bullying” dicen que antes se daba sólo entre varones y de manera individual, es decir, uno contra otro. Los demás formaban rueda y no intervenían en el pleito, salvo para darlo por terminado cuando alguno de los dos se daba por vencido. Hoy es una batalla campal de todos contra todos y también se da también entre mujeres. Ocurre desde los niveles de preescolar hasta la preparatoria. Por desgracia, los niveles de violencia en esos enfrentamientos hoy en día son mucho más altos.

Todo lo anterior nos da idea de cómo anda la educación en México, incluso en algunos planteles de educación privada. Al parecer sólo se escapan los colegios de élite que tienen más control sobre maestros y alumnos. Pero las colegiaturas son altísimas. Hay algunos padres de familia que hacen el sacrificio con la idea de que los alumnos de esas escuelas se convertirán el día de mañana en empresarios o altos funcionarios públicos que estarían en posibilidades de dar empleo a quienes fueron sus condiscípulos. Y la verdad es que por lo general así funciona la relación entre escuela y mercado de trabajo. Lo digo por experiencia personal y conozco, además, muchos casos semejantes, aunque se trata de grupos muy reducidos.

En Aguascalientes, me parece que los planteles de élite no llegan a doce, incluyendo algunos que ya están en los linderos de la mediocridad. Y no es que tengan un nivel académico muy alto. Finalmente los maestros son los mismos en los niveles de secundaria y preparatoria. Pero por lo menos tienen algo de disciplina. Por lo demás, hay un problema generalizado: los maestros están mal pagados. Con 40 horas de clase a la semana (a 80 pesos la hora) apenas alcanza para irla pasando. En muchas ocasiones los maestros buscan horas adicionales para mejorar sus ingresos o los complementan con un trabajo diferente. Y como docentes, tienen que preparar sus clases y calificar exámenes. Con grupos muy numerosos es una tarea extenuante. De manera que las universidades y los institutos tecnológicos del país se nutren con estudiantes muy mal preparados que en la escala del uno al diez no llegan ni a la mitad. Por lo menos es lo que dicen las estadísticas y no hay elementros para ponerlo en duda. Es la triste realidad.

Todas las deficiencias anteriores, más otras que ya conocemos, hacen que México se ubique en los últimos lugares en las pruebas PISA que aplica la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en materias como español, matemáticas y ciencias. La OCDE agrupa a casi 40 países de varios continentes Y México es uno de los peor calificados.

Por supuesto que tenemos cosas peores aunque eso no sirve de consuelo. Por ejemplo, en materia de corrupción, México, según se dio a conocer hace unos días, sólo es superado por países como Haití o Burundi (¡!). Sabemos que Haití comparte un territorio insular en el Mar Caribe con la República Dominicana. Pero ¿dónde está Burundi? Es una pequeña república centroafricana, ubicada entre el Congo belga y Tanzania, con menos de 28 mil kilómetros cuadrados y con 8 millones 700 mil habitantes, un millón menos que el Distrito Federal de México. Tiene un ingreso per cápita de tres mil dólares al año (de los más bajos) y ocupa la posición 178 en el Índice de Desarrollo Humano. Sin ofender a esos países, la comparación es vergonzosa.

Reiteradamente nos hemos referido al tema de la educación en nuestro país. Es un problema crucial sobre el que hay que seguir insistiendo, sobre todo porque los grandes medios de comunicación no le dan, en mi opinión, el espacio que se requiere. Es comprensible que los temas de la coyuntura acaparen mayormente la atención. Es lo que piden los consumidores de noticias. Además, hemos perdido una encomiable tradición. Algunos de los grandes medios impresos tenían articulistas especializados en diversos temas. El educativo era uno de ellos. Ahora, con algunas excepciones, la gran mayoría escribe sobre las novedades del día. Y no es que sean malos en su oficio. Algunos son bastante buenos pero supongo que escogen como línea editorial el seguimiento de los temas coyunturales. Se entiende. Por si fuera poco, salvo en los temas económicos, carecemos de una prensa especializada, como la hay en otros países, especialmente en Francia.