RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Donald Trump volvió a las andadas y obedeciendo a los estímulos internos, políticos muy suyos en días pasados se lanzó de nuevo contra México ahora amenazando con cobrar aranceles por la no retención de inmigrantes centroamericanos en la frontera mexicana. Con lo anterior Trump sorprendió primeramente a los empresarios y a los funcionarios mexicanos, los cuales estaban seguros que en las próximas semanas ya se aprobaría el TMEC y por lo tanto todo lo que veían era una disposición positiva de Trump, de su gobierno y estaban convencidos que se había brincado la barrera del pleito comercial una vez que se quitaron los aranceles al aluminio y al acero. Había esta certeza del lado mexicano de que todo ya estaba marchando bien y que había que hacer ahora el lobby con los demócratas para resolver la aprobación del TMEC. Pero vino la sorpresa número uno: Trump así es. Cuando le conviene políticamente toma decisiones que a muchos nos parecen irracionales pero que en su caso son racionales en el sentido político que él está manejando. Ahora bien, ¿Por qué nos espantamos o sorprendemos? Porque no se había pensado en esto como una opción y creo que ahí hay una ingenuidad tanto de empresarios como de funcionarios mexicanos que no debería ocurrir otra vez más. Segundo, Trump es capaz de mezclar una cosa con otra, peras con manzanas, él mezcla la parte migratoria con la parte comercial porque le es conveniente, no porque el país esté bajo riesgo, pero a él en lo personal y a su gobierno le conviene. Y la respuesta mexicana mandó un mensaje: No hay plan. No tenemos plan de reacción. López Obrador le envió una carta que se mandó en un mal momento, más bien era el momento de aprovechar los diez días entre el viernes y el 10 de junio, que era cuando dijo Trump que empezaría el cobro de aranceles para hablar primero con funcionarios menores de las diferentes áreas, la secretaría equivalente de Comercio de Estados Unidos, la secretaría de Seguridad Interna, la oficina de Kushner en la Casa Blanca, la secretaría de Relaciones Exteriores americana, para que pudieran hablar de porqué, lo que pasa y el costo que tiene tanto para uno como para otro país y mandar un mensaje muy claro a este nivel primero, para que se permeé hacia arriba. “Si ustedes ponen aranceles nosotros ponemos aranceles; esto va a ser una guerra inútil para ambos pero vamos a actuar con firmeza porque ustedes están provocando esta crisis con nosotros”, dijo AMLO. Creo que ahí faltó saber hacer las cosas para poder irlas llevando, primero, en nivel uno abajo; nivel dos, secretarios y nivel tres, el presidente de México, pero empezamos a la inversa, empezó una carta del presidente de la república que además no decía mucho, quiso dar lecciones de historia que tampoco es correcto. Verdaderamente creo que no era necesario y que como se vio, a Trump no le importó, pues él no tiene valores, no tiene principios, él está usando políticamente el asunto y México cayó en la trampa, ese es el problema, pues no se debió caer en la trampa.

En términos muy teóricos hubo dos rutas en este asunto: Donald Trump tomó el comercio como rehén para querer resolver o que México resolviera una urgencia migratoria, que era otro capítulo y que al final de cuentas así se solucionó momentáneamente. México decidió abrir el diálogo, trabajar en ese sentido y ahí fue el canciller Marcelo Ebrard a Washington a esperar a que lo recibieran, lo cual es una vergüenza que el canciller de México, la undécima o décima economía del mundo, estuvo dispuesto a ir a hacer sala de espera. Pero el tema es: La manera en que el canciller aceptó todos los términos impuestos por Trump para fungir simple y sencillamente como el muro que Trump había prometido a sus compatriotas desde su campaña por la presidencia norteamericana. Ahora México les está haciendo el trabajo a los gringos desde la frontera sur de nuestro país. La Guardia Nacional que había sido creada para combatir a la delincuencia, ahora está haciendo trabajos de migración reteniendo a los migrantes centroamericanos.

En las negociaciones de Ebrard con los funcionarios estadounidenses no fueron en términos de economía y del impacto y de los aranceles o de medidas recíprocas. Las pláticas se centraron en cómo frenar el acceso de centroamericanos por la frontera sur, por los puertos del Golfo de México, así como implementar controles de seguridad para Estados Unidos en territorio mexicano. El tema sobre la mesa fue migración y no comercio, pues migración era el problema. Trump ganó de calle la partida pues además mandó el mensaje de que la solución se dio en los términos y condiciones que él dictó. Y no mintió, pues México aceptó modificar su política migratoria en condiciones de lo que querían los americanos, sólo faltó que AMLO pidiera el ingreso como el estado 51 de Estados Unidos. Sin duda Trump nos tiene de rodillas.