La Glorieta del Papa Juan Pablo II y el Monumento a la Paz, antes reconocidos como símbolos de convivencia urbana y esparcimiento en un parque lineal de más de 6,500 metros cuadrados, hoy sufren un notable abandono. Aunque en su momento fueron prometidos como espacios emblemáticos, comparables al Ángel de la Independencia, actualmente presentan un panorama de descuido. La vegetación seca y el crecimiento descontrolado de maleza son claros indicativos de la falta de mantenimiento. Este deterioro subraya la necesidad de un compromiso continuo con el cuidado de los proyectos públicos para evitar que sucumban al desuso y al deterioro con el tiempo.