La cultura y el respeto de los derechos debe ser un patrimonio compartido por todos, por lo que es fundamental promoverlos no solamente en las relaciones que a diario todos entablamos con los agentes del poder público, sino principalmente en los espacios de interacción con las demás personas: en el hogar, en la escuela, en el trabajo y en la calle.
El ombudsman J. Asunción Gutiérrez Padilla ayer rindió su Informe de Actividades 2018, que es el primero de su gestión al frente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos; y al dar a conocer los avances y logros del equipo de colaboradores de la dependencia, puntualizó que se atendieron 1,371 expedientes, de los cuales 1,024 les fueron heredados de administraciones anteriores.
En el primer año de gestión se abatió el rezago en un 70.89%, y al cierre del informe quedan por resolver 365 expedientes (67 del año 2018 y 298 de años anteriores). Además, se emitieron 93 recomendaciones, 230 acuerdos de no responsabilidad, 579 acuerdos de archivo, así como siete recomendaciones generales y criterios orientadores de la actividad gubernamental en diversos ámbitos.
Sólo nueve quejas fueron impugnadas, de ellas siete fueron resueltas por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, compartiendo el criterio de esta Comisión, pendientes de resolver sólo dos.
En su mensaje, dejó en claro que los Derechos Humanos no desaparecen ni dejan de hacer sentir sus efectos cuando cerramos la puerta de nuestras casas o en el momento en que los agentes de la autoridad cuelgan el uniforme en un perchero.
“Los derechos lo disciplinan todo, en tanto que son expresiones que evocan los bienes más importantes para que la vida humana pueda desplegarse de manera digna y adecuada”.
Esta visión de los derechos como bienes básicos derivados de la dignidad humana, ha llevado a que la Comisión emprenda su labor no únicamente cuando las lesiones a estos bienes se han consumado, a través de sus procedimientos investigadores y mediante la formulación de recomendaciones.
La cultura de los derechos no desplegará todas sus potencialidades, cuando sólo se conforme con señalar e individualizar a los responsables de las violaciones a las prerrogativas garantizadas a través de las normas fundamentales.
“Nos hemos concentrado prioritariamente en enfatizar las ventajas de la educación y concientización en materia de derechos fundamentales, especialmente en los centros en donde desde la más tierna infancia formamos los hábitos que modelarán nuestra conducta”.
Cuando el lenguaje de los Derechos Humanos entra en las escuelas, las guarderías, los hogares y las plazas, entonces la semilla de la concordia se planta en la fertilidad de lo más hondo de las conciencias.
Al ponderar que el respeto a los Derechos Humanos no se regatea, sostuvo que “hemos convertido a la Comisión en la casa de todos los aguascalentenses”; y reconoció que “la sociedad no espera más de nosotros, pero tampoco aceptará menos. Eso es lo correcto”.
El evento, en el que también se celebraron 70 años de la Declaratoria de los Derechos Humanos, se llevó a cabo ayer en el vestíbulo del Palacio Legislativo, con la asistencia de funcionarios de los tres niveles de Gobierno, de legisladores federales y estatales.