71. Edificio en 5 de Mayo casi esquina con calle Adolfo TorresEl crecimiento de la ciudad y sus maneras de uso y operación van adaptándose a su perfil urbano, ampliándolo, cambiándolo y modificando algunas de sus características de manera parcial, y al paso del tiempo, hasta total. Algunas transformaciones se manifiestan radicalmente por la intervención constructiva intensa sobre los inmuebles, pero muchas otras –más de las que se puedan creer– vienen acompañando a un proceso de superposición de capas de contagio visual que involucran redes de conducción de energía eléctrica, señales de telefonía, medidores y cajas de registro de todas formas tamaños y disposiciones y una inmensidad de anuncios, que más que nombrar un establecimiento comercial, constituyen infomerciales –vocablo formado por las palabras información y comercial– que dan cuenta de todo lo que pueda conocerse de un producto o servicio con duración, generalmente, de media hora en televisión.

Remitiéndonos a los anales, ante el inminente bombardeo a la ciudad de Alejandría –en ese momento resguardada por los ingleses– por parte de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, el general Montgomery se apoyó en los servicios del ilusionista Jasper Maskelyne quien desarrolló un sistema de defensa para paliar la insuficiencia de baterías antiaéreas y hacer frente a los ataques enemigos: desapareció la ciudad. Esa acción no fue un acto de magia, fue un efecto logrado construyendo una gran maqueta algo alejada del verdadero asentamiento en que se apagaban las luces –los bombardeos eran nocturnos– al tiempo que se iluminaba su “doble urbano”; desconcertados los alemanes procedían a bombardear el señuelo que se reparaba a la mañana siguiente para ser atacado la noche después. Alejandría se salvó.

Maskelyne también fue solicitado para camuflar mediante mecanismos ilusionistas el canal de Suez apuntando espejos estroboscópicos giratorios al cielo que despedían una tormenta de luz, desorientando y deslumbrando a los atacantes aéreos, haciendo imposible la efectividad de la acción bélica en su contra.

La contaminación visual premeditada o involuntaria, sirve al igual que la maqueta de la ciudad de Alejandría, como señuelo para captar la percepción de usuarios y transeúntes en nuestra propia ciudad. El efecto es similar: el entorno urbano desaparece ante nuestra vista, pero a diferencia del mecanismo de defensa citado, el señuelo no se repara, se deteriora y con ello estropea la imagen de la ciudad. Los edificios en esos sitios terminan por pasar desapercibidos, pero no para beneficio de su protección, sino por el contrario, para su desuso y paulatino aniquilamiento.

Ojos que no ven, corazón que no siente… aprecia o protege. El ocultamiento parcial de la arquitectura es el primer paso de su erosión. Y ello no es una cuestión de mera estética, en su momento el alcalde Giuliani de Nueva York, inició su plan para mejorar las condiciones de seguridad de su ciudad con una campaña de reposición de vidrios rotos y limpieza de fachadas. El efecto fue positivo pues con ello se asentaba el mensaje de autoridad y propietarios de que los inmuebles ya no serían depositarios de actividades y actitudes antisociales, pues el descuido de un objeto, más si es de dominio público como la fachada de un edificio, produce ese efecto de indolencia en que el deterioro parece pedir más deterioro hasta llegar a situaciones de riesgo que van desde el desplome de partes de la edificación hasta la incubación de actos delictivos.

Los inmuebles que pasan desapercibidos en nuestra ciudad, no todos se encuentran en el supuesto mencionado, sin embargo, vale la pena recuperar su percepción plena, de entre ellos destacan no pocos por sus características arquitectónicas que han congelado un momento de la historia social, económica, plástica e intelectual, en una porción de la geografía de Aguascalientes.

Apagados por la intromisión en nuestra percepción de anuncios multicolores o descoloridos, cables, postes, pintas y demás acervo multiforme de contaminación visual, esos edificios pueden ayudarnos a revalorar lo que aún persiste en nuestra ciudad y pocas veces asimilamos a nuestro aprecio. Con observar las calles citadinas de las marquesinas hacia arriba, a través de cables, arbotantes y semáforos, podremos encontrarnos con ejemplares dignos de verse y habitarse.

Los desapercibidos, son fincas propicias para esa política de concentración urbana que tanto se pondera, y ello, a partir de fincas que ya están hechas, que resistiendo los accidentes que el tiempo y las maneras de ocuparles va imponiéndoles, ofrecen aún una potencialidad importante, y nada invasiva de su entorno, para experimentar el espacio urbano de manera más funcional y amable.

Con un poco de sensibilidad en nuestras maneras de percibir la ciudad podemos hacer lo inverso a lo logrado por Maskelyne con Alejandría y el canal de Suez: producir que lo parcialmente oculto aparezca, y esta vez, no sería una ilusión.