Noé Magallón
Agencia Reforma

María Josefina aguarda en una oficina. Hace unas horas salió de guardia y el sueño ya está haciendo estragos. Está nerviosa: es su primera entrevista.
El hielo se rompe con una plática casual. Ella es la primera mujer que integra Cobras, un grupo de la Policía de Tlaquepaque especializado en actividades de alto riesgo.
“Nos especializamos en descensos verticales, toma de autobuses, traslado y aseguramiento de secuestradores, así como de droga y armas”, dice tratando de encontrar las palabras correctas.
“Estamos especializados para trabajos de alto impacto”.
El uniforme camuflado la hacer ver ruda, pero del chaleco negro y de la gorra Reebok pronto aparece la mujer tierna y sensible.
Apenas tiene 32 años y ya lleva 7 como policía. A los 24 pasó de ser ama de casa a miembro de la Comisaría de El Salto, donde duró casi 4 años. Luego se tomó un descanso y se dedicó al estilismo.
Pero lo de ella es ser policía. Le apasiona a pesar de los riesgos, de las horas que le invierte y de la mala imagen que de pronto tienen algunos elementos. Además viene de una familia de sangre azul: tres de sus hermanos se dedican a lo mismo.
“A mí me gusta, es una vocación, porto el uniforme con mucho orgullo”.
“Yo desde que veía a mi hermana con su uniforme me daba mucho orgullo. A mí me gustaba”.
Pertenecer a una institución y a un grupo donde la mayoría de los miembros son hombres tampoco le ha sido complicado. Cuando se creó Cobras, a inicios de este año, ella fue la primera mujer que lo integró. Ahora ya hay 12 más de una plantilla total de 60 uniformados.
Más relajada y sonriente, Mari comienza a hablar de otro de sus amores: el que le tiene a sus cuatro hijos; por ellos y por darles una mejor calidad de vida es que decidió entrar a la Comisaría de la Villa Alfarera.
“Soy mamá soltera, es un poquito más difícil, pues es más responsabilidad y, pues, todos los gastos yo los hago”, cuenta.
Sus responsabilidades como madre y policía no impiden que se dé un tiempo para realizar su tercera pasión: el ejercicio, aunque odie las abdominales.
Entre su gremio hay una máxima contundente: “para ser un buen elemento, es necesario sentir el uniforme”. Y Mari coincide. Ella quiere seguir creciendo profesionalmente y llegar a “viejita” bajo las sirenas de una patrulla.