Lamentablemente, nuestro Presidente se ha caracterizado por presentar un discurso de rencor hacia las instituciones gubernamentales que lo ha venido acompañando desde hace más de 10 años. Mencionado lo anterior, podemos comprender que demeritar el trabajo gubernamental en cualquier instancia ha sido básicamente su bastión de campaña y seguirá siendo el principal motor de su filosofía “transformadora”.

De manera tal, que, para el ahora Presidente; resulta insignificante y mínima la labor que realizan ciertas dependencias del propio Poder Ejecutivo, como el propio Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación, por el simple hecho de no congeniar con sus intereses partidistas o personales; o  por parte de instituciones externas como lo son los órganos constitucionales autónomos de la talla del Instituto Nacional Electoral; o los propios tribunales mexicanos dependientes de los Poderes Judiciales de las Entidades Federativas, entre muchas otras.

Minimizar las instituciones mencionadas, ha resultado una estrategia adecuada para combatir la fuerza e importancia de las resoluciones que comenzaban a generar cierta autonomía y que, al mismo tiempo, demostraban rectoría en el país; siendo que, esa actitud de desconocimiento, intolerancia y repudio por parte del lopez-obradorismo, encuentra un punto de convergencia al detectar que ninguna de las instituciones atacadas resulta afín a los planes y proyectos del Ejecutivo.

Basta con recordar el último ataque al Instituto Nacional Electoral, bajo el cual pretende minimizar el trabajo de años y pretende dar a conocer que la investidura presidencial debería de fungir como guardián electoral. Olvidando por completo la división de poderes y la importancia de los órganos constitucionales autónomos que han permitido liberar un poco la tensión partidista de los nombramientos estratégicos en las instituciones mexicanas.

Analizando lo anterior, pareciera que el Presidente se encuentra “planchando” o preparando su narrativa, para el caso en que su partido obtenga un resultado desfavorable en las próximas elecciones del 2021. Aunado a que probablemente se encuentra buscando desprestigiar aún más a la institución electoral; siendo así, que sus votantes, simpatizantes y/o fieles, puedan recurrir a seguir bajo el adoctrinamiento de su ideología.

Recordemos que el Presidente jamás ha respetado a la autoridad electoral en sus derrotas, sino que convenencieramente se ha apegado a los fallos y determinaciones de los órganos y juzgados electorales cuando le otorgan el triunfo a su persona, partido y/o aliados. Dicho lo anterior, no me queda más que insistir que Morena y la “Cuarta Transformación” se han convertido en la peor versión, de aquello que juraron combatir.

Habrá que estar muy atentos a las próximas acciones legislativas que provengan del interior de Palacio Nacional o del grupo de legisladores afines al Ejecutivo, ya que estas pudieran desarmar el trabajo democratizador de ciertas instituciones que tanto trabajo ha costado acrecentar y mantener por más de 20 años. Agradezco el favor de su lectura y les deseo un excelente fin de semana.

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