Rolando Herrera
Agencia Reforma

SAN IGNACIO, Sinaloa.-En una mampara colocada sobre el camino aún de terracería, el Presidente Andrés Manuel López Obrador constata lo que minutos antes vio desde ocho mil pies de altura abordo de un helicóptero de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM): la carretera que va de este municipio a Tayoltita lleva un avance menor al 50 por ciento.
El funcionario de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) que describe los trabajos realizados y las proyecciones dice optimista que para finales del año próximo podrán inaugurar la vía de 103 kilómetros como un camino rural con revestimiento.
Los ingenieros no se complicaron en el trazado, siguieron la antigua brecha que recorría la gente en burro o mula llevando mercancías y que a su vez acompaña el afluente del río Piaxtla.
“Ya estamos en proceso de construcción a nivel de subrasante de los kilómetros del 79 al 87, que es lo que está marcado en amarillo y en proceso”, explica con tono didáctico el funcionario mientras López Obrador y el Gobernador del Estado, Quirino Ordaz, escuchan atentos.
Sobre la vía fue colocada una carpa y un escenario para que el Presidente, el Gobernador y el Secretario de Comunicaciones y Transportes, Jorge Arganis, emitieran sus discursos a los reporteros y a otros funcionarios, debido a que en el acto no hay público ni curiosos.
“La inversión total del proyecto es de 770 millones de pesos. Hasta ahora hemos ejercido 148 millones de pesos. En 2021 estamos por ejercer 250 millones, de los cuales hemos ejercido 41 por ciento”, detalla el funcionario de la SCT.
A OCHO MIL PIES
López Obrador decidió curarse en salud desde el jueves pasado, cuando en su conferencia matutina anunció que en este gira de cuatro días por cuatro estados -Sinaloa, Durango, Nayarit y Jalisco- haría algunos trayectos en helicóptero pues, debido a las distancias y lo complicado de los caminos, de otra manera no le daría tiempo de recorrer todos los puntos.
Antes de esta gira, el tabasqueño siempre presumía realizar su recorridos a ras de suelo, pueblo por pueblo, por todos los municipios que tiene el país, casi 2 mil 500, todos visitado más de una vez.
Primero cruza un helicóptero de la FAM matrícula 1069 y unos minutos más tarde lo hace otra aeronave con placas 1006, un empleado de Protección Civil de Sinaloa dice que probablemente aterrizaron en un helipuerto que está en el centro de San Ignacio, a unos 20 minutos en coche.
Más o menos en ese tiempo aparece López Obrador en una camioneta tipo Van blanca, viaja en la parte delantera, del lado del copiloto, con el brazo recargado sobre el marco de la ventana, sin cubrebocas y sonriente.
Ya en su discurso, el Presidente habla del viaje aéreo, del que acaba de hacer y del que había hecho el día anterior a Tamazula y a Canelas, pueblos enclavados en el corazón del llamado Triángulo Dorado, en la sierra duranguense, en donde también se fue siguiendo desde el aire el trazo de una carretera.
“El General (Luis Cresencio Sandoval) le hizo la pregunta a los pilotos, que cómo andábamos de altura con relación a ayer (viernes) que fuimos de Badiraguato hacia Guadalupe y Calvo, pero que llegamos hasta Los Frailes. Dice (el piloto): ‘bueno, pues ahora estamos en más altura: ocho mil pies, y ayer volamos a cuatro mil pies'”, dice el Presidente.

No supervisada
López Obrador promete volver al menos en dos ocasiones más a esta zona serrana: una a supervisar de nueva cuenta el avance de la obra y otra más para la inauguración una vez que ya esté concluida.
Una decisión que tomó en su Gobierno, dice, es no dejar ninguna obra inconclusa, por eso las revisa constantemente y apura a los ingenieros y a los contratistas para que aceleren el paso.
En el caso de esta carretera, reconoce, viene la parte más difícil por lo agreste de la montaña, aún cuando se avance sobre el antiguo camino de mulas y burros.
El Gobernador Ordaz, quien durante toda la gira no dejó pasar oportunidad para agradecer al Presidente su apoyo, ya sea para la seguridad o para atender la emergencia sanitaria, hace lo propio respecto de esta obra carretera.
“Ante todo, señor Presidente, quiero agradecerle que esté aquí para supervisar personalmente una obra tan importante. En eso, señor Presidente, yo sigo mucho su ejemplo. Mi suegro fue un gran militar y de los militares aprendí una frase muy sabia: orden dada, pero no supervisada, vale para pura chingada”, dice sonriente.
El Presidente, cuyo rancho en Chiapas se llama la Chingada, retoma la idea y hace un breve repaso literario y lingüístico de la palabra, desde Octavio Paz hasta el virtuoso amante de la Cuenca del Papaloapan, Felipe Matías, pero prefiere reformular la frase: una orden no supervisada no sirve para nada. Por eso está aquí y promete volver, para que no quede ninguna obra inconclusa, aunque se trate de un camino rural con revestimiento.