Iris Velázquez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Detrás de los cubrebocas y caretas se ocultan diversas expresiones de los niños que acuden a las escuelas. Unos van con felicidad y otros con nervios, mientras pocos padres de familia dicen estar totalmente seguros de esta decisión, pero coinciden en que el riesgo debe correrse.
En el segundo día de clases presenciales en el País, maestros y padres de familia coincidieron en que hubo un incremento en la asistencia a las aulas en el Valle de México. Sin embargo, no de manera sustancial.
El lunes, en el retorno oficial a las aulas, en escuelas visitadas dijeron que no acudieron más de 6 alumnos por grupo y ayer señalaron que el número llegó a 9.
Una de ellas fue la Primaria “Amalia González Caballero”, en la Alcaldía Azcapotzalco, donde el lunes se registró una protesta de padres de familia en contra de las clases presenciales.
No hay agua ni luz en este plantel, pero el líquido fue llevado con una pipa para solucionar la carencia, mientras que para la iluminación el personal educativo consideró suficiente la luz de día.
En la primaria “Obrero Mexicano”, en la Alcaldía de Azcapotzalco, una madre llevó a sus hijas de quinto y sexto grado uniformadas y peinadas, pero ambas olvidaron su cubrebocas.
Ellas bajaron de un camión y en la entrada recibieron mascarillas tricapa. La mamá consideró que la mejor opción era enviarlas a las clases, aunque dijo que no está del todo segura que las posibilidad de contagio sea mínima, como afirmaron autoridades.
María de Jesús Sánchez cargó las mochilas de Diego y de Christopher, de 10 y 8 años, hasta la entrada de su escuela. Ellos asistieron emocionados y con la urgencia de convivir con sus amigos, aunque con la instrucción de no tocarlos.
La mamá aceptó que es un riesgo y dijo que lo asume, pero señaló que no está del todo segura o tranquila.
“Ahora sí que estamos con la incertidumbre también del contagio, pero yo creo que con las medidas adecuadas vamos a poder pues seguir adelante, más que nada por ellos”, indicó.