Noé García Gómez

“Lo que no soy ni seré jamás, es ser traidor a mis convicciones, a mi clase, a mi pueblo y a mi patria, cualesquiera que sean las circunstancias que la vida me depare”. Esas palabras quedarán marcadas en la historia de la izquierda de nuestro país, pronunciadas y plasmadas por Demetrio Vallejo en su libro Yo acuso, el pasado 6 de noviembre cumplió años de su partida. Se le recuerda como el indoblegable, Vallejo tendría que ser recordado permanentemente como una referencia ética de la izquierda, pero también de los otros estratos ideológicas lamentablemente en esta época donde hay una desvalorización de la política será muy difícil.

En 1934, a la edad de 24 años, ingresó al Partido Comunista Mexicano (PCM) -del cual fue expulsado junto con su ideólogo Vicente Lombardo Toledano- empleado del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, fundador de la Federación de Trabajadores del Istmo en 1936.

Su decepción de estos partidos era pública “en la cárcel me di cuenta de cómo los del POCM y del PCM se decían comunistas porque afuera se comían con sus palabras a los charros y a los jefes de la empresa, pero ahí adentro se apaciguaron, algunos hasta lloraban” dijo en una entrevista.

Estuvo preso 11 años y 15 meses. El ferrocarrilero Ramon Báez describe Vallejo, encarcelado en las mazmorras burguesas por el “grave delito” de encabezar una lucha por mejorar las condiciones de vida  y de trabajo de los rieleros y por democratizar la vida de nuestro sindicato.

Nuestro estado fue ampliamente influenciado por Vallejo, los ferrocarrileros de nuestro estado se asumían como vallejistas, el 23 de agosto de 1958 aquel líder ferrocarrilero visitó Aguascalientes, la plaza de toros San Marcos sería el escenario del mitin principal, Ramón Báez en su libro “El Movimiento vallejista en Aguascalientes” describe que lo esperaron casi cinco horas, ya que estaba programado para las 18:00 hrs y fue después de las 10 de la noche cuando la multitud no solo compuesta por rieleros, sino maestros, otros obreros, campesinos, estudiantes y señoras del hogar esperaban a aquel mítico personaje que periódicos y la radio hablaba, describe que fue llevado a hombros por varias calles hasta llegar a la plaza de toros y al escenario.

Durante dos años hizo una huelga de hambre que sólo interrumpió la decisión gubernamental de obligarlo a alimentarse a través de una sonda. Durante meses solamente bebió leche. Excarcelado antes de cumplir la totalidad de su condena, sostuvo que su libertad era un triunfo del movimiento estudiantil de 1968.

Ya libre, Vallejo denunciará la intención gubernamental de privatizar y depauperar los Ferrocarriles Mexicanos para favorecer el desarrollo del transporte carretero en manos de políticos enriquecidos.

Fue diputado federal a la LII Legislatura (1985-1988). Morirá el 25 de diciembre de 1985 y por supuesto tardó como Heberto Castillo, pero finalmente apoyó la candidatura de Cárdenas.

Consuelo Hernández en su artículo Persecución y vigilancia a Demetrio Vallejo Martínez concluye “Valdría la pena reflexionar y cuestionar las razones por las que este personaje vivió durante más de cuarenta años perseguido y acosado por los diferentes gobiernos en el poder cuando hubiera sido más fácil eliminarlo desde el momento en que significó un elemento nocivo para sus intereses e ideología. Al respecto se puede plantear que el asesinato de Vallejo hubiera provocado conflictos menos controlables que su persecución constante. Su existencia le daba sustento a la versión gubernamental de que en México existía libertad y democracia.”