Selene Velasco
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Antes del coronavirus, Nancy Hernández trabajó durante otras epidemias, como la de tuberculosis, VIH e Influenza AH1N1, pero afirma que ninguna la había marcado tanto.
A un año de la pandemia en la CDMX, la enfermera del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER) recuerda experiencias de su labor en 27 años y cuenta cómo ha sobrellevado esta enfermedad que, incluso, alcanzó a su familia.
“Cuando les da, valoran el tiempo, porque esta nueva enfermedad es rápida, progresiva y mortal y los tiempos son oro para que esto no avance. Lo que me ha dejado impactada es que es un virus que no respeta nada ni a nadie”, cuenta.
Nancy comenzó en 1994 con sus primeros pacientes y para 1996 ya atendía a enfermos de tuberculosis. De esa época, recuerda que la enfermedad afectaba más a sectores pobres y vulnerables.
Además de tuberculosis, algunos de sus pacientes también tenían VIH. Entonces la marcaron los comentarios discriminatorios de esa época y comenzó a ayudar emocionalmente tanto a sus colegas como a los enfermos.
Pero para 2009 el escenario cambió, con la llegada de la Influenza AH1N, ya que ella misma padeció la enfermedad, al igual que decenas de colegas la superó y volvió a trabajar.
“No era tan letal, ni tan traumática la partida, de una manera muy rápida, muy progresiva como ahora”, recuerda.
Para ella, el 2020 comenzó con unas vacaciones y, a su regreso, los primeros casos de coronavirus la absorbieron.
“Al principio nadie quería entrar a atender a los pacientes, pero teníamos que verlos”, comenta.
De esta pandemia, a Nancy le queda la imagen de un hospital distinto con plásticos, separaciones y equipos de protección que cada día le dificultan reconocer a sus amigos.
Ahora, al final de cada jornada, afirma que enfrenta junto con sus colegas el agotamiento hasta para bañarse por vivir el sufrimiento propio y ajeno, pero también se sienten motivados para ayudar, con cada vez menor miedo.
Su salud mental tuvo el mayor desafío cuando su hermano y su primo fueron intubados, lo que provocó que, tras su recuperación, aumentaras sus sesiones de tanatología, aromaterapia y risaterapia, con la certeza de que habrán más pandemias.