Édgar Contreras
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.- Del odio al amor solo hay un paso: ¡la 14!
Después de las lágrimas, de caer desplomados al césped como Diego Valdés y quedarse ahí vencido por la emoción, de los rezos, del júbilo, de un Estadio Azteca hirviendo al grito de campeón, llegó la hora de recoger las medallas, de alzar el trofeo y ponerle así el broche dorado al Apertura 2023, que habría de darle el título a las Águilas del América.
Y así, de un plomazo, se olvidaron todas las penas.
Porque el Azteca cantó «¡olé, olé, olé, Layún, Layún!», cuando al principio del juego no le habían perdonado los abucheos ni por su retiro, porque a Óscar Jiménez le llovieron aplausos cuando hace unos meses lo crucificaban, porque hasta el presidente deportivo fue ovacionado aunque hace no mucho lidiaba con el #FueraBaños.
Jonathan dos Santos lloraba hace un año por la falta de oportunidades en el América (cuando en septiembre de 2022 anotó uno de los goles en el récord del club de 9 victorias consecutivas) y esta vez fue uno de los más ovacionados, tanto como Julián Quiñones y Valdés y hasta Igor Lichnovsky, ese futbolista al que los azulcremas veían como un jugador de desecho (porque los Tigres lo regalaron) y quien ayer secó a Gignac, el cual tendrá que esperar otro rato por el gol 200.
Mientras los futbolistas recogían su medalla, Jonathan Rodríguez se peleó con una autoridad que impedía al utilero entrar a la cancha a entregar las playeras con el estampado de campeón, pero hasta en esa discusión habría de ganar el América.
Hoy nadie recuerda ya que a Henry Martín muchos aficionados le rogaban aceptar la oferta de las Chivas de cara al Apertura 2022.
El capitán recorrió triunfante ese pasillo rumbo al templete, para invitar a Miguel Layún a levantar el trofeo mientras, como nunca, el himno del América sonaba justo en esa estrofa que reza «tú serás.» y la gente completaba la frase al unísono con un estruendoso «¡el campeón!».