Las pérdidas económicas que enfrentan cantinas, bares y restaurantes, giros que han tenido que trabajar de manera intermitente desde su reactivación económica en junio pasado, tras haber permanecido cerrados durante más de 2 meses a raíz del arribo de la COVID-19 a la entidad, son solo un ejemplo de lo que puede ocurrir si la sociedad no se suma “con su granito de arena” para atender las medidas sanitarias para prevenir los contagios.
Así lo manifestó Darinel Suárez, integrante de la Asociación de Cantinas y Bares de la entidad, quien comentó que si bien al principio de la pandemia se decretó el cierre de todos los giros no indispensables para la economía y las familias, una vez que se permitió la reapertura en junio pasado, el trabajo en las tabernas ha sido intermitente.
Refirió que hasta ahora les ha sido imposible estimar las pérdidas que han sufrido los empresarios de este giro, si bien, han tenido reuniones de socios, los temas a tratar han sido más de contingencia que económicos, pero en algún momento tendrán que hacer cuentas.
Como ejemplo comentó que una cantina pequeña llega a tener 3 empleados, uno en el bar y dos para atender mesas, generalmente son cabezas de familia, además del propietario, ya en establecimientos más grandes las familias que dependen de quienes se emplean allí son más, “allí comienza la afectación”, pues ha sido limitado el recurso económico que se ha hecho llegar a esos hogares.
Pero además, dijo, no se trata sólo de quienes trabajan en las cantinas y bares, sino a quienes reparten botana, vinos, cervezas, por citar un ejemplo, y que también dejaron de trabajar durante la semana de Ley Seca.
“Desde que se levantó la cuarentena, en junio pasado a la fecha, no hemos podido trabajar en forma, muchos tenemos los lugares abiertos pero con capacidad de atención al 50%, pero resulta que hay días en que apenas llegan a atender 1 o 2 mesas solamente y en los días que pudieran ser buenos, no se llegan a ocupar todas las mesas disponibles”.