Mayolo López
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Para celebrar el Día del Niño, el Presidente Andrés Manuel López Obrador regaló a los menores un cuento de León Tolstoi leído por su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller.

“Les mandamos un fuerte abrazo, muchas felicidades, Beatriz va a leer un cuento de León Tolstoi que me gusta mucho, yo creo que también a ustedes les va a gustar”, dijo el Mandatario en mensaje subido a sus redes sociales.

“Tolstoi fue un escritor ruso espléndido, tiene una novela que se llama Guerra y Paz, cuando estén mayores, adolescentes, van a leerla seguramente”.

Gutiérrez Müller, coordinadora del proyecto Memoria Nacional Histórica y Cultural de México, leyó el cuento ‘La camisa del hombre feliz’.

“En las lejanas tierras del norte vivió, hace mucho tiempo, un zar que enfermó de gravedad. Mandó llamar a los mejores médicos del reino, que le vendieron, a precios astronómicos, todos los remedios que conocían y otros nuevos que se inventaron, pero lejos de mejorar, la salud del zar empeoraba día tras día”.

“Le recetaron baños calientes y helados, le hicieron ingerir jarabes de eucalipto, de miel y de plantas aromáticas traídas de exóticos países en largas caravanas. Le aplicaron ungüentos, bálsamos y cataplasmas hechas con insólitos ingredientes, sin embargo, la salud del zar no mejoraba. Tan desesperado estaba el hombre, que prometió la mitad de todas sus posesiones a aquel que fuera capaz de curarlo”, leyó Gutiérrez.

“-Yo conozco el remedio. Yo sé cuál es la medicina que curará los males del monarca: se ha de encontrar a un hombre feliz y pedirle su camisa; cuando el Zar se vista con ella, sanará”.

“Pasaban los días, la esperanza se perdía y la salud del zar empeoraba, hasta que, una tarde, uno de los emisarios del zar pasó junto a una pequeña choza que tenía la puerta abierta y la alegre voz de un hombre, que en el interior descansaba junto al fuego de la chimenea, llamó su atención:”

“-¡Qué feliz soy! Hoy me han dado una paga por mi trabajo, tengo una salud de hierro y mi familia y mis amigos me quieren mucho, ¿qué más puedo pedir?”

“El emisario mandó enseguida noticias al palacio diciendo que, por fin, había aparecido un hombre feliz. En el palacio se respiraba optimismo y la zarina ordenó con premura:”

“-Traer ahora mismo la camisa de ese hombre. ¡Decidle que a cambio de ella podrá pedir lo que quiera!”

“La ciudad entera esperaba con impaciencia a los emisarios. Vigilaban desde ventanas y caminos para ver la llegada de la comitiva real que traía el remedio para sanar a su gobernante, mas, cuando llegaron, traían las manos vacías:”

“-Pero, ¡¿dónde está la camisa del hombre feliz?! -apremió con impaciencia la zarina- ¡Tenemos que vestir con ella al zar para que se cure!”

“-Señora -contestaron compungidos los mensajeros-, el hombre feliz no tiene camisa.”

Al terminar el relato, el Presidente recalcó la belleza del escrito.

“Pues felicidades a ustedes, niñas y niños, hoy en su día”, culminó.