Benito Jiménez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- La aprehensión de José Antonio Yépez Ortiz «El Marro», líder del cártel de huachicol en Guanajuato, llevó cuatro años de persecución, millones de pesos gastados en operativos y decenas de muertos, pero ahora el remedio parece peor que la enfermedad.
A poco más de dos años de su captura, la ordeña de combustible y la violencia están imparables.
Nuevas células criminales se reagruparon y ahora el Ejército reporta en esa entidad el hallazgo de una toma clandestina al día, en promedio, para ordeñar gasolina y diesel.
Según información ministerial y militar, la captura de «El Marro» no desmanteló al Cártel de Santa Rosa de Lima sino que lo convirtió en microcélulas cuyos líderes ya son objetivos prioritarios para las autoridades.
Esos microgrupos representan además un riesgo para la población civil, pues al buscar un liderazgo único se enfrentan no sólo entre sí, sino contra lugartenientes del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), cuyos integrantes, refieren las autoridades, también colocan puntos de ordeña de combustible en la entidad.
De acuerdo con información ministerial existen grupos derivados del Cártel de Santa Rosa de Lima, cuyas firmas han dejado en narcomantas, como «Las Ranas», «SRL Valle de Santiago», «El señor de Celaya», «Fuerza Salamanca» «SRL Villagrán» y «Silvestres», entre otros.
De enero a mayo de este año el Ejército encontró 195 piquetes a los ductos de Pemex en Guanajuato, en contraste con los 105 hallados en el mismo periodo de 2021.