Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, el día de ayer arrancó la edición 2015 de nuestra tradicional Feria Nacional de San Marcos. En las próximas semanas, veremos de todo en la verbena, destacándose ésta por contar con un programa de actividades muy completo y variado, es decir, «para todos los gustos y todos los bolsillos». No cabe duda de que este periodo de festividades acarrea, en la mayoría de los casos, efectos positivos para el Estado y la región, fundamentalmente en el plano económico y de proyección nacional e internacional.

Año con año, esta festividad nos sorprende a todos con nuevas opciones de convivencia y diversión, trascendiendo su fama más allá de las fronteras de nuestro país, por lo que me atrevo a decir que nuestra feria está dejando de ser estrictamente “nacional” para convertirse en “internacional”. No sé Usted, pero, en lo particular percibo una atmósfera alegre y cordial entre los aguascalentenses durante el periodo de la verbena, seamos o no asiduos a visitar la misma.

Nuestra feria siempre ha sido objeto de múltiples críticas y descalificaciones, las cuales apuntan principalmente a temas como la descomposición social, el alcoholismo, la drogadicción, los embarazos no deseados, las conductas elitistas, etc., sin embargo, todos estos aspectos son parte de la vida cotidiana de Aguascalientes y la verbena juega el papel de una enorme vitrina que deja al desnudo todo ello y lo exhibe de tal forma que mucha gente se escandaliza, muy al estilo de los sectores poblacionales de nuestra entidad que pregonan una constante y peligrosa «doble moral».

Los problemas de nuestra tradicional fiesta no pasan exclusivamente por los hechos que se suscitan dentro del perímetro ferial y sus consecuencias, sino por el mensaje claro de desunión e intolerancia en la que viven muchas familias en Aguascalientes. Por el contrario, la verbena abrileña debiera ser un factor de cohesión familiar y, al mismo tiempo, debería promover diversos valores sociales auténticos, entre los que yo destacaría el de la tolerancia, de la que, por cierto, carecen muchas personas.

Es cierto que la feria permite ver y experimentar cosas que normalmente no se perciben en Aguascalientes, pero sólo con tolerancia y prudencia es que podemos aceptar y respetar la realidad que viven, hoy en día, muchos de los aguascalentenses. Todos ellos tienen derecho a manifestar su forma de vivir, sus preferencias y sus intereses, siempre y cuando ello no afecte o limite el derecho de los demás a hacer precisamente lo mismo.

Todo ello se resume en la palabra «tolerancia», tolerancia para entenderme con mi propia familia, tolerancia para poder trabajar o simplemente convivir con personas que piensan o viven de forma diferente a la mía, tolerancia para vivir en paz. Lo afirmó el Benemérito de las Américas, Benito Juárez, y sigue teniendo vigencia su frase célebre: «Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz».

En otras palabras, la Feria Nacional de San Marcos debiera darle un «valor agregado» a nuestro Estado, es decir, un «valor» a Aguascalientes, más allá de lo estrictamente económico. Adicionalmente, la verbena debería ser una eficaz promotora de nuestras costumbres y tradiciones, buscando su preservación, y un motivo de júbilo y hermanamiento entre todos los hidrocálidos para entonces estar en condiciones de recibir con calidez a nuestros visitantes y hacerle honor a la leyenda colocada en nuestro escudo heráldico que nos presume como «gente buena», sin usar ello como un slogan hueco y frívolo.

Finalmente, sinceramente deseo que tengamos una edición de la Feria Nacional de San Marcos mucho más familiar, más limpia, más tranquila, más segura, más tolerante y más divertida en todos los sentidos. De nosotros depende que tengamos una verbena digna de nuestra gente y de aquellas personas que nos visitan. Es momento de disfrutar de la feria y pasarla bien, habrá que divertirse al máximo pero siempre con responsabilidad y plena conciencia de nuestros actos.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

 

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